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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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Poco para la historia
Poblamiento y urbanismo colonial en Santander
Ángela I. Guzmán
Universidad Nacional, Bogotá, 1987,236 págs.
En gran parte, el desarrollo de la historia económica se ha
concebido en Colombia como historia agraria. Con esto se ha
descuidado un punto de partida urbano, es decir, una perspectiva
que en lugar de proceder desde una periferia a un centro, se
encamine del centro hacia su periferia rural. Y los historiadores
resultan incapaces de responder a las preguntas que suelen formular
urbanistas o planificadores urbanos. Si no existe una historia
propiamente urbana, debería existir al menos alguna manera de
identificar problemas válidos desde una y otra perspectiva.
El trabajo de la profesora Ángela I. de Guzmán forma parte de la
incursión de una planificadora urbana en los terrenos de la
historia urbana. Este trabajo podría sumarse a otros que han sido
escritos también desde una perspectiva regional. Sin embargo, la
autora no muestra ninguna inclinación por las analogías ni por las
comparaciones. Se propone estudiar el proceso de configuración de
diez pueblos en la región central de Santander. Para ello recoge y
acumula información de archivos que le parece pertinente, a partir
de las encomiendas otorgadas en Vélez y Pamplona en el siglo XVI.
Describe la aparición de distintas categorías de poblamientos a
partir de una denominación jurídica que los jerarquiza: pueblos de
indios, parroquias, villas y ciudades. Se detiene luego a señalar,
en cada uno, ciertos rasgos como los de la población (blanca, india
o mestiza), resguardos indígenas y ejidos urbanos, equipamiento
urbano (cárceles, iglesia, enlosados, etc.). Finalmente, amontona
un poco más de datos para el siglo XIX. A lo largo del estudio se
nos invita a ver una evolución lineal característica en cada siglo:
dominio de la encomienda y del pueblo de indios en el siglo XVI,
aparición de parroquias de "blancos" en el siglo
XVII, creación y consolidación de una red urbana en el siglo XVIII
y funcionamiento de esta red urbana en el siglo XIX.
Este esquema está ahogado en el libro por datos muchas veces
iterativos, por observaciones casuales y por curiosas citas
documentales que la autora recorta sistemáticamente con puntos
suspensivos hasta convertirlas en algo absolutamente
incoherente.
En apariencia, el estudio simultáneo de diez poblaciones, en vez de
una ciudad aislada, debería darnos la visión de un complejo
regional, o las claves de conformación de una red urbana. Pero la
autora se limita a utilizar una jerarquía formal entre ciudades,
villas, parroquias y pueblos de indios y a inventariar, también
formalmente, aquellos elementos que se van agregando a un
equipamiento urbano. Obviamente, el complejo urbano regional debe
abarcar en su estudio mucho más que esto. Aun las distinciones
jurídicas o los elementos que se agregan deben traducir una red de
relaciones concretas. De lo contrario, da lo mismo que se estudien
dos, cinco, veinte o simplemente una población.
Las ciudades españolas tenían un carácter patrimonial que repelía
toda noción de red urbana. Cada fundación buscaba la explotación de
unos recursos que se repartían mediante privilegios
institucionalizados (repartimientos, por ejemplo, entre los que se
contaban la encomienda y las mercedes de tierra). Esto explica la
resistencia de los viejos centros urbanos a la aparición de otros
que podían escapar a su jurisdicción. Para ello bastaba que
obtuvieran los privilegios anexos a la calidad de ciudades y
villas. La abolición o la transformación radical de este esquema
patrimonial fue muy tardía y en muchas regiones la promoción de
ciertos poblamientos no se realizó hasta el período
republicano.
Con respecto a estos patrones, la situación de los poblados de la
región central de Santander fue excepcional desde el siglo XVII.
Allí, las jerarquías formales cedieron desde muy temprano ante la
fuerza de las relaciones materiales. ¿Cómo ocurrió este proceso?
