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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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La visión de Juana de Arco, por J.
E. Lenepveu. De la colección pinturas murales del Panteón de
París.
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Toma de Orleans por Juana de Arco
por J. E. Lenepveu. Colección pinturas murales del Panteón de
París.
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|La inquisición antigua existía mientras existiera la herejía;
tan pronto como ésta fuera extirpada, la inquisición desaparecía.
Con la Inquisición española sucede algo curioso: se transforma, con
el tiempo, en institución permanente. Solamente los cristianos
pueden ser reos de herejía; por lo tanto, solamente ellos entran en
la jurisdicción del Tribunal, ya que el Santo Oficio juzga a los
fieles, no a los infieles; mejor dicho, juzga a los fieles que han
sido infieles. ¿ Ya judíos y musulmanes, bajo qué justificación se
los manda a la hoguera?
|El edicto del 31 de marzo de 1492 colocó a los judíos españoles
ante la alternativa de convertirse al catolicismo o abandonar los
dominios de la corona española.
|En 1481, Castilla estrena el sistema inquisitorial, codificado
por el Directorium inquisitorum de Nicolás Eimerich, publicado en
Aviñón en 1376.
|Las fobias de origen étnico se exacerban hacia 1492; los reinos
de Castilla y Aragón atraviesan un período de recesión económica y
el malestar social se manifiesta en la intolerancia de las élites
hacia las minorías étnicas, los extranjeros y todos aquellos que
profesen credos diferentes del católico.
Durante la Edad Media, el antisemitismo del pueblo español fue
virulento. Los judíos, para los católicos, eran los autores
materiales de la muerte de Cristo, reos del peor de los crímenes:
el deicidio. Por lo tanto, cualquier comportamiento inquisitorial
contra cristianos judaizantes era legítimo.
Es durante esta época cuando surge el concepto de
"cristianos nuevos "(sospechosos) en
contraposición a "cristianos
viejos"(intachables), distinción aberrante para la
teología pero provechosa socialmente.
Por cédula real del 25 de febrero de 1610 se constituyó el Tribunal
de Cartagena, que el 30 de noviembre del mismo año dio comienzo a
sus tareas.
Esta institución tenía jurisdicción sobre los obispados de Panamá,
Santa Marta, Popayán, Puerto Rico, Venezuela y Santiago de Cuba. Su
deber consistía en velar por la pureza ideológica y moral de los
inmigrantes peninsulares.
Cartagena era, en aquel entonces, una aldea de quinientos vecinos.
Estaba poblada por españoles en su gran mayoría, de todas las
clases y ocupaciones; portugueses, muchos de ellos mercaderes
judíos; escasos indios y gran número de negros, mulatos,
cuarterones y zambos, todos ellos esclavos o libertos.
Allí tenían asiento la corte del gobernador, el cabildo municipal y
las representaciones de órdenes religiosas como las de los
dominicos, jesuítas, franciscanos, agustinos y mercedarios. La
ciudad, en su constante bullicio, oscilaba entre las tertulias
mundanas, la obligatoria siesta del mediodía y las ceremonias
religiosas.
El ambiente social se hallaba cargado de supersticiones y, aunque
de manera no muy visible, la magia impregnaba la vida cotidiana de
la ciudad amurallada.
Todos los viernes por la noche, tanto en la villa de Tolú como en
Cartagena, se reunían las cofradías de hechiceros y curanderas. Los
documentos mencionan, específicamente, los manzanillos de la
ciénaga, la playa o la casa de algunas de las mandatarias en
Cartagena, y los parajes del Palo Güeco en Tolú, como sitios de
reunión.
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