Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 13
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 1987
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 13
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
|

Las figuras de la fauna
 

|El animal en el mundo mítico tairona
|Arme Legast

Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, núm. 33, Bogotá, 1987.

Desde hace varios años la bióloga Anne Legast ha venido explorando el universo faunístico de las culturas prehispánicas colombianas. Su enfoque ha sido el de la identificación taxonómica de la fauna representada en artefactos de oro, tumbaga, roca, hueso, concha y rara vez madera. El primer libro que la autora publicó fue |La fauna en la orfebrería sinú. Este segundo que nos ofrece, seguramente no será el último dentro de ese macroproyecto de clasificar las representaciones faunísticas que conforman la colección del Museo del Oro. Su trabajo se caracteriza por una selección de "culturas arqueológicas" que corresponde a zonas geográficas dentro de las cuales se han encasillado elementos culturales arbitrariamente. Por lo general, éstos carecen de sentido temporal pero, dado el escaso conocimiento arqueológico que se tiene, ello ha permitido que los lotes de piezas coleccionadas por los museos puedan clasificarse dentro de determinadas zonas "culturales", pasando por alto la variación regional. Se cae nuevamente en un planteamiento de homogeneidad cultural falso. Esto se debe a que las colecciones de los museos, casi en su totalidad, no han sido excavadas por los arqueólogos sino por los guaqueros, quienes han vendido estas piezas a intermediarios, perdiéndose así la información de procedencia y, por lo tanto, del contexto del hallazgo. De ahí que los intentos de extraer información sobre "la cultura" de los fabricantes a partir de las maravillosas y atípicas piezas de los museos arqueológicos, es una labor titánica e ingrata. Más aún si no se recurre a la comparación de dicho material con el obtenido mediante excavaciones científicas realizadas en la zona de estudio; ésta, es quizás la principal falla del trabajo de Legast. Ella partió del supuesto de una sincronía del material en un área homogénea que los arqueólogos no han definido espacialmente y que escasamente se conoce desde el punto de vista temporal. Habría sido útil a la autora examinar los resultados de Alden Masón (1931, 1936, 1939), quien ilustra grandes lotes de piezas excavadas sistemáticamente y con una procedencia de fiar, al igual que los trabajos de G. Reichel-Dolmatoff (1954).

La autora les dio mayor importancia a los datos del registro de compras en donde la importación suministrada por los vendedores de piezas (aclárese: intermediarios) desconocen la procedencia del material. Para corregir ese problema de la "información" de los intermediarios, cabe recurrir a la fuente primaria: el guaquero. Santa Marta es una de las ciudades del país con mayor número de personas dedicadas a la actividad de la guaquería y donde algunos son especialistas en ciertas regiones o valles, por lo cual llegan a ser excelentes informantes sobre la distribución espacial de ciertos tipos de piezas. Al considerar la mitología cogui y las reglas de parentesco descritas por Reichel-Dolmatoff (1985), es claro que los tuxes y daxes (especie de clanes femeninos y masculinos) tienen como personaje totémico un animal, y que existe una relación entre éste y una zona geográfica de origen o procedencia. Por supuesto que la distribución geográfica descrita por Reichel no es la misma que la del pasado prehispánico, pero nos ilustra sobre el sentido simbólico y espacial que la fauna mítica pueda tener en cualquier tiempo. Por esa razón es importante llegar a definir la distribución espacial de esos artefactos faunísticos. En el segundo capítulo, la autora establece tres tipos de representaciones en los artefactos, que son:

- Animales pertenecientes a una sola clase: mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces y moluscos.
- Animales de clases diferentes relacionados entre sí: mamíferos y reptiles, mamíferos y aves, aves y reptiles, etc.
- Relaciones entre el ser humano y animales: hombre mamífero, hombre ave, etc.

Posteriormente, la autora examina el comportamiento porcentual de estos tipos de representaciones con respecto al material en que fueron elaborados. De esta manera llega a interesantes conclusiones que pueden ser válidas para los artefactos que no están sujetos a problemas de conservación, como la concha, el hueso y la madera. Por eso la conclusión de que la mayor parte del material de concha y hueso (62%) representa anfibios, puede ser perfectamente válida para el litoral, que es la zona donde mejor se conservan dichos materiales, por ser suelos básicos y secos. Por el contrario, en la parte alta de la sierra este material no se preserva, a causa de la acidez de los suelos. En consecuencia, se ignora cuáles son las representaciones dominantes de esta área. Por otra parte, la autora no establece la relación existente entre la función del artefacto y la representación faunística.

El tercer capítulo es en sí el más útil de su estudio, pues en él describe detalladamente los tipos de representaciones anteriormente mencionadas, entrando a identificar en familias y géneros las representaciones de la fauna. Después la autora cita largos textos de los mitos compilados por Reichel (1985) sobre los coguis, como recurso para explicar el significado que tiene el respectivo animal hoy día, sin trascender la transcripción del texto. Los coguis son descendientes de los cacicazgos que poblaron la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta. Pero no se puede partir de una supuesta atemporalidad del mito cuando ha ocurrido un cambio en el tiempo como consecuencia de la conquista española, la evangelización, el descenso demográfico, la transformación de las reglas de parentesco, etc., variables que actúan sobre la estructura de los mitos. Como bien observa la autora, el murciélago representado en los artefactos, cumplía un papel importante en el pasado, mientras que entre los coguis esta figura desempeña un papel secundario. Esta diferencia muestra lo relativo del problema, a causa del cambio cultural normal que ocurre en cualquier sociedad.

Intentos de relacionar los artefactos arqueológicos con las tradiciones de los coguis habían sido previamente realizados en la Sierra Nevada. Tal vez el primero fue el de Theodor Preuss en su artículo publicado en Berlín (1932) intitulado "Vorlage ei niger Goldsachen aus Kolumbien" ("Muestra de algunos objetos de oro en Colombia"). Este interesante trabajo, al igual que los mitos compilados por Preuss en su principal obra, así como las observaciones de las máscaras, escaparon a la autora del libro que aquí se reseña. Las dificultades que hubo de afrontar Anne Legast fueron las de estudiar un material cultural carente de contexto, como el que está depositado en el Museo del Oro, y de no contar con trabajos arqueológicos que facilitaran su labor. De manera que su aporte es la identificación taxonómica de los animales representados en los artefactos dentro de la tradicional clasificación linneana, la cual es tan arbitraria como la empleada por los indígenas, y que la autora no logra definir. Un claro ejemplo de lo que implican los esquemas de clasificación dentro de la cosmovisión indígena la da el profesor G. Reichel-Dolmatoff, De ahí que la identificación taxonómica de la fauna representada en las piezas prehispánicas sea muy relativa y sugestiva cuando se desconocen los sistemas de clasificación empleados por las comunidades indígenas existentes, y más aún cuando desconocemos las desaparecidas.

AUGUSTO OYUELA CAICEDO