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Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 33, Volumen XXX,
1993
La opinión pública como ilusión estadística
Las fuerzas de la
opinión
Carlos Lemoine
Santafé de Bogotá, 1993, 403 págs.
La opinión pública es
una ilusión estadística, al igual que la democracia, según Borges. Cuando hay cinco
personas no existe la opinión pública, sólo hay cinco opiniones individuale. Cuando hay
cinco millones o cincuenta, no hay opinión pública ni privada. Hay un problema
estadístico que se resuelve con el voto o con la teoría estadística del muestreo.
La opinión pública es
un concepto vago que todos aceptan en un acto de fe, ligado a la masa y el poder. Dice el
autor en la contracubierta: Los sociedades se han dado cuenta de que el pensamiento
de los ciudadanos determina el futuro de los países y esto los ha llevado a la tarea de
conocerlo y orientarlo".
No se gobierna, no se
invierte en publicidad, no se vende un candidato para cinco sino para cincuenta. El poder
produce imágenes, la masa cree, aprueba o desaprueba. Ventaja de las encuestas: producir
números que permiten elaborar teorías y formular recomendaciones con pretensiones de
validez general. Primer artículo de fe del Encuestador: creer que todo lo divino y lo
humano se puede someter a cuantificación. Segundo artículo de fe del Encuestador: creer
que la opinión no miente, no se equivoca, es buena y sabia; preguntas para practicar este
artículo de fe: "¿Ha tenido relaciones extrapareja?", "¿Ha sido alguna
vez infiel?", "¿A qué edad tuvo su primera relación sexual?".
En el primero de los
cinco capítulos del libro, bajo el título de "Las cosas que le dan forma a la
vida", se pretende mostrar la opinión que los colombianos tienen de sí mismos, la
familia, la pareja, la sexualidad, la religión, el trabajo y la educación. Allí
despliega toda sus maravillas la opinión pública: Colombia es un país de felices,
porque el 86% de los 700 entrevistados entre el 10 y el 12 de abril de 1992, en las cuatro
principales ciudades, dijeron sentirse felices. Más felices que los japoneses, los
italianos, los alemanes o los coreanos. Primera conclusión: a la opinión pública no le
interesan las definiciones: ¿qué es la felicidad para los colombianos y qué es la
felicidad en el Japón? Segunda conclusión: tampoco interesan las diferencias históricas
ni culturales. Tercera conclusión: se permite violar la teoría estadística en aras de
la opinión pública. Lo que digan los entrevistados de las grandes ciudades es lícito
considerarlo representativo de lo que no dicen los pobladores rurales y semirruroles.
Aceptadas estas conclusiones, se despliega todo el poder impresionista del número,
limitado sólo por la pobreza imaginativa de quien lo manipula. Dice la sabiduría popular
anglosajona: hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las
estadísticas.
Ventaja de las encuestas:
la opinión pública no piensa ni discute con los encuestadores, está de acuerdo o en
desacuerdo con preguntas preestablecidas cerradas según los distintos grados de prejuicio
del investigador; luego la opinión pública es puramente binaria. A la opinión no se le
pregunta: ¿cuáles cosas lo hacen feliz en los últimos días?, se le pregunta: "En
una escala de 1 a 10, diga usted qué tan feliz lo hace lo siguiente: llegar a casa, ir al
trabajo, conversar con su esposa(o), Leer el periódico [...], ir de compras, dormir"
(pág. 45). Tabulados los puntajes se concluye que lo que más feliz hace a los
hombres es llegar a casa y almorzar en ella. A las mujeres, llegar a la casa y conversar
con los hijos. Lo que menos felicidad produce es salir de la casa. ¿La casa es el
paraíso y la razón de felicidad de los colombianos? Eso dicen las cifras. Más adelante
también dicen que la principal fobia de los colombianos es estar encerrados...
La opinión pública que
mide Lemoine no tiene diferencias de sexo, condición social o geográfica. No hay cruces
de variables y mucho menos márgenes de error o intervalos de confianza, porque la
opinión pública es homogénea, y de las encuestas que la miden no se duda.
El capítulo II contiene
datos sobre la "vida cotidiana": los usos del tiempo, los medios de
comunicación, el deporte, la comida y las supersticiones. Se encuentra aquí sugerida una
patética radiografía de la vida urbana. Los principales usos del tiempo son: dormir,
trabajar, comer, transportarse y ver televisión. Poco deporte, casi nada lectura,
preferencia por noticieros, películas y telenovelas. Creencia de que la televisión
contribuye a la educación de los colombianos. Cuando no mide opiniones sobre materias
incuantificables, el trabajo gana en seriedad, como en el caso de la alimentación. Otra
conclusión: las encuestas que buscan someter a valuación numérica lo incuantificable, o
tornarlo medible mediante artificios, son engañosas, en mi opinión.
En los últimos
capítulos se presentan abundantes y tediosas estadísticas relacionadas con la
"percepción del país", las instituciones, la imagen política de distintos
candidatos, alcaldes y el "país político".
Según se lee en la
introducción de la publicación, "se resume y compara lo que piensan los colombianos
en su mundo personal y social, con lo que piensan los ciudadanos de otros países", y
más adelante dice: "Las encuestas son una manera aproximada de establecer lo que
piensan los pueblos [...], los líderes son quienes deben enseñar el pensamiento
correcto". Triple ilusión del Encuestador: creer que decir sí o no a una pregunta
es pensar; creer que este "pensamiento", agregado en porcentajes, es el
"pensamiento de los pueblos"; y creer que ese "pensamiento" puede ser
enseñado por los líderes.
SANTIAGO LONDOÑO
VÉLEZ
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