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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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Nuestra tradición
|Las fiestas y el folclor en Colombia
|Javier Ocampo López.
El Ancora Editores, Bogotá, 1985.
En un país como el nuestro, donde los científicos sociales poco o
nada se han preocupado por la cultura popular, considerando que es
tarea de segunda clase, que debe ser dejada a folclorólogos, es ya
un hecho importante que un historiador de la trayectoria de Javier
Ocampo se ocupe de la fiesta y las tradiciones populares.
En el capítulo primero, referido a la teoría del folclor, se
analizan distintas posiciones relacionadas con lo que se ha dado en
llamar la "ciencia del saber popular", posiciones
éstas coincidentes en su mayoría, pero que dejan de lado un aspecto
importante de la cultura popular: ésta no sólo puede definirse por
un conjunto de rasgos específicos sino por oposición a la cultura
dominante.
No cabe hablar de "cultura popular" sino en el
contexto de sociedades estratificadas o sociedades de clases que
establecen categorías contrastantes entre el arte sofisticado, o
falsamente refinado, y las manifestaciones populares. En Colombia,
desde la conquista se estableció la existencia de dos categorías
antagónicas e irreconciliables: una cultura
"blanca", "culta", sofisticada,
de salón y europeizante, patrimonio de la
"élite", y una cultura popular oprimida,
subvalorada, despreciada, sofocada, patrimonio de los indios, los
negros y los mestizos.
Después de un profundo y prolongado contacto con los creadores
populares, no estoy ya tan de acuerdo con algunos de los rasgos
específicos que se atribuyen sin discusión a las manifestaciones
populares: espontaneidad y anonimato, por ejemplo. Si bien es
cierto que los orígenes se pierden en el tiempo, una tradición
vigente, para que siga existiendo, necesita de la presencia de
creadores; estos creadores reciben algunos patrones
pre-estableci-dos pero aportan a su vez elementos que refuerzan la
transmisión de esa tradición. Tradicionalidad no quiere decir todo
aquello que está relegado a un pasado fosilizado y que constituye,
por lo tanto, sólo una supervivencia. La cultura tradicional no es
estática; está siempre emergiendo, desapareciendo y reapareciendo.
Tradición no significa, en manera alguna, la repetición de
secuencias idénticas en períodos diferentes. La cultura popular no
es siempre anónima y producto de la creación colectiva, como
generalmente se la ha estereotipado. En la cultura popular existen
los especialistas y creadores de fama y prestigio; sólo que la
mayoría de las veces este prestigio no trasciende los límites
locales, porque únicamente la cultura dominante tiene sus canales
de transmisión institucionalizados; tiene a su disposición los
medios de comunicación hablados, escritos, visuales; tiene
historiadores, ensayistas y críticos; tiene sus escenarios
(teatros, salas de concierto, auditorios). Lo colectivo en lo
popular hace referencia a que el artista es un poseedor de
cualidades especiales entre otras muchas personas que hacen y
repiten lo mismo que él porque lo aprendieron por transmisión oral
y mecanismos informales. Pero este aprendizaje, a pesar de no ser
institucionalizado, no es tan espontáneo como a simple vista
parece. Creo que hace falta profundizar un poco en el estudio de
los mecanismos de transmisión. Un intérprete de marimba del
Pacífico, por ejemplo, pasa más años de aprendizaje que un músico
de conservatorio, y para llegar a ser un músico completo debe,
además de saber tocar y fabricar los instrumentos, aprender a
dominar los espíritus dueños de la marimba. Don José Torres es un
músico muy conocido en Guapi (Cauca), cuya casa es no sólo fábrica
de instrumentos sino conservatorio de música tradicional. Si los
medios de comunicación divulgaran con la misma intensidad el
trabajo del artista popular, don José debería ser tan conocido como
Rafael Puyana. Creo que ya Lévi-Strauss y otros etnólogos han
demostrado la complejidad y capacidad de abstracción del
pensamiento de "nuestros contemporáneos
primitivos", para seguir pensando que es prelógico todo
aquello que no se ajuste a la lógica aristotélica.
Dejando de lado mis observaciones a la introducción teórica, de ahí
en adelante Javier Ocampo hace un aporte importante en cada uno de
los capítulos.
A pesar de que la fiesta, como lo afirma Ocampo, refleja el sistema
social y la cultura popular de una sociedad, no ha sido
suficientemente estudiada entre nosotros. La fiesta popular
colectiva en Colombia tiene orígenes muy diversos. Las festividades
religiosas católicas traídas por los españoles, y que tenían su
origen en arcaicos ritos precristianos del viejo mundo, se
mezclaron con ceremoniales aborígenes prehispánicos y ritos
seculares africanos. Las fiestas populares han desempeñado un papel
muy importante en la conservación de la tradición, pues si tuvieron
origen remoto en ritos religiosos o se desarrollaron vinculadas a
ellos (situación que en algunos casos, como en los mencionados en
el capítulo "Las fiestas y el folclor religioso",
persiste hasta el presente), ciertas formas festivas son una
verdadera parodia del culto religioso, son decididamente
exteriores a la Iglesia y a la religión, como se expresa en las
fiestas patronales de los asentamientos negros del Pacífico, donde
el nombre del santo patrono es apenas una disculpa para realizar
una fiesta que tiene más rasgos de carnaval pagano que de fiesta
cristiana.
Es interesante la forma didáctica como se desenvuelve cada
capítulo, en el cual se da la delimitación geográfica de cada
región, así como los rasgos generales de ios tipos humanos; los
trajes utilizados en las danzas y en las fiestas; las danzas,
cantos y ritmos; las ferias y fiestas populares, las comidas y las
coplas. Y aunque se notan algunas imprecisiones derivadas de citas
de fuentes secundarias que se toman sin discusión, este libro es un
aporte al conocimiento de nosotros mismos, no sólo en el presente,
sino también porque nos cuenta cómo eran los festejos
mágico-religiosos de nuestros antepasados prehispánicos, con base
en los relatos de los cronistas.
Colombia es y seguirá siendo un país de subculturas regionales.
Cualquier intento de clasificar los hechos folclóricos de otra
manera, casi siempre desemboca en taxonomías similares, pero
considero que ya es tiempo de que pasemos a otro nivel de análisis.
La fiesta tradicional colectiva es un buen tema, pues ella permite
manifestar la elaboración de tradiciones que vienen del pasado,
adaptándolas a los cambios de la sociedad, y es el espacio en el
cual el pueblo puede reafirmar su solidaridad comunitaria,
planteándose, al menos durante el tiempo festivo, en forma
transitoria, un mundo diferente.
GLORIA TRIANA
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