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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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Descentración psicológica
|La descentración biológica del sujeto
|Javier Jaramillo G.
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá,
1987, 64 págs.
Esta publicación de Javier Jaramillo se suma al testimonio, si no
del desarrollo, al menos de la difusión del psicoanálisis en
nuestro medio. Porque si hay un desarrollo, hay que constatar que
este es muy disparejo; en cuanto las respectivas organizaciones
psicoanalíticas y los psicoanalistas todavía son escasos en número
y en órbita de influencia. No obstante, el mismo Freud nunca dejó
de señalar la importancia cultural de lo psicoanalítico, fuera del
estrecho interés médico-terapéutico.
El texto del profesor Jaramillo arranca enmarcando la discusión
sobre la función de las explicaciones biológicas en Sigmund Freud y
en Melanie Klein, dentro de dos problemas más generales, a saber:
el de la dualidad mente-cuerpo (que no ha podido abandonar la
psicología), y el del resquebrajamiento de la unidad de lo mental
que produce el descubrimiento del inconsciente.
Precisamente es respecto a ciertos contenidos del inconsciente que
Freud acude a algunas explicaciones biológicas (o al menos en
términos biológicos). Pero el autor, a través de una serie de citas
comentadas, nos quiere mostrar que en el mismo Freud se abre el
espacio para encontrar una explicación del origen de los
componentes del inconsciente que no recurre a lo biológico sino al
peso que la cultura ejerce sobre la conformación de lo
humano.
No sucede, en cambio, lo mismo en el pensamiento de Melanie Klein,
el cual, al insistir en lo constitucional como el origen primero
del psiquismo, en lugar de abrir, cierra las puertas a la
investigación. Sin embargo, esta crítica es morigerada, por una
parte, con el reconocimiento de que la concepción de las posiciones
esquizoparanoide y maníaco-depresiva tienen en el kleinismo un
carácter más bien estructural. Por otra parte, también se muestra
cómo el pensamiento kleiniano puede suscitar derivaciones teóricas
disímiles. Así, por un lado, las de un Rascovsky sobre el psiquismo
fetal, las cuales se guían por la idea de que lo primero en el
orden de aparición es lo primero en el orden de importancia causal;
por otro lado, las de Arminda Aberastury, quien llega a reconocer
que la familia está implicada en la psicopatología del hijo y que
debe estar involucrada en el tratamiento -mientras que Melanie
Klein desecha la familia para tratar solo con el mundo interno del
niño, o Anna Freud la considera demasiado presente como para
permitir hacer al niño la transferencia necesaria para el
tratamiento.
Para terminar trae a cuento la enseñanza de Jacques Lacan, en la
que se han cambiado los modelos de reflexión y en la que -según el
autor- se plantea como fundamental lo adquirido por medio de la
cultura, y a la familia como esa estructura en la cual se organiza
la vida psíquica.
La anterior es, pues, en síntesis, la exposición que se sigue a lo
largo de los siete capítulos no numerados, pero que en su orden se
titulan: la dualidad alma-cuerpo, lo mental, el sujeto descentrado,
lo biológico en Melanie Klein, la familia, conclusión.
Dicha exposición podría entrar en el género del ensayo, pero
también se acerca al texto didáctico, por cuanto no se ahorran
explicitaciones al tratar temas básicos o al situarlos en la
historia de las ideas.
En cuanto ensayo, este escrito nos entrega esencialmente una
"Lectura" de Freud, la cual nos describe al
pensamiento freudiano como un desprendimiento paulatino del peso
causal del factor orgánico. Tal vez el hecho de que se analice el
contenido literal de las explicaciones freudianas, sin tener en
cuenta el momento ni el propósito que orientaron su formulación,
sea lo que explique por qué se conciba su desarrollo como gradual.
A nuestro modo de ver, los historiales sobre la histeria no
constituyen un simple punto de partida de dicho proceso (véase pág.