¿Por qué una mera parroquia en sus orígenes (y aun algunos pueblos
de indios), como el Socorro, reemplazó la centralidad de viejos
centros privilegiados en el reparto de los recursos como Vélez y
Pamplona? Estas preguntas sobre las jerarquías urbanas pueden
asociarse a otras de carácter político. Por ejemplo, ¿qué hizo que,
dentro de las rígidas jerarquías sociales coloniales, la misma
región central de Santander apareciera como más democrática, con
estructuras agrarias más igualitarias y con una actividad
manufacturera importante? Son éstas las características que J. L.
Phelan colocaba en la base de sus análisis sobre la revolución
comunera y que distinguían a Santander de las regiones
vecinas.
Por eso, la originalidad del proceso de urbanización de Santander
sólo puede comprenderse a cabalidad si se lo confronta con otros
modelos de poblamiento y urbanización, en el Valle del Cauca, en la
costa caribe o en el altiplano cundiboyacense. Tomemos, por
ejemplo, el caso de Tunja como piedra de toque:
1. Tunja, como poco después Vélez y Pamplona, debió cumplir una
función política durante el siglo XVI en los repartimientos del
botín de la conquista. Primero las encomiendas y luego las mercedes
de tierras, le confirieron una primacía política como albergue de
encomenderos y como asiento de un cabildo que otorgaba mercedes. A
diferencia de Tunja, que conservó este primado político como cabeza
de un enorme corregimiento, Pamplona y Vélez se vieron privadas de
una parte de su jurisdicción con la aparición de otras villas en el
curso del siglo XVII: San Gil, Girón y Socorro.
2. La presencia de una población indígena abundante servía para
subrayar cierto carácter señorial de los centros urbanos. Las
explotaciones auríferas de Pamplona y de Vélez redujeron muy pronto
una población indígena relativamente escasa y permitieron la
aparición de villas rivales que sustentaban su desarrollo en las
actividades de labradores y artesanos. Contra el carácter
patrimonial de viejas ciudades de españoles como Tunja, Vélez y
Pamplona, la villa de labradores presenta un carácter aldeano muy
similar al de los pueblos mestizados que se convierten en
parroquias a finales del siglo XVIII.
3. La constitución de una red urbana temprana en el centro de
Santander debe verse como la aparición de un modelo sustitutivo de
la sujeción de los pueblos de indios a las necesidades de mano de
obra de encomenderos y propietarios que residían en la ciudad de
españoles y desde allí ejercían un poder sobre el entorno
rural.
Comparaciones análogas pueden hacerse con otras regiones de la
Nueva Granada. Infortunadamente, parece ser que, en cuanto un
planificador urbano encara un problema histórico, no se siente en
la obligación de enterarse de los antecedentes de su problema en
las disciplinas históricas. O de aclarar términos y situaciones que
no le son familiares. Por ejemplo, la autora afirma (pág. 58) qué
"la fragmentación de las tierras fue posible mediante las
composiciones". En realidad, ha debido decir exactamente
lo contrario, a saber, que las composiciones con la corona
legitimaron usurpaciones de grandes extensiones de tierra. Si esto
no fue así en Santander, la autora ha debido hacer un esfuerzo por
identificar las razones de la diferencia. Podrían señalarse muchos
ejemplos, dentro del texto, de incoherencias y de mala comprensión
de conceptos históricos.
Una de las dificultades que encaran las monografías no
profesionales consiste en que los autores se sienten obligados a
conciliar los lugares comunes de la historiografía tradicional con
un acervo documental que debe encararse con hipótesis radicalmente
diferentes. Por ejemplo, la planifica-dora avanza tímidamente (pág.
11): "parece, entonces, que los españoles llegados a la
región tenían en mente la colonización, más que el rápido
enriquecimiento y la vida parasitaria". Si esto es una
explicación última del fenómeno santandereano, resulta ser la más
banal y resobada de todas.
Este libro, que adolece de ingenuidades, de errores sintácticos y
de una ortografía desastrosa, forma parte, infortunadamente, de una
de las series publicadas por la Universidad Nacional. Como trabajo
de un historiador principiante no puede decirse que sea enteramente
inútil, pues alcanza a sugerir el carácter peculiar de la
urbanización santandereana. Debería también servir para convencer a
los historiadores de ocuparse seriamente en la historia urbana
colombiana.
GERMÁN COLMENARES
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