Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 33, Volumen XXX, 1993

Aílcar Osorio.

Nadaísmo: bibliografía reciente

EDGAR O’HARA
JAIME JARAMILLO ESCOBAR
OSCAR TORRES DUQUE
DARÍO JARAMILLO AGUDELO
JORGE H. CADAV

Trabajo fotográfico: lan Flórez de Armas
Archivo de Jotamario Arbeláez
lan Flórez de Armas
Archivo de Jotamario Arbeláez

Jotamario Arbeláez.

Hervor de nadaísmo, sabor a más acá

Obra negra
Gonzalo Arango
Plaza & Janés Editores, Bogotá, 1993

CADA CIERTO TIEMPO VUELVEN A PONERSE en onda los textos que por alguna razón (extraña o no, política o no) dejaron de ser imprescindibles para un número indefinido de lectores. Obra negra regresa con las ventajas que la tradición otorga (aunque, en términos literarios, la historia nunca absuelva) y las arrugas que otra época impone a las páginas más blindadas. Pero un regreso no provocado por las argucias publicitarias sino por el contexto socioeconómico y cultural tiene los méritos de la primera aparición; sólo que otros ojos y otros entusiasmos serán quienes protagonicen su lectura. Después de Lacan, Derrida y Foucault, reingresará en la crítica J.P. Sartre, el mañoso de la mirada, acompañado seguramente por su carnal Camus... Y eso que estamos sólo en plan de lo francés... ¿Conque ha vuelto Gonzalo Arango? Mejor que mejor. Su prosa arde y en algunos casos quema con razón; su poesía en verso —adelantémonos para no hacerla larga— es olvidable, redundante y de ocasión, en el peor sentido de la palabra.

Las sociedades "cerradas" a veces gestan, en su interior y sin proponérselo, la imaginación necesaria para abrir ventanas, agujeritos de libertad. En el Londres victoriano del XIX, Jack the Ripper desenfunda, como un guante sangriento, la moral que le apetece y le corresponde. En "Relaciones sospechosas", Julio Cortázar intuye la relación que entre arte y vida da origen a textos que han de vivir más del lado del arte o de la vida, según. Pero el producto en sí, armazón expresiva, correrá la suerte que el lector le endilgue, hacia una tradición artística o hacia una experiencia remozada. Este es el dilema:

Un escritor debería tener el privilegio de reificar su imaginación en las encrucijadas más lunares de la vida; incapaz de hacerlo —y hacerlo sería acaso horrible— se contenta con alinear palabras (...) 1 .

Gonzalo Arango, Jotamario, Elmo Valencia.

La primera edición de Obra negra, recopilada por Jotamario, vio la luz en 1974, vale decir, en vida del autor de los textos ahí reunidos. Todavía la imagen de Arango, en cuerpo presente, era jaloneada por las distintas facciones del nadaísmo. Sólo después de su muerte, Obra negra sería leído como reemplazo de la persona del poeta y prosista, agitador cultural del Medellín de fines de la década del cincuenta. En ese contexto específico, en esa sociedad cerrada que tan bien conoció Gonzalo Arango (y tanto amó, hay que decirlo, en sus paisajes), la lectura de un libro que ahora es autoridad por haber sido antiautoridad, canónico por anárquico, debió ser una vivencia muy singular. A los veinte años de esa primera edición, la vuelta de Obra negra, que es también el regreso simbólico de Gonzalo Arango, tiene otros signos. Las condolencias no existen en literatura; lo que hay, más bien, son hasta pronto y hasta la vista, esperanzas de futuros distanciamientos y conciliaciones con lo ya escrito, lo que permanece, lo paradójicamente "cerrado", esa obra que ya no será más que así.

Collage. Gonzalo Arango y Jotamario. 
Referencia a Jaime Bateman y Brigitte Bardot.

Revisando el presente volumen, con sus ilustraciones místico-nostálgicas ("La conquista del reino"/ "The conquest of the Kingdom", frente a la pág. 234, recuerda la cubierta del tercer L.Pág. de Santana, o alguna psicodélica de Jethro Tull) o acaso semianacrónicas a propósito (la figura masculina de "Sexo y saxofón", de Nadab 93, frente a la pág. 92, tiene un increíble parecido a Bill Clinton, el presidente saxofonista de los Estados Unidos), uno estaría tentado, con las teorías más facilongas de la posmodernidad, a suscribir las palabras de Esdras en el prólogo. Primero que nada, para seguirle la cuerda (¿primero que todo?), digamos que la lectura "posmoderna" permite tales mezclas y convierte en horizontes de normalidad sin aristas las que hace poquito fueron imágenes cargadas de sentido: el Che Guevara con Cristo / la revolución del fusil y la revolución de la flor. El problema estriba, a veces, en confundir las antiguas ventanas para respirar, en la Medellín del 50/60, con la autoselección que en toda tradición se hace —para bien será— de los productos artísticos. Si la anticipada posmodernidad de Gonzalo Arango posibilitara la mezcla absoluta, se le tendrían que parar los pelos al más pintado. Recordemos, con Armando Romero, una celebración:

Y es en ese mismo ambiente de combustión rápida y desorganizada cuando Gonzalo A rango, que como es de suponerse había escalado posiciones de importancia en el país intelectual, por extrañas conexiones que todavía no se han dilucidado muy bien, es invitado a bautizar el buque escuela de la Armada Nacional, el Gloria, con un discurso poético. Entre los invitados de honor se encontraba el Excelentísimo Presidente de la República de Colombia, Carlos Lleras Restrepo, quien ese mismo año de 1968 había clausurado varias veces la universidad y había desatado la ola de persecución política más violenta en la historia del Frente Nacional 2 .

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Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos, México, Siglo XXI, 5a. ed., 1969, pág. 159. (regresar1)

2   Armando Romero, El nadaísmo colombiano o la búsqueda de una vanguardia perdida, Bogotá, Tercer Mundo/EdicionesPluma, 1988, pág. 66. (regresar2)