Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 13
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 1987
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 13
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El autor aduce, es cierto, la intención de Mann al escribir la novela, surgida de un episodio de la vida de Goethe, que inspirara su célebre |Elegía de Marienbad, pero desdeña la comparación entre el protagonista, un gran escritor también, y el genio del romanticismo alemán, para refugiarse en vastos psicoanálisis, salvo en alguna mención de una escena relacionada con el culto solar, que ya practicara Kepler y que reinventara Goethe.

Y es que Gómez desestima, casi por completo, a los personajes que dieron vida al protagonista. Cabía penetrar, siquiera un tanto, en lo que pudo aportar la figura -cada día más interesante y actual- del compositor Gustav Mahler. Sin embargo, no lo hace. O pasar, al menos sumariamente, sobre las repercusiones fílmicas de la obra, en la cámara, maravillosamente fiel al relato, de Visconti. Por el contrario, se hace una larga renarración de evidencias: ambigüedad sexual de los protagonistas, por ejemplo. Rescataré dos muy notables:

Dice Mann: "Era, sin duda, una madre la que legislaba todo aquello". Explicación: "En cuanto al verbo legislar, indica dictaminar desde arriba, imponer normas".

O esta otra, que huele a diccionario:

Dice |La Muerte en Venecia: "Era la sonrisa de Narciso inclinado sobre el espejo de las aguas, la larga sonrisa profunda y encantada de éste cuando tiende los brazos al reflejo de su propia belleza". Interpretación: "Tadzio es un Narciso moderno que, como el divino efebo hijo del río Cefiso y la ninfa Lidiope, está enamorado de su propia imagen y, por tanto, no puede amar a otro realmente".

Recurre, sin embargo, a sentencias notables acerca de Mann y de su obra: "una historia sobre el deleite de la decadencia" o recuerda su "asombrosa maestría para manejar con discreción y delicadeza las situaciones más truculentas", rasgo que no puede dejar de rememorar la figura de Goethe.

Es preciso, pues, para un adecuado balance crítico, como lo pretende el autor, haber "padecido" la obra en su desarrollo interno, comprobando sus posibilidades, mediatas o analógicas, mediante "la descripción semidistanciada de sus imágenes más condensadas y significativas", contra la "crítica que mira desde arriba y desfigura arbitrariamente, mediante "opiniones", crítica de carácter parasitario, desarrollo y comentario de temas preexistentes y obligatorios "al servicio de la reacción". Es, me parece, la paradójica proscripción de la opinión, de parte de quienes más la reivindican.

Reclama también la asesoría del psicoanálisis, del marxismo y, en general, "de las tendencias filosóficas más objetivas".

Pretende, por otra parte, hacer aflorar las principales propensiones, "los posibles desarrollos laterales del sentido, que no están entre líneas, pero que pueden ser deducidos legítimamente", tarea que hasta la exasperación intentaron los cabalistas con los textos sagrados, y que Joyce pretendió que se ejerciera sempiternamente sobre su obra.

Un tercer ensayo, prólogo a la ya mencionada obra de Estanislao Zuleta, reclama la originalidad y universalidad de un método: la síntesis entre marxismo y psicoanálisis, en el campo de la crítica. Respetable reivindicación. Transcribe, en apoyo, largos pasajes del ensayo primigenio de la tesis, "Marxismo y psicoanálisis" (revista Estrategia, enero de 1974).

"Todo sistema que se cree completo se convierte en una opresión", señaló Sartre. El método criollo es un intento lúcido por destiranizarse de dos sistemas pretensiosos, fundiéndolos en uno. Se trata de rechazar moldes, como aquel de "escritor burgués" que le endilgó Gyórgy Luckács a Thomas Mann. Con acierto y sin mayores comentarios, Gómez trae a colación una sentencia de Sartre, análogamente aplicable: "Válery es un intelectual pequeño burgués, no cabe la menor duda. Pero no todo intelectual pequeño burgués es Válery".

Y viene una justificación de la obra de Zuleta, tan sorprendente para nuestro medio: "La obra de Mann apenas se ha investigado seriamente, incluso en Alemania". Recuérdese que Gómez estudió en Alemania Democrática.

Merece destacarse la lectura crítica, en un cuarto ensayo, de esa novela "densa y hermética" que es |El castillo de Kafka, "la desesperación más radical que conoce la novela moderna", en un fondo psicoanalítico de la relación entre Kafka y su padre; y la recreación del castillo intemporal, con el descubrimiento magnífico de que la autoridad es producto de la aquiescencia y de la sumisión; y de lo chocante del carácter "engorrosamente formal y vegetativo" de las autoridades; de la lucha entre el hombre y los mitos alienantes de la colectividad -los |idola foride Bacon y de Carlos Arturo Torres- y la persuasión de que las mismas víctimas se crean sus verdugos; así como el alcance social concreto de la novela, que bien puede resumirse en la frase de Marx que, siguiendo el juego de los retruécanos, semeja la de Sartre acerca de Válery: "no hay súbditos porque hay reyes, sino que hay reyes porque hay súbditos".

LUIS H. ARISTIZABAL