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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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El autor aduce, es cierto, la intención de Mann al escribir la
novela, surgida de un episodio de la vida de Goethe, que inspirara
su célebre
|Elegía de Marienbad, pero desdeña la comparación
entre el protagonista, un gran escritor también, y el genio del
romanticismo alemán, para refugiarse en vastos psicoanálisis, salvo
en alguna mención de una escena relacionada con el culto solar, que
ya practicara Kepler y que reinventara Goethe.
Y es que Gómez desestima, casi por completo, a los personajes que
dieron vida al protagonista. Cabía penetrar, siquiera un tanto, en
lo que pudo aportar la figura -cada día más interesante y actual-
del compositor Gustav Mahler. Sin embargo, no lo hace. O pasar, al
menos sumariamente, sobre las repercusiones fílmicas de la obra, en
la cámara, maravillosamente fiel al relato, de Visconti. Por el
contrario, se hace una larga renarración de evidencias: ambigüedad
sexual de los protagonistas, por ejemplo. Rescataré dos muy
notables:
Dice Mann: "Era, sin duda, una madre la que legislaba todo
aquello". Explicación: "En cuanto al verbo
legislar, indica dictaminar desde arriba, imponer
normas".
O esta otra, que huele a diccionario:
Dice
|La Muerte en Venecia: "Era la sonrisa de
Narciso inclinado sobre el espejo de las aguas, la larga sonrisa
profunda y encantada de éste cuando tiende los brazos al reflejo de
su propia belleza". Interpretación: "Tadzio es un
Narciso moderno que, como el divino efebo hijo del río Cefiso y la
ninfa Lidiope, está enamorado de su propia imagen y, por tanto, no
puede amar a otro realmente".
Recurre, sin embargo, a sentencias notables acerca de Mann y de su
obra: "una historia sobre el deleite de la
decadencia" o recuerda su "asombrosa maestría
para manejar con discreción y delicadeza las situaciones más
truculentas", rasgo que no puede dejar de rememorar la
figura de Goethe.
Es preciso, pues, para un adecuado balance crítico, como lo
pretende el autor, haber "padecido" la obra en su
desarrollo interno, comprobando sus posibilidades, mediatas o
analógicas, mediante "la descripción semidistanciada de
sus imágenes más condensadas y significativas", contra la
"crítica que mira desde arriba y desfigura
arbitrariamente, mediante "opiniones", crítica de
carácter parasitario, desarrollo y comentario de temas
preexistentes y obligatorios "al servicio de la
reacción". Es, me parece, la paradójica proscripción de la
opinión, de parte de quienes más la reivindican.
Reclama también la asesoría del psicoanálisis, del marxismo y, en
general, "de las tendencias filosóficas más
objetivas".
Pretende, por otra parte, hacer aflorar las principales
propensiones, "los posibles desarrollos laterales del
sentido, que no están entre líneas, pero que pueden ser deducidos
legítimamente", tarea que hasta la exasperación intentaron
los cabalistas con los textos sagrados, y que Joyce pretendió que
se ejerciera sempiternamente sobre su obra.
Un tercer ensayo, prólogo a la ya mencionada obra de Estanislao
Zuleta, reclama la originalidad y universalidad de un método: la
síntesis entre marxismo y psicoanálisis, en el campo de la crítica.
Respetable reivindicación. Transcribe, en apoyo, largos pasajes del
ensayo primigenio de la tesis, "Marxismo y
psicoanálisis" (revista Estrategia, enero de 1974).
"Todo sistema que se cree completo se convierte en una
opresión", señaló Sartre. El método criollo es un intento
lúcido por destiranizarse de dos sistemas pretensiosos,
fundiéndolos en uno. Se trata de rechazar moldes, como aquel de
"escritor burgués" que le endilgó Gyórgy Luckács
a Thomas Mann. Con acierto y sin mayores comentarios, Gómez trae a
colación una sentencia de Sartre, análogamente aplicable:
"Válery es un intelectual pequeño burgués, no cabe la
menor duda. Pero no todo intelectual pequeño burgués es
Válery".
Y viene una justificación de la obra de Zuleta, tan sorprendente
para nuestro medio: "La obra de Mann apenas se ha
investigado seriamente, incluso en Alemania". Recuérdese
que Gómez estudió en Alemania Democrática.
Merece destacarse la lectura crítica, en un cuarto ensayo, de esa
novela "densa y hermética" que es
|El
castillo de Kafka, "la desesperación más radical que
conoce la novela moderna", en un fondo psicoanalítico de
la relación entre Kafka y su padre; y la recreación del castillo
intemporal, con el descubrimiento magnífico de que la autoridad es
producto de la aquiescencia y de la sumisión; y de lo chocante del
carácter "engorrosamente formal y vegetativo" de
las autoridades; de la lucha entre el hombre y los mitos alienantes
de la colectividad -los
|idola foride Bacon y de Carlos
Arturo Torres- y la persuasión de que las mismas víctimas se crean
sus verdugos; así como el alcance social concreto de la novela, que
bien puede resumirse en la frase de Marx que, siguiendo el juego de
los retruécanos, semeja la de Sartre acerca de Válery: "no
hay súbditos porque hay reyes, sino que hay reyes porque hay
súbditos".
LUIS H. ARISTIZABAL
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