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INDICE
Artículo: El Burro de Oro
Artículo: Los ocho pasos de la muerte del alma
Artículo: Poesía y testimonio en los documentales de Brian Moser
Artículo: La Tunja de Inés de Hinojosa y de Juan de Castellanos
RESEÑAS
Reseña filosofía: Figuras imaginarias
Reseña filosofía: La verdad de la Constitución
Reseña sicología: Descentración psicológica
Reseña antropología: Las figuras de la fauna
Reseña folclore: Nuestra tradición
Reseña sociología: Acercamiento al campo
Reseña sociología: Gasto e ideología
Reseña sociología: Estudiando imposibles
Reseña política: Una buena introducción al tema
Reseña educación: Memorias de un protagonista
Reseña poesía: Entre lo culto y lo habitual
Reseña poesía: Pintar las palabras
Reseña poesía: La fugacidad poética
Reseña narrativa: La pertinacia de un escándalo
Reseña narrativa: Ejercicio de la nostalgia
Reseña crítica literaria: A través de la literatura latinoamericana
Reseña crítica literaria: El texto no es un pretexto pero sí un contexto
MAPOTECA
Reseña crítica literaria: Un método crítico, crítico
Reseña periodismo: Camino a la canasta familiar
Reseña periodismo: Un manual para la prensa nueva
Reseña historia: Poco para la historia
Reseña historia: Para una historia del sindicalismo
Reseña caricatura: El mundo de Olafo y Mafalda
ORIETA LOZANO
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La minería fue el medio en el cual prosperaron los antioqueños.
Inicialmente, las inversiones de los comerciantes se dirigieron
sobre todo al comercio de importación y a la usura; después
empezaron a invertir directamente en la minería de veta por su
interés de fomentar la producción de artículos exportables. A pesar
de que la minería de veta, al contrario de la de aluvión u oro
corrido, necesitaba grandes inversiones en herramientas y
maquinaria, desde mediados del siglo pasado se dio un creciente
interés por ella, cosa que favoreció el desarrollo de la capacidad
inventiva de empresarios y operarios. Fue en estas empresas donde
se establecieron por primera vez las bases de una administración
racional y sistemática.
Entre 1830 y 1850 se consolida el prestigio de los empresarios
antioqueños como un grupo fuerte, con una iniciativa que no
denotaba marcados prejuicios de clase, sobre todo en lo
concerniente a linajes. Se vio en ellos un grupo interesado en
reinvertir en vez de acumular ganancias, en mejorar la explotación
de las minas, en abrir las tierras aledañas al río Cauca, en
financiar los colonos del sur y del suroeste y en establecer
comercio con el exterior del país sin dejar de hacerlo con el
interior. Así, pues, el desarrollo de la minería de veta, con su
modalidad empresarial asociativa y la utilización en gran escala
del trabajo asalariado hizo que en Antioquia se erigieran algunas
de las primeras empresas capitalistas exitosas en el país.
La mayor parte de las riquezas habidas en Antioquia durante el
siglo XIX no se adquirieron, en palabras de Emiro Kastos,
|pisando alfombras, ni viviendo entre algodones, sino con la
barra en las minas, con el hacha en los montes, lentamente
amontonando cuartillo sobre cuartillo, evitando todo gasto,
suprimiendo todo goce. De aquí viene que esos hombres, admirables
de pobres por la entereza y el valor con que buscan la riqueza, una
vez conseguida ésta, no saben qué hacer con su plata, desconocen
toda usanza de buen gusto y siguen con la sórdida economía que en
tiempos de pobreza y angustia acostumbraban.
