Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 13
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 1987
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 13
Consulte y lea en línea libros completos, textos, revistas, imágenes y páginas interactivas sobre temas relacionados con Colombia.

|
|


Un manual para la prensa nueva
 

La Nueva Prensa
Dos tomos que recogen la experiencia de la prensa como proyecto político en un país con una democracia que aprende a caminar apenas.

Colombia tuvo entre 1961 y 1963 una de las experiencias periodísticas más importantes, cuando una generación de pensadores y periodistas sacaron y mantuvieron una revista llamada La Nueva Prensa. En 1963, ante las sempiternas dificultades económicas, debió convertirse durante cuatro meses en periódico vespertino. La compilación hecha en dos tomos de un libro, por su director Alberto Zalamea, y publicada ahora, reviste todo interés para las nuevas generaciones de periodistas, de políticos y de científicos, como una publicación comprometida con el debate de las ideas, con alentar la democracia a punta de informar sobre la evolución de otros países y otros personajes, siempre en relación con los nuevos aires que soplaban por ese decenio del 60 en el país. No se trata pues, tan sólo de un buen archivo de colaboradores brillantes, sino, y antes que todo, de un recuento fiel de la vitalidad ideológica de esos años y de esa publicación: es una breve historia de Colombia hecha al trasluz de La Nueva Prensa, que plantea por primera vez la premisa de periodismo libre pero responsable.

Es notorio constatar en la lectura de |La Nueva Prensa 25 años después, la permanencia de los mismos problemas nacionales pero la diferencia de la generación, en esos momentos entre los 30 y los 45 años, que llegaba al poder con una gran ilusión, la cual contrasta cruelmente con el escepticismo y la apatía de hoy, presentes en la forma como se hace periodismo en la actualidad. Por entonces se descubría con pasión que la prensa era un servicio de interés público, mientras que ahora se rebasa ese concepto por uno de interés particular, de provecho personal, que prima sobre unas pocas y honrosas excepciones. De allí que la calidad estilística y conceptual de los apartes reproducidos por los dos tomos sea, a la hora actual, inusual para el común de la prensa. Aunque cuenta en sus plantas de redacción con muchos más "periodistas profesionales", ellos tienen mucho menos de mística y de conocimientos previos sobre los temas que tocan, que esa generación de intelectuales que asumieron su tarea en la prensa como una militancia política por la democracia y la libertad.

La Nueva Prensa no fue un caso aislado, porque la antecedieron tribunas como Semana, Sábado y Mito, entre otras, con el factor común de las dificultades económicas, de su sostenimiento sobre los hombros de altruistas que tomaban aquello como una causa, y la convocatoria en torno suyo de talentos literarios, científicos y filosóficos ante el reto de crear un país pensante, reflexivo. Todo lo cual se ve lejano a partir de la lectura de esta compilación. No podría reconocerse una generación similar contemporánea, porque los actuales periodistas independientes con gran poder de influencia actúan en nombre propio, desde "trincheras" que son sus columnas o sus espacios dentro de medios de comunicación, pero no revisten un tono colectivo y menos aún forman una empresa ideológica, como se hacía en tiempos de La Nueva Prensa.

Este proyecto periodístico concluyó tras varios intentos de accionistas generosos e inquietos intelectuales por refinanciar la publicación y, no obstante haber alcanzado la cifra, sin precedentes para la época, de catorce mil subscriptores fieles, todos los expedicionarios de La Nueva Prensa se vieron de pronto lanzados a la política, aunque muchos, según dice Alberto Zalamea, no tenían temperamento para ello.

Quedó latiendo en unos y otros lo que fuera su principio fundamental, rescatable para estos días de esterilidad intelectual: "Conscientes de la responsabilidad que las sociedades modernas han delegado en el periodista, buscamos discernir entre la verdad y el error, tratamos de acopiar la mayor cantidad de datos disponibles y, a veces, de analizarlos, advirtiendo entonces de nuestro empeño, pero no creemos que nos corresponda pensar por los lectores".

Comenta el mismo director Zalamea que, en el intento de dar oportunidad de información a todos los grupos por igual, enfrentaron los prejuicios creados en los lectores por la gran prensa. Ellos estaban acostumbrados a que se les ofreciera una sola línea de pensamiento y gustaban de encontrar sólo aquello con lo cual se hallaban de acuerdo. Fue toda una tarea crear el hábito de la libertad de pensamiento y el respeto a las ideas ajenas. Apenas en plena reconstrucción de la nación a partir de la violencia del 48, toma como bandera al existencialista francés Albert Camus acerca de la violencia como la obstaculización del diálogo.

Y es que es una época de renovación de las ideas y de batalla entre ellas. Pío IX pronostica que el liberalismo engendra el socialismo; la Iglesia católica va a volcarse, ecuménica, sobre ideas modernas en el Concilio Vaticano II; Nehrú se enfrenta al fanatismo de su pueblo hindú; quedan las secuelas del fascismo español; el papel de la Iglesia comprometida con la derecha en el Opus Dei; se debate sobre ejército, sus objetivos de defensa de la soberanía nacional, y los problemas de la incipiente contraguerrilla; la violencia se vuelve un concepto político de impunidad y debilitamiento de la autoridad del Estado; dos militares cumplen dos misiones distintas pero igualmente importantes: Álvaro Valencia Tovar acomete la primera campaña de reestablecimiento del orden público en el territorio de Vichada, y Alberto Ruiz Novoa convoca un Movimiento Democrático Nacional, al cual hasta la misma revista La Nueva Prensa se lanza a apoyar. Es el tiempo del Frente Nacional, pacto generoso pero errado, porque se basa en el pasado y no en el futuro; de la oposición a la anarquía que ha quedado de la renovación presidencial mediante la alternación; de Camilo Torres y la rebeldía de los curas. . . y mucho más en este calidoscopio de hechos e ideas.

Lo más trascendental, sin duda, fue la publicación masiva, en esa revista y en su antecesora, Semana, del ambicioso estudio de Indalecio Liévano Aguirre |Grandes conflictos sociales de nuestra historia; en el cual por primera vez se miraba a la patria y a sus protagonistas con otros ojos, más contemporáneos y menos solemnes, y la de |Grandes movimientos espirituales de Occidente, donde quedan reunidos aquellos hitos que voltearon las épocas a través de nuevas comprensiones sociales. Siempre en uno y otro flotan la seriedad y la responsabilidad de estos periodistas de La Nueva Prensa que tomaban su trabajo como una tarea intelectual.

ANA MARÍA CANO