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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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El mundo de Olafo y Mafalda
La historieta y su historia.
Felipe Ossa.
Editorial La Rosa, Bogotá, 1986, 160 págs.
Creo entender que es éste una especie de libro bandera de la
editorial La Rosa: la demostración de que aquí es posible concebir,
editar y vender cierto tipo de obras especializadas, con
irreprochable nivel de calidad en su factura. El libro, en efecto,
con excelente papel, cubierta llamativa y un autor de reconocidos
méritos, parece prometerlo todo. De ahí la inesperada sorpresa ante
lo desmañado del producto, al menos en cuanto a edición se refiere.
La profusión de erratas nos remite sin piedad a algunos ejemplos
que parecían insuperables (las recientes publicaciones de
Colcultura, de dudosa memoria). Estas erratas son de muchos
pelajes: fallas tipográficas, repetición de renglones y párrafos
enteros, omisión de otros. Leyendas de pie de foto equivocadas,
imágenes trocadas. Las mismas ilustraciones, cuya corrección
debería suponerse obvia, fallan más de una vez en impresión o
diagramación, y hasta en la misma elección de los motivos. Algo
más, así sea -y lo es- un defecto menor: ¿Por qué endilgarnos una
viñeta de Olafo hablando en
|balloons alemanes, o un Rip
Kirby en escandinavo? Somos cultos, pero no tanto. Y el curioso de
los
|comics quiere saberlo todo. . .
Hasta el mismo texto de Felipe Ossa -viejo e insospechable catador
de historietas- parece contagiarse de esos descuidos. Con alguna
frecuencia sentimos, al leerlo, que estamos frente a borradores aún
imprecisos, un poco a la manera de las fichas que un estudioso (y
Ossa lo es) acumula para una posterior elaboración. No sé si me
equivoco, pero sospecho que hay allí páginas que el autor retomó de
sus notas de prensa, escritas a vuelapluma, sin tomarse excesivo
empeño en verterlas al lenguaje más exigente del libro. La visión
general, en fin, es la de un trabajo apresurado, en todos los
órdenes. ¿Un esfuerzo perdido? Claro que no.
Hasta ahora he mencionado, quizá con exceso, los defectos de la
obra. Esto no excluye sus méritos. ¿Cuáles son ellos? Son todo lo
demás, y no es poco. En este medio nuestro, solemne y acartonado,
Ossa esgrime la bandera de los
|comics con asombroso alarde
de conocimiento que no excluye -ni más faltaba- su amor profundo
por el género. Un amor esencial, me atrevo a decir, que está más
allá de las teorías académicas, aunque no las niegue. Un amor
verdadero. Matelart, Eco, Metz existen. También los innumerables
sociólogos, lingüistas, politólogos, luhanianos de todos los
colores. Ellos nos explican las argucias de los
|comics, los
peligros de su lectura, su ubicación exacta dentro del complejo
mundo de los
|mass media. Hay quienes los estudian con el
interés de un entomólogo, o la minuciosidad de un taxidermista. Más
de uno los ha leído y los lee para poder razonar que los desprecia. Está bien que existan
estos señores, porque la vida es cosa seria, y está llena de
tratados, tesis de grado y páginas editoriales. Pero atrás de ellos
está lo que de veras motiva los desvelos de Felipe Ossa y sus
escasos compinches: la alegre vitalidad de don Pancho (el
legítimo), la magia de Mandrake, los
|sandwichs de Lorenzo,
las angustias escolares de Patty Pimienta, los tesoros que guarda
la Cueva de la Calavera. Los
|comics -ya se ha dicho- no son,
aunque lo parezcan, una lectura para niños. Pero fuimos niños
cuando aprendimos a amarlos los que los amamos. De esa magia
primera nace todo lo demás. Ni los libros más sesudos nos la pueden
marchitar. Los
|comics son -también- la posibilidad de la
dicha.
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El libro de Ossa puede servir para muchas cosas útiles como -valga
el ejemplo- acumular polvo en los anaqueles de las bibliotecas
universitarias. Pero alguna vez estará en manos apropiadas, y cabe
incluso la posibilidad de que alguien, mirándolo u hojeándolo,
comprenda de pronto el valor de aquello que siempre había
desdeñado. Un solo converso vale por centenares de paganos, por
miles de indiferentes. Y además, todo converso es un apóstol en
potencia, un creador de cofrades. Quizá algún día las librerías
colombianas (como las de Brasil, Argentina, México, Estados Unidos
y la vieja Europa) nos abran las puertas del vasto mundo de las
historietas. Ese mundo edénico en donde conviven Valentina y
Mafalda, y en donde se dan la mano las aventuras de Tintín y las
fantásticas maquinaciones de Moebius. Ese mundo, en suma, donde la
|nostalgia books y las naves del futuro nos ofrecen un
alimento que hoy entre nosotros, como el caviar o la leche de la
mujer amada, sólo se brinda por acaso en cenáculos oscuros.
Mientras el día llega, podemos esperar que Felipe Ossa, tal como lo
promete en su libro, repita la dosis. Y también podemos esperar,
con algo de fe, que lo editen bien.
ELKIN OBREGÓN
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