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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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A través de la literatura latinoamericana
Letras de esta América
J. G. Cobo Borda
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá,
1987.
Letras de esta América es el cuarto libro de ensayos de J.
G. Cobo Borda. Lo precedieron
|La alegría de leer (1976),
|La tradición de la pobreza (1980) y
|La otra literatura
latinoamericana (1982). Son libros que confirman su vocación
latinoamericanista, pues todos ellos -con algunos desvíos
insignificantes- están dedicados al estudio de nuestra literatura,
que el autor aprecia como una unidad cuyos movimientos se comunican
a lo largo de todos sus países. Es una de las enseñanzas de Pedro
Henríquez Ureña, quien agregó que a la literatura
|de esta
América se la debía estudiar en su entronque con la europea.
Una posición compartida por otras grandes figuras latinoamericanas
como Alfonso Reyes, Jorge Luis Borges y Octavio Paz, quienes han
sabido situarse en el universo de la cultura occidental para
apreciar lo propio, lo que es latinoamericano. Los ensayos que
comentamos, por el contrario, realizan un aislamiento dejando la
sensación de que nuestra literatura es endogámica, que no tiene
raíces sino en su propio suelo.
Cobo Borda no pretende ser más que un lector que expresa su opinión
sobre libros y autores, libre de las ataduras impuestas por los
métodos universitarios. "Lector apenas, he querido dejar
constancia de mis entusiasmos y de mis perplejidades".
Pero aunque quiere tomar distancia de las maneras de escribir
del mundo académico, no puede evitar algunos de sus vicios, como el
constante recurso a las citas, en ocasiones innecesarias. La
escritura académica tiene también sus virtudes, y una de ellas es
el rigor, la exigencia de demostrarlo todo o con el dato o con el
argumento. De no dejar juicio u opinión sin sustentar.
Naturalmente, no creemos que sea ésta la única forma correcta de
expresar un pensamiento. E indudablemente Cobo Borda sigue otro
camino, el que le ofrece el placer de la lectura. El resultado son
finas observaciones, dichas casi siempre de paso, sin detenerse en
su justificación.
Con excepción del primer ensayo, todos los demás que conforman
|Letras de esta América se ocupan de la literatura del siglo
XX. El libro está dividido en tres partes. La primera agrupa los
trabajos más generales, como el dedicado al modernismo, y los que
versan sobre la poesía latinoamericana del siglo XX y sobre la
poesía argentina. Abre esa primera sección el hermoso ensayo acerca
de Gonzalo Fernández de Oviedo y su visión -un tanto
fantasmagórica- de América. Es un texto en el que se expresa la
voluntad de lectura hedónica que domina todo el volumen. El
artículo sobre el modernismo no entusiasma tanto: es el ensamblaje
de tres extensas reseñas sobre libros recientes dedicados a este
movimiento poético, en el que se echa de menos una estructura que
organice en una unidad las diferentes ideas que en él se exponen, y
sobre todo el análisis de las relaciones del modernismo con la
literatura europea. Una información de primera mano, lograda en la
comunicación permanente del autor con los escritores
latinoamericanos, les concede una importancia especial a los otros
dos artículos de esta primera parte. El que versa sobre la poesía
latinoamericana de este siglo, aunque de escritura fragmentaria,
ofrece un panorama, que nos atrevemos a considerar inédito hasta
ahora, de nuestra creación poética, señalando en algunos casos
tradiciones internas de esa creación. Igualmente interesante por
sus juicios y los informes que ofrece es el que se ocupa de la
poesía argentina.
En los textos que reúne en la segunda parte hay un cambio de tono.
Son ensayos más personales, que llegan en algunos momentos a la
intimidad. Se refieren a escritores que Cobo Borda ha tratado
personalmente: y ese trato es el que provee a estos textos de su
estilo característico. Son indudablemente los mejor logrados del
volumen. Y aunque en algunos casos, como en los artículos dedicados
a Octavio Paz y Gabriel García Márquez, el análisis que nos ofrece
tiene tras de sí un minucioso examen de la obra de ambos
escritores, no pierden por ello el tono personal que identifica a
los ensayos de esta sección. Ambos son trabajos de arqueología, en
los que se busca penetrar en las capas más profundas de las obras
estudiadas. Menos ambicioso pero igualmente penetrante es el que
versa sobre Juan Rulfo. Los tres tienen como propósito -muy
"académico" por lo demás- explicar la compleja
obra de aquellos escritores latinoamericanos. Pero es en ensayos
como los dedicados a Ángel Rama y Marta Traba donde el escritor
colombiano logra mantener sin desafinamientos su tono personal. Los
otros pueden aportar más información, más análisis incluso; estos
se leen, en cambio, con mayor fruición estética, con mayor gusto
por el ritmo.
Cierra el volumen una serie de notas sobre libros latinoamericanos
publicados en 1981 -una cosecha memorable-. Son agudas anotaciones
hechas al paso de la lectura, que revelan un lector atento a su
momento. La "crónica", como la llama el autor, se
refiere a obras de Vargas Llosa, García Márquez, Moreno Duran,
Edwars, Garmendia, Mutis, Charry Lara, etc. -y Monterroso, que Cobo
Borda se abstiene de glosar, pero cuyo
|Viaje al centro de la
fábula le proporciona textos con los cuales poder, a intervalos
regulares, dar un condimento de ironía a sus comentarios.
Cobo Borda es sin duda un escritor penetrante, lúcido en sus
juicios, recursivo en giros idiomáticos y dueño de un envidiable
acervo de lecturas. Irreverente en sus libros anteriores, en
|Letras de esta América ha atemperado su inclinación crítica,
mordaz en ocasiones, en favor de la información y el análisis.
Recurre, sin embargo, a algunas simplificaciones y a la aprobación
sin examen de opiniones que requerirían un ajuste de cuentas para
valorar su grado de veracidad. Son simplificaciones, a mi modo de
ver, los juicios que reproduce sobre Santander y Barba Jacob.
También requerirían una dosis de escepticismo, al menos, algunas
opiniones de García Márquez que Cobo Borda parece aceptar. Es así
mismo oportuno anotar que si el autor fue, en sus primeras obras,
injusto en sus juicios sobre algunos escritores, ahora esa
injusticia recae sobre el lector: ¿Cómo podríamos juzgar, entonces,
ciertos elogios en casos en que la discreción impondría el
silencio? Sería de esperarse, al menos, una valoración más crítica
de autores a quienes el ensayista colombiano quiere llevar a
alturas que les produciría el vértigo. La mesura no parece ser una
virtud que atraiga al autor de
|Letras de esta América. Tal
vez por eso dirige a veces la crítica a objetivos que están fuera
de lugar, pero que dejan a salvo su verdadero blanco. No creo
posible aceptar, por ejemplo, la tesis que deja deslizar en su
ensayo sobre Marta Traba. Para absolver a la escritora
colombo-argentina de ciertos esquematismos evidentes en su obra
novelística, Cobo Borda sugiere que ello es debido, no a falta de
destreza en el arte de novelar, sino a la mediocre realidad que
describe. Como si dijera, es "reflejo" de un
mundo él mismo mediocre. No me cabe duda que con esta teoría no
podríamos comprender la mejor literatura moderna. Por eso quisiera
pensar que el juicio que comento no es más que una
|boutade
cuyas consecuencias no pudo prever oportunamente su autor.
RUBÉN SIERRA MEJÍA
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