25), sino un punto donde se refleja su consumación, un punto de
ruptura. En realidad, desde que a Freud se le plantea la necesidad
de conceptualizar la naturaleza de ese pensar que descubre con su
procedimiento analítico (pensar atribuible al paciente, pero que
éste no puede recordar que le haya pasado alguna vez por su
conciencia, o no puede reconocer como propio), desde ese mismo
momento se genera un resquebrajamiento de la demarcación entre lo
psíquico y lo biológico. En efecto, la idea inconsciente toma cuerpo en un discurso o en un
organismo y adquiere dominio sobre el cuerpo. No otra cosa fue la
resolución del enigma de la histeria, sino el establecimiento de un
orden de causas que corresponde a una entidad que no es
"imaginaria", ficticia o producto de la
simulación, sino una entidad que paradójicamente, a pesar de la
definición médica y "objetiva" que de ella había
dado Charcot, no se dejaba explicar por el factor orgánico.
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Si entendemos las cosas así, el "Proyecto de una
psicología para neurólogos" no sería entonces la expresión
de una añoranza positivista exangüe (véase pág. 27), sino una cabal
obra psicoanalítica. Y en verdad, es posible demostrar cuáles son
los problemas analíticos que animan y determinan sus temas y la
exposición de éstos.
En consecuencia, no es Freud sino Javier Jaramillo quien se libera
paulatinamente de las apariencias del lenguaje biológico. Si bien
éste es un efecto positivo de su argumentación, por otra parte nos
deja creyendo que el pensamiento freudiano, al igual que el
pensamiento psicológico, estuvo durante mucho tiempo enredado en la
dualidad del alma y el cuerpo. Para ser más exactos
distinguiríamos, por un lado, la problemática del objeto
psicoanalítico, y por otro, el lenguaje en el que se refleja dicho
saber o los ideales conscientemente profesados por Freud de
alcanzar un fundamento biológico. Lo que nos muestra Jaramillo es
cómo dicho lenguaje, que no podía ser sino el vigente en aquella
época, es socavado intermitentemente, pero sin advertir que el
agente de la subversión es una nueva problemática. Es decir, el
paso esencial estaba dado desde un comienzo, y no fue dado al
final, como él deja suponer.
Otra dimensión importante de la reflexión de Jaramillo, es su
referencia a Lacan; que se hace sentir desde el título. El primero
considera que es desde la óptica de la cultura como el segundo
adelanta su trabajo, y también parece adoptar la misma óptica para
su ensayo al tratar de mostrar que el freudismo o el kleinismo
pueden ser compatibles con ella. Sin embargo, a nuestro entender,
su articulación no puede hacerse de manera tan armoniosa. Lacan
piensa más bien en una oposición ternaria (alma, cuerpo e
inconsciente) que en la simple dualidad cartesiana. En
"televisión" decía que el sujeto del inconsciente
no toca o afecta al alma sino a través del cuerpo, y a condición de
introducir en éste el pensamiento. Lo que nos indica que Lacan
piensa el alma de manera aristotélica, como esa forma que da unidad
al cuerpo o al individuo, forma que sigue estudiando la psicología,
pero que no es identificable con el inconsciente. Por tanto, el
sujeto del inconsciente es descentración tanto de lo biológico como
de lo psicológico.
En este orden de ideas, la propuesta de Javier Jaramillo, en el
sentido de interpretar que la concepción lacaniana del psiquismo
plantearía como fundamental lo adquirido a través de la cultura y
la familia, parece más bien retornar a una concepción psicológica
donde lo fundamental sería lo vivido en la interacción entre los
individuos (véase pág. 61), o la relación con el mundo exterior. En
otras palabras, se quiere reducir la estructura de un proceso de
humanización a la organización familiar, que al parecer se entiende
fundamentalmente dentro del esquema (este sí muy biológico) de la
relación individuo-medio.
Como se ve entonces,
|La descentración biológica del sujeto toca uno de esos temas que, como la obra misma lo advierte, han
permanecido siempre vivos y despertando polémicas. Creemos que es
un mérito de Javier Jaramillo atizar estas discusiones, pues la
reevaluación moderna de aquellos tal vez nos lleve a descubrir que
ya no son los mismos, en tanto empiezan a repercutir de manera
distinta en nuestro saber.
MAURICIO FERNÁNDEZ ARCILA
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