|
INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
|
|
|
El texto no es un pretexto pero sí un contexto
Teoría de la novela
Álvaro Pineda Botero
Editorial Plaza y Janés, Bogotá, 1987,207 págs.
El neocriticismo y el estructuralismo han pretendido entender el
texto literario, o bien como algo independiente de cualquier
subjetivismo de autor o lector, o bien como un tejido de relaciones
lingüísticas o sociales, precisable por la interfuncionalidad de
éstas, pero limitado a un solo "marco"
(lingüístico o social). En cualquiera de los dos casos, se suele
negar la distinción entre sentido y significado del sintagma
literario: la búsqueda de un "correlato objetivo"
concretiza la preocupación por un significado que remita
unívocamente al significante que articula el texto. Igualmente, la
creencia en un solo "marco", que obra como
estructura que determina en su interior unas relaciones de
causalidad entre elementos del texto o entre elementos del texto y
elementos de un contexto social determinado, refleja la tendencia a
encuadrar explicativamente las obras literarias en unidades
superiores (una llamada texto, la otra estructura) por acumulación
de significados. En cualquiera de los casos, notamos, así mismo, un
análisis extraído de campos semánticos: se rechaza, como ajeno al
texto, el elemento interpretativo: la injerencia del lector y la
comunidad de códigos entre autor y lector. Se olvida la
marginalidad. Toda hermenéutica fue proscrita al ser entendida como
simple subjetivismo o como atracción del biografismo. En esta
tónica se mueven las dos corrientes que mencioné al principio y, en
general, un 90% de la crítica literaria contemporánea. ¿Pero si en
vez de elementos de análisis estudiáramos elementos de sentido? ¿Si
en vez de buscar verdades del texto buscásemos sus posibilidades
históricas? No hablaríamos, quizá, de un texto, sino de un
contexto.
Habría que objetar, en principio, al libro de Pineda Botero, que
no se trata realmente de una teoría de la novela, sino de una
teoría literaria, o, por lo menos, lo que muchos autores titulan
con modestia unos "apuntes para una teoría
literaria". La teoría de la marginalidad, del
enmarcamiento y del "encaje" del texto es
referible a cualquier otro género, si aún creemos en ellos: un
poema, un cuento, una obra dramática escrita, también ofrecen
elementos marginales enmarcadores y que nos pueden hablar del
"gran libro de la cultura"; epígrafes, autor,
prólogos o prologuillos, notas insertas en el texto y que me hablan
de un exterior, citas, espacios para la dinámica autor-lector, y,
por supuesto, título. Ni siquiera el primer capítulo, sobre el
discurso novelístico, establece diferencias de género: se trata de
una reflexión sobre los límites posibles del discurso artístico en
general, y del discurso literario en particular. Una teoría de la
novela habría presupuesto, como en la obra de Lukács, una labor de
comparativismo histórico, una historización del género, puesto que
el género es circunstancial, no es la forma (la novela, el poema,
el drama, no son formas diferentes; nuestro siglo va mostrando tal
realidad).
Mas como teoría literaria, esta
|Teoría de la novela de
Álvaro Pineda Botero (Medellín, 1942), es una obra sin precedentes
en el campo del estudio literario en Colombia. Si bien la teoría de
la marginalidad y el enmarcamiento no es de Pineda (habría que
hablar de teóricos como Derrida, Lotman o el propio Barthes), su
recuento, su enfoque y su labor de síntesis son admirables, tanto
por la rica ejemplarización que no deja que el tema se torne
abstracto, como por el diálogo que establece entre los diversos
autores citados y que enriquece las posibilidades de análisis del
lector.
La marginalidad, conjunto de todos aquellos elementos que hacen
margen, marco, límite, al texto literario, nos habla de un mundo
externo al texto, pero, a la vez, nos revierte, con amenazas de
sentido, sobre el texto mismo, impidiendo las distinciones polares
entre lo interno y lo externo, como en la cinta de Möbius. Esos
elementos marginales que analiza Pineda Botero son: el título, el
autor -como nombre, como referencia o como director de un teatrino
en el que los títeres son las palabras-, el prólogo, los epígrafes,
las notas, las glosas -actividad del lector-, los espacios blancos
-como silencios- y una supuesta línea de indicatividad, en cierta
medida objetiva, dada por códigos compartidos entre autor y
lector.