Un individuo es alternativamente agricultor, comerciante y minero;
esta inquietud y movilidad no hay que atribuirlas a la novelería o
inconstancia, sino al deseo febril de mejorar de condición, de
adquirir independencia y capital: Con tal de llegar a este
resultado son indiferentes al antioqueño toda especie de climas,
lugares y profesiones; habiendo, como dice Tocqueville de los
americanos del norte, una especie de heroísmo en su ansia de
ganar
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Según el historiador Roger Brew, desde la segunda mitad del siglo
XIX, la élite antioqueña la formaban cerca de doscientas personas
de ingresos altos, y estaba compuesta por comerciantes de mercancía
extranjera, algunos propietarios de minas y los miembros más
jóvenes de estas familias. A veces eran abogados, médicos,
empleados del gobierno, hacendados o, algunos, impulsores de
industrias. Socialmente era un élite muy homogénea y relacionada
entre sí por las alianzas matrimoniales, si bien no constituía una
casta cerrada; al contrario, estaba abierta y dispuesta a admitir
en su seno nuevos miembros aun de clases inferiores que tuvieran
dinamismo y futuro en los negocios, especialmente de comercio. El
concepto de clase social se entendía más bien como un arquetipo
ocupacional
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6
. Para ese
entonces los empresarios antioqueños eran preferiblemente de
Medellín y Rionegro. Muchos de ellos hicieron sus fortunas cuando
estuvo en boga el tráfico con Jamaica, Inglaterra y Francia en
pleno período de la independencia. Pocas fueron las fortunas de
esta clase y de este período que sufrieron percances o golpes
irreparables, dada la poca conmoción bélica que se vivió en
Antioquia. Surgió así una clase de comerciantes más o menos
solventes, que dentro del contexto colombiano, podrían calificarse
como adinerados, pero que comparados con los ricos europeos
pasarían más bien por pobres
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.
Dentro de la élite se pueden localizar varios clanes o grupos
empresariales familiares, entre los cuales los más destacados eran
el clan de los Vásquez, encabezado por don Julián Vásquez; el de
los Villas, por Vicente B. Villa; el de los Santamarías; el de los
Restrepos, dividido en tres grupos: Restrepo Escobar, el de don
Pastor Restrepo y el comandado por don Camilo C. Restrepo o hijos
de don Fernando Restrepo; el de los Amador, encabezados por Carlos
Coriolano A.; el de los Ospina Vásquez, por don Mariano Ospina y
doña Enriqueta Vásquez e hijos; el de los Echeverry, por don
Gabriel Echeverry; el de los Uribes, conformado por tres familias
distintas del mismo apellido; el de los Lalindes y el de los
Echavarrías, entre otros. Para tener una idea de la magnitud de sus
capitales, por ejemplo, los bienes de la sucesión de don Julián
Vásquez montaban en 1885 a $ 12`732.070
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8
; los de Lisandro Uribe, a $ 15'298.258
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9
; los de doña Carmen
Echeverry, a $2'242.682
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10
, y los de María Antonia Pineda de
Melguizo, a $ 17'464.648
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El poderío de la aristocracia financiera de Medellín y Rionegro
llegó a ser tan grande, que se decía sarcásticamente (a causa de
los grandes empréstitos otorgados por ella en todo el país, en
especial al gobierno central) que Antioquia se dividía en dos: una
al lado izquierdo del río Magdalena y la otra a su lado derecho
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12.
En la economía antioqueña lo más importante no era el poder de
compra del individuo, sino su capacidad para recibir mercancías a
crédito. La respetabilidad de una firma o de un individuo se medía
por la cantidad de deuda que podía contraer. Negociar a crédito era
el sistema usual y preferido por todos. Se contraían deudas para en
seguida abrir otros créditos a la propia clientela. En esta región
todo el mundo negociaba en una escala superior a su capital,
generalmente con dinero a interés o a crédito que otorgaba la
aristocracia financiera de Medellín
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Emíro, Kastos.
|Artículos escogidos, Bogotá, Banco
Popular, vol. 31, Bogotá, 1972, pág. 151.
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Para ampliar sobre esto, consúltese
|Aspectos polémicos de la
historia del siglo XIX en Colombia, Bogotá, Fondo Cultural
Cafetero, 1983. Conceptos de Jorge Orlando Meló y José Antonio
Ocampo.
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Roger, Brew,
|El desarrollo económico de Antioquia desde la
independencia hasta 1920, Bogotá, Banco de la República, 1977,
pág. 87; Emiro Kastos, Op. cit., pág. 53.
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A. H. A. (Archivo Histórico de Antioquia), Notaría 2a.,
julio-agosto de 1904, f. 3174.
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A. H. A., Notaría 2a., marzo-abril de 1905, f. 2038. Lisandro
Uribe era primo de Lorenza Uribe, esposa de Amador.
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A. H. A., Notaría 2a., abril-julio de 1903, f. 1170.
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A. H. A., Notaría 2a., noviembre-diciembre de 1903, f.
611.
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" El Tolima, núm. 43, Ibagué, 12 de julio de
1889.
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Carlos, Saffray. "La provincia de Antioquia",
en
|Viajeros extranjeros en Colombia, Cali, Carvajal,
1970.
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