Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 13
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 1987
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 13
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 Agua Clara. Grupo Cuiba en 1984. El joven de camisa roja formaba parte del grupo de 1969-1970.

 

 Agua Clara. Grupo Cuiba en 1970.

En estas tres películas del setenta, Moser tiene casi como un |Leitmotiv el ir conduciendo los acontecimiento para culminar en una celebración festiva. Mientras los evangélicos extranjeros cantan en su culto, van entrando las imágenes de los barasanas pintándose el cuerpo, y luego el calidoscopio de los tocados de plumas de garza, de oropéndola, de guacamayo, vibrando el ritmo de las maracas y las ajorcas de cascabeles de nueces en los tobillos de los bailarines, un compás y una danza |in crescendo que culmina en la bebida del yagé, y ya transportados por el camino del jaguar chamánico, a oír de los labios viejos y sabios una vez más la historia de todas las cosas.

Para quienes quieran captar más palpablemente la dimensión de lo que ha cambiado en el Vaupés, de todo lo que se ha transformado el mundo indígena en los últimos años, basta comparar algunas de las secuencias del primero y el último de los filmes de Moser en el Vaupés. Este cotejamiento puede también mostrar en buena medida cuánto cambió la manera de hacer documentales del director. Veinte años antes, el primero, plácido y hermoso, se sumerge en la magia de la selva y de sus habitantes. Mientras suenan las flautas de carrizo va transcurriendo la vida de los macunas en la cacería, ya con la cerbatana, ya con el arco, cogiendo los productos de la chagra, construyendo las malocas o atendiendo a los recién nacidos en el agua; abriendo una canoa con fuego, preparando la coca, ese laborioso proceso que va desde arrancar una a una las hojas de la mata, tostarlas en el budare de cerámica, mezclarlas con ceniza de hoja de guarumo, pilarlas y luego cernerlas hasta obtener el fino polvo verde que constituye uno de los principales vehículos de comunicación entre los hombres del noroeste amazónico: un indígena no puede concebir una conversación de alguna seriedad sin brindar a su interlocutor una bocanada de lo que desde sus mejillas destila una sutil sensación de euforia, bienestar y fortaleza. No menos complejo es el procesamiento de la yuca brava, que supone sucesivas operaciones de pelado, rayado, cernido y amasado hasta obtener las sabrosas tortas de casabe, la granulada fariña, o las bebidas como la caguana o la manicuera, alimentos éstos ya desprovistos del mortal ácido prúsico que hace del tubérculo crudo un veneno fulminante.

 Dibujo de un indio Barasana que representa la primera danza del mundo. Pira-Paraná. Tomado de el Chamán y el Jaguar, G. Reichel Dolmatoff.

Y claro, ya desde este primer viaje a las selvas de los hombres para quienes sus chamanes y el tigre son uno solo, Moser se deja cautivar, y quién no, por aquel ritual milenario que comienza cuando se desciende la caja sagrada de las plumas, el chamán sopla las cabezas y minuciosamente los hombres se pintan, se adornan y danzan, primero ellos solos y después con sus mujeres, tejiendo las más variadas formaciones que constituyen preludio y marco del concilio de los viejos, quienes, sentados en los bancos chamánicos, a un lado de la puerta de la maloca, durante horas se abocan a las recitaciones míticas, soporte y sustento espiritual de la existencia del grupo.

En la película del ochenta, en cambio, aparecen los indígenas con ropas occidentales, en casas familiares y dedicados a cultivar la hoja de coca para pagar el endeude con el comprador, quien les adelanta telas, grabadoras, motores, escopetas, gasolina. . . Sin embargo, hablando ante la cámara, los indígenas afirman que ellos siembran y venden la hoja para que los forasteros no lleguen a hacerlo a su territorio, que el dinero les sirve pero que no deben comprar tantas grabadoras y mercancías que atenían contra su cultura. Pero otra cosa es lo que muestra la filmación.

Además de la temática de sus películas, merece destacarse la forma en que Moser las realiza: con un equipo técnico y humano mínimo: un antropólogo, un camarógrafo, un sonidista y él mismo, cuatro personas, interfiere lo menos posible en la cotidianidad de los lugares en los que filma, logrando esa espontaneidad, característica capital de sus trabajos. Esto, más su criterio de lograr la mayor cantidad de tomas naturales directas, dan una garantía de veracidad, la cual no obsta para acomodar también pasajes cargados de lirismo y belleza.

Conocidas en los círculos especializados, estas realizaciones deberían tener mayor difusión, lo cual no es difícil, ya que se encuentran en el Instituto Colombiano de Antropología, en donde, mediante solicitud previa, se efectúan proyecciones para grupos. Se encuentran allí también otras realizaciones del mismo director sobre otros países y material fílmico de diversos temas antropológicos.

 Dibujo de un indio Barasana que representa la imagen alucinatoria del primer poblamiento del mundo Pira-Paraná. Tomado de El Chamán y el Jaguar, G. Reichel Dolmatoff.