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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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Cartagena era una colonia multiétnica, con escaso control
social; el adulterio resultaba frecuente y los hijos naturales
proliferaban. El clero secular y regular estaba constituido por
españoles, criollos y mestizos; era el encargado de difundir y
enseñar la nueva fe. Representaban al Estado unos cuantos oficiales
reales, los oficiales del fisco, los escribanos y los militares.
Entre quienes ejercían las profesiones liberales se destacaban los
médicos, los abogados, los maestros y los practicantes-cirujanos;
y, finalmente, en la base se encontraban los artesanos, los
comerciantes y el pueblo raso, constituido por vendedores
callejeros, esclavos y libertos.
El número de letrados, exceptuando a los oidores, no pasaba de dos.
En cuanto a eclesiásticos, sólo el tesorero de la catedral tenía
alguna noción de letras. El padre fray Andrés de San Pedro había
venido de España como calificador del Santo Oficio, pero sus
nociones de teología eran rudimentarias.
Los únicos que se disputaban el honor de ser titulares de la
institución eran los dos médicos.
Con ocho mil ducados se compraron las casas para la sede del
tribunal y se mandaron labrar trece cárceles. Corría el año
1610.
Después de tres años de sesiones irregulares, los procesos
presentados eran menos de lo deseado y de importancia muy mediana.
Nunca los casos de herejía colectiva que infestaban a España.
Esta relativamente poca popularidad de la institución española en
tierras tropicales no impidió la celebración del primer auto de fe,
en la cuaresma de 1614. Ocho años después, se manda a la hoguera,
por primera vez, a un inglés calificado como hereje protestante,
tan pertinaz que él mismo, por su propia voluntad y sin estar
atado, se sentó sobre la pira de leña y de allí no se movió hasta
quedar chamuscado.
El tribunal convocó, con el paso de los años, varios autos de fe,
para juzgar y condenar o absolver una variedad de reos, portugueses
en su gran mayoría, españoles, franceses, ingleses, mestizos,
cuarterones, mulatos y negros. Sus ocupaciones variaban; había
comerciantes, marineros, mercaderes, soldados, frailes,
carpinteros, zapateros, labradores, esclavos, parteras, hechiceros
y brujos.
|La base que sustenta el edificio de la Inquisición es la
delación. Todas las delaciones, aun las anónimas, eran tomadas en
cuenta. A los testigos no se les pedía que confirmaran o negaran el
testimonio del delator sino únicamente que declararan "si
no habían visto u oído nada que les pareciera contrario a la fe
católica o a los derechos de la Inquisición ", astuta
manera de obtener una multitud de informaciones a partir de una
sola denuncia.
2. EL SILENCIO Y EL AISLAMIENTO
|Cuando se calificaban positivamente los hechos revelados por el
delator y los testigos, el fiscal pedía la detención y
encarcelamiento del presunto culpable en las cárceles secretas del
Santo Oficio. El preso ignoraba de qué se le acusaba, ya que sólo
podía comunicarse con sus jueces. Muchos se suicidaron al no poder
soportar tal silencio.
La víctima era confinada por tiempo indefinido en estas oscuras y
malolientes cárceles.
Las cárceles del Santo Oficio de Cartagena "están en el
patio principal, en el suelo, en parte húmeda, que en esta ciudad
lo bajo es inhabitable, y están al descubierto de la plaza pública
y tan cerca de ella que, sin entrar por las puertas, estando ellas
abiertas, podía haber comunicación y temerse que el secreto del
Santo Oficio sería descubierto"
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2
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|Aislar a un ser humano durante largo tiempo, de modo que quede
desconectado de la red de estímulos sociales que confirman su
personalidad, y coaccionarlo, por medio de la violencia, para que
confiese sus presuntos delitos, implica, entre otros riesgos,
obtener una confesión falsa. Mientras el acusado no supiera de qué
se le acusaba no podía encubrirse.
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Cartagena in terra firma Americae
sita, Ichnographice repraesentata et recusa Norimbergae ab
Homan Heredibus.
Escala aprox. 1:80. 450
23 x 28 cms. 1740 (aprox.)
Colección Biblioteca Luis-Ángel Arango. Ref. H-9.
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Manuel Tejado Fernández, Aspectos de la vida social en
Cartagena de Indias durante el seiscientos, Sevilla, 1954.
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