Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 33, Volumen XXX, 1993

 

Juan Gustavo Cobo Borda


Nació en Bogotá en 1948. Ha publicado La alegría de leer (1976), Salón de té (1979), La tradición de la pobreza (1980), Casa de citas (1981), Ofrenda en el altar del bolero (1981), Roncando al sol como una foca en las Galápagos (1982), La otra literatura latinoamericana (19.82), Letras de esta América (1986), Visiones de América Latina (1987), Todos los poetas son santos e irán al cielo (1987), Almanaque de versos (1988), Tierra de fuego (1988), a José Asunción Silva (1988), La narrativa colombiana después de García Márquez (1989), Alvaro Mutis (1989), Dibujos hechos al azar de lugares que cruzaron mis ojos (1991), Poemas orientales y bogotanos (1991), Germán Arciniega.s (1992), El coloquio americano (1994).

Los poemas son inéditos y el poeta los ha cedido al Boletín Cultural y Bibliográfico.

 

Para el animal que duerme en cada uno

La potranca de anca de saliva
muerde
la almohada de la dicha. 
Exhala el vaho profundo 
de su celo y su disfrute. 
Y se ahoga, ciega, 
en la estremecida oscuridad 
que la sacude.

De su garganta a su nuca 
hay un fragor oculto. 
Un volcán dormido 
que ahora exulta.

Asombrada de su roja energía 
fluye
hacia el éxtasis 
que la redime. 
Brilla
toda ella
bañada en la luz de su alegría.

                                    JUAN GUSTAVO COBO BORDA

 

Larga duración

Este beso tardó doce años en llegar. 
Atravesó matrimonios
que valía la pena preservar 
e hijos que crecían
en forma incontenible. 
Superó dudas, cobardías, 
la amargura
y momentos incluso 
de irrefutable felicidad. 
Retrocedió
al buscar en viejas libretas 
mudos números de teléfono:
"No vive aquí. No sabemos dónde pueda estar".

Intacto se mantuvo 
mientras besos más rápidos 
arribaban a su inmediato destino. 
Nueve horas de avión 
no lograron apagar 
el hervor de su llama suave.

Llegó a olvidar todo, por completo, 
e iniciar una nueva vida, 
como se dice.
Sin embargo, aquí está. 
El irremediable beso 
que sólo tardó doce años en llegar. 
De ahí la fuerza de su impacto.

                                              JUAN GUSTAVO COBO BORDA