Ficha bibliográfica
Titulo: BOLETÍN CULTURAL Y BIBLIOGRÁFICO No. 13
Autores: BLAA
Edición original: Biblioteca Luis Ángel Arango 1987
Edición en la biblioteca virtual: 2006
Notas: Boletín cultural y bibliográfico No. 13
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Un método crítico, crítico
 

Ensayos de crítica interpretativa. T. Mann, M. Proust, F. Kafka.
Eduardo Gómez

Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1987.

En una obra como ésta, que ha sido avalada por la Universidad de los Andes, es preciso indagar por difíciles novedades, presagiadas por el título. ¿Queda algo por decir acerca de Mann, Proust o Kafka? Seguramente sí. Pero en este caso, las menciones pretenden ser simples ejemplos al desarrollo de un método crítico.

El libro de Eduardo Gómez es, en alguna medida, una recreación o una extensión de la obra de Estanislao Zuleta |Thomas Mann, La montaña mágica y la llanura prosaica, rótulo sugeridor de singulares perspectivas.


Un primer ensayo abre apenas la cortina sobre Proust y sobre Mann, añadiendo una mirada a la literatura latinoamericana.

De Marcel Proust hace resaltar las relaciones con la madre, su incapacidad para ganar dinero, sus contactos con Nietzsche y con Freud -al que parece no haber llegado a estudiar-, y su repudio intenso de la inteligencia y del pensamiento como facultad cerebral: "Sólo la impresión, por débil que parezca su materia y por inverosímil su rastro, es un criterio de verdad", dijo el novelista francés, en el lenguaje de Bergson -no lo menciona Gómez- con toda su revaluación del inconsciente y de la intuición.

De Thomas Mann, reafirma su dominio de la síntesis, así como la influencia de sus fuentes más notables: Schopenhauer y Nietzsche. Apenas destaca los esbozos ensayísticos que están dispersos por toda su obra, como aquel sobre el "formalismo" que se encuentra en |La muerte en Venecia. "Su genio estribaba -dice el autor- en no querer embriagarse con nada y en querer comprobar todo". Es, paralelamente, el retrato de Goethe que pintó Carlyle.

Nos interesan las breves y no desdeñables páginas que atañen a la literatura latinoamericana, aunque no se comprende bien su relación intrínseca con los autores precitados. Son las nuestras, letras impregnadas de rezagos medievales y primitivismos: superstición, represión sexual, estado confesional, analfabetismo total o miseria negra; son algunos de los componentes de su memorial de agravios. A una cultura sin tradición filosófica ni científica corresponde una literatura de euforias sentimentales, retóricas y subjetivismo, traducida en lo "real maravilloso": abundancia de hipérboles, metáforas desmesuradas, símiles fabulosos y descripción de lo cotidiano. Denuncia nuestro carácter "tácita y explícitamente aislado o ignorante de la cultura europea, cuando no defensivo y estrechamente nacionalista", para sentenciar: "en última instancia (y afortunadamente) somos hijos de Europa, para bien y para mal". Y menciona cuatro grandes logros, lista curiosa, que superan lo común: |La Vorágine de Rivera, De sobremesa de Silva, |Bomarzo de Mujica Laínez, |La tejedora de coronas de Germán Espinosa y |Sin remedio de Antonio Caballero.

El segundo ensayo: "Lectura de 'La muerte en Venecia' ", implicaría -sin contemplaciones- la reseña misma de la novela de Mann, esa obra profundamente vivencial, el libro de una mirada, el relato de una tentación, de los deseos reprimidos, de la vejez y de la angustia.

La lectura tradicional es una operación intelectual para apropiarse de nuevos conocimientos, distracción o placer. Es modo propio de una sociedad de consumo y de una concepción utilitaria del tiempo, que refuerza un sistema social imperante. Esta tesis -de Estanislao Zuleta- abre la exposición de la concepción central del libro de Gómez. Este propone, entonces, un nuevo modo de crítica interpretativa, partiendo de limitaciones evidentes, como aquella que Nietzsche señalara: "En última instancia, nadie puede escuchar en las cosas, incluidos los libros, más de lo que ya sabe".

Cito textualmente: "Comprender una lectura es [. . .] poderla asimilar y situar, de la manera más eficaz, en relación con nuestra posición como sujetos de cultura, es decir, como sujetos de la historia". Presume esta actitud una confrontación en que se pone a prueba la actualidad del "acervo clásico" del lector, su riqueza exis-tencial y cultural. "Es inspirados por esa concepción que hemos realizado esta lectura crítico-interpretativa de |La muerte en Venecia ".

Propone entonces su visión, una de las infinitas interpretaciones o renarraciones que admite el texto, y se dedica casi a transcribir la novela entera, acompañada por anotaciones marginales que sólo se justifican, si es que se justifican, con fines pedagógicos. Y es que en el "acervo" cultural que Gómez emplea, pueden sugerirse algunas deficiencias. Tal vez, y no se pretende negárselo, Gómez domina con amplitud sus comodines, pero estos pueden ser contados con los dedos de la mano: Platón (y su inevitable Pedro), Marx, Freud, Nietzsche, Proust, Kafka, Sartre: algunos de ellos sospechosamente cercanos, pero sin duda limitados, por los recurridos.