La justificación del título, como elemento marginal de
enmarcamiento del texto, es la siguiente: "el título, como
entidad lingüística, cubre todo aquello que la historia, el uso, el
arte, la cultura, han puesto en él. El título evoca ideas, hechos,
formas, sensaciones". Y a continuación viene una cita de
Barthes en torno al nombre (usado literariamente), que se refiere a
la existencia de un discurso paralelo, creado por el mismo carácter
contextual de todo nombre, al discurso creado por la
"armadura semítica" que me define apenas unos
simples significados.
El "marco" es la existencia - interna y externa,
digamos, neutra- en el texto del pasado y del futuro (cuando el
texto es el presente mismo, escrito, leído). Y ello significa,
básicamente, un punto de encuentro entre autor y lector. El autor
tiene pasado y futuro: acepta o se ve condicionado por factores que
se connotan en la escritura del texto (códigos culturales,
religiosos, políticos, sociales, económicos, etc.), pero además su
creación es una pura expectativa de futuro, imagina .al lector
elegido y, como recuerda Pineda, confirma el tópico de escribir
para no morir, crea un diálogo ultratemporal que, además, lo redime
de sus condicionamientos individuales. El texto es un objeto, aquí
y ahora, pero también es una historia, y ésta es inherente al
texto. De igual manera, el lector, al recrear la obra, posee un
pasado y un futuro. El pasado que para él implica el autor, como
creador del texto, y el futuro al que se ve lanzado como
posibilidad de reinterpretación de su vida. Señales de vida del
lector dentro del texto son la "marginalia" y las
"glosas". De alguna manera, considero que las dos
podrían agruparse bajo el genérico "marginalia",
aunque Pineda Botero pretende a la primera más vital y espontánea y
a las segundas más eruditas, labor de crítico, de comentarista
especializado. No es que el texto se complete por el tachón o la
caligrafía del lector sobre la letra impresa a falta de margen
amplia, pero sí se revive la totalidad del texto en dicha acción.
¿Por qué? Es imposible que el lector refleje los mismos
condicionamientos de toda índole que intervinieron en la creación
de la obra en el autor, pero quizá podríamos pensar en la
repetición de lo esencial del contexto creado por dichas
condiciones y situaciones.
Una conclusión importante de Pineda Botero es ¡a de que
"no es posible [. . .] abordar el problema del encaje
exterior en su totalidad" (pág. 175). Es cierto, el encaje
exterior puede ser infinito, como en el juego de espejos
contrapuestos o de la caja china que contiene otras cajas; pero la
finalidad del encaje exterior no es llegar a un punto determinado
(como, en últimas, querrían los estructuralistas más generosos)
sino encontrar
|líneas fijas (de lo externo a lo interno y
viceversa) que permitan marcos de interpretación igualmente fijos.
En este sentido, creo que una filosofía de la historia de las
formas sería pertinente para tal ambición. El ejemplo recurrente de
Pineda es la novela de José Emilio Pacheco
|Morirás lejos.
Pineda propone que la lectura total -o asintótica- de esta novela
sea la suma de todas las lecturas posibles. En este caso, el
intento sería también infinito; pero Pacheco no ha escrito una
novela para muchas lecturas, sino que él mismo ha hecho
|una
sola lectura, fragmentaria, de muchos aspectos de la historia
representados en el episodio del exterminio de judíos por el
nazismo. Acaso podríamos encontrar esa lectura fija, esa línea de
indicatividad predeterminada y no variable según el texto.
El texto me vela un contexto que voy conformando por facultad
simbólica; a su vez, el contexto me revela la línea interpretativa
que le da unidad al texto y que lo hace realmente independiente de
los datos externos que lo rodean. No se trata de tomar el texto
para hablar de cualquier cosa -el texto como pretexto-, sino de
encontrar el enmarcamiento adecuado, esencial al texto, que me lo
posibilita como un sentido: el contexto.
ÓSCAR TORRES DUQUE
|