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Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 33, Volumen XXX,
1993
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Caricatura de Tejada realizada por Ricardo Rendón (tomada de Mesa de redacción
publicada por la Biblioteca Pública Piloto de Medellín).
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Luis Tejada: crítica crónica
JOHN GALÁN CASANOVA
Trabajo fotográfico: Ernesto Monsalve
ESCLARECER EL PROCESO DE
MODERNIZACIÓN de la literatura colombiana ha sido uno de los asuntos que más han ocupado
la atención de los investigadores durante los últimos años. Hasta el momento, esa
atención ha recaído especialmente en el estudio del modernismo, durante el cual se dio
inicio al proceso en mención. Sobre este período se cuenta ya con estudios que ahondan
en el planteamiento de cuestiones como la secularización de la vida social y cultural, la
emancipación de la literatura con respecto a fines políticos, morales o religiosos o la
oposición de criterios de racionalidad crítica a los dogmas tradicionales. Así mismo,
se ha profundizado en la interpretación de Silva como el primero de nuestros escritores
modernos, el primero que relativiza todos los valores, que se formula auténticamente la
inquietud por la trascendencia y suscita la cuestión crítica a partir de su propia obra.
No puede decirse lo mismo
de la literatura posterior, que incluye grupos como los de la generación del Centenario y
Los Nuevos; abarca un período poco explorado que ha sido designado con el rótulo de
posmodernismo, que no ha merecido mayor aceptación debido quizá a que no alcanza a dar
cuenta de tendencias tan distintas como el americanismo y el vanguardismo. Ocurre,
además, que La vorágine (1924) ha captado de tal forma la atención de los
estudios sobre la época que todo aquello que se le parezca ha sido puesto de inmediato
bajo su influjo, y lo que no, ha sido relegado como un fenómeno poco trascendente en la
literatura nacional. Con La vorágine ha sucedido lo que con la literatura que se
hace oficial: es instituida como modelo, definida como suma de la nacionalidad, convertida
en objeto obligado de estudio, es decir, se la neutraliza por medio de un implacable
asedio retórico.
Pasará mucho tiempo
antes que pueda volverse a leer La vorágine libre de su caparazón de texto
oficial. Entre tanto, crece la valoración de obras de la misma época que han permanecido
archivadas durante largas temporadas y cuyas páginas en nada remiten a la célebre novela
americanista. Es el caso del Libro de crónicas (1924), de Luis Tejada, y de Suenan
timbres (1926), de Luis Vidales; ambas obras habrían de esperar medio siglo antes de
volver a ver la luz pública en 1961 y 1976, respectivamente.
Desde entonces, el
interés editorial por estos autores ha ido en aumento: en 1988, editado por el Centre
Culturel Colombien, apareció, en París un volumen en el que se reproducen algunas
crónicas de Tejada; en 1989 la Universidad de Antioquia publicó una recopilación de las
crónicas, con textos diferentes de los recogidos por Colcultura en 1977; por último, en
1994 apareció la biografía Luis Tejada, escrita por Víctor Bustamante
1
. Por su parte, Suenan timbres, de
Vidales, se publicó por tercera vez en 1986; una decena de sus poemas constituye la
única representación colombiana que figura en la antología que prepara la Editorial
Hiperión, de España; ya había ocurrido lo mismo en el Indice de la nueva poesía
americana, la famosa antología realizada por Borges, Huidobro y Alberto Hidalgo en
1926,
De suerte, pues, que
Tejada y Vidales el Vidales de Suenan timbres han cobrado actualidad.
Resultan interesantes por ciertos elementos de vanguardia, ciertas posturas excéntricas a
la literatura colombiana de la época. Es deseable que a la recuperación editorial en
marcha se sume una valoración crítica que suscite cuestiones como las que han sido
planteadas a propósito del modernismo, una valoración que emprenda lecturas de estos
autores relacionándolos con el contexto histórico, la tradición literaria que
pretendieron transformar y las tendencias vanguardistas predominantes en el momento. En
esa dirección apuntan estas consideraciones sobre la obra del joven cronista antioqueño
muerto antes de cumplir los 27 años.
1. LA FORMACION
Para comprender la
vocación crítica de Luis Tejada, entendida como su capacidad de interpretar la realidad
nacional problematizándola y señalándole nuevos rumbos, conviene detenerse en su
proceso de formación personal partiendo del siguiente hecho: Tejada proviene de una
tradición liberal radical opuesta a las instituciones políticas y educativas de la
república conservadora (1880- 1930).
Durante la segunda mitad
del siglo XIX, el liberalismo radical, conforme con el ideal de la burguesía en proceso
de formación y ascenso, intentó llevar a cabo una reforma educativa inspirada en las
corrientes ilustradas de la pedagogía europea. La reforma radical de 1870, como se la
conoce, se proponía implantar la obligatoriedad de la instrucción primaria y la
neutralidad del Estado en materia religiosa. Con esto se perseguía, en esencia, masificar
la educación y propiciar una separación entre la Iglesia y el Estado que condujera a la
secularización de este último. La orientación de la reforma se entiende al considerar
las convicciones fundamentales que animaban a los liberales radicales: "primera, el
sistema republicano y democrático no puede sostenerse sino con el apoyo de una
ciudadanía ilustrada; segunda, la Iglesia, ligada como estaba en la Nueva Granada a los
más atrasados sectores sociales, y a ideologías monárquicas o antidemocráticas, no
puede llevar a cabo la tarea de conducir la educación popular; tercera, la educación es
un deber y un derecho del Estado y una de las expresiones de su soberanía"
2
. Aunque no presentaba los matices
abiertamente anticlericales del liberalismo de José Hilario López en 1850, y ni siquiera
proponía el laicismo que abanderaban los gobiernos liberales latinoamericanos de la
época, la reforma del 70 provocó la más enérgica de las reacciones por parte de los
sectores conservadores. Actitudes como la del poeta José Joaquín Ortiz, quien sostenía
que sin educación religiosa la comuna era inevitable, o como la de los obispos de Pasto y
Popayán, que se negaban a absolver de los pecados a quienes asistieran a las escuelas
liberales, demuestran el grado de intolerancia que alcanzó la oposición.
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Primer número de La Escuela Normal, 1871.
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La
hostilidad de la Iglesia, que mantenía tan férrea autoridad sobre la población, la
inexistencia de un gobierno central fuerte y la falta de recursos fiscales del Estado
dieron al traste con el proceso de la reforma. Los gobiernos de la Regeneración se
encargarían de desmantelar lo que quedaba de ella, al suscribir el régimen concordatario
que consagraba la subordinación del Estado a la Iglesia en materia educativa, como lo
señala este aparte del artículo 12: "En las universidades y colegios, en las
escuelas y demás centros de enseñanza, la educación e instrucción pública
se organizará y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión
Católica"
3
.
No obstante, los
reformadores del 70 consiguieron realizaciones importantes: la misión alemana contratada
para tal fin organizó escuelas normales masculinas y femeninas en todos los estados;
entre 1870 y 1876 La Escuela Normal, revista bisernanaria y gratuita, publicó 3.000
ejemplares por entrega en donde tenían cabida las últimas corrientes pedagógicas y
científicas de la época. Las escuelas normales, su revista y las revistas Anales de
Instrucción Púbica y Anales de la Universidad infundieron en algunos sectores una
mística educativa ilustrada que se opondría al modelo confesional de la Regeneración.
En el seno de una familia
antioqueña proveniente de esta tradición nació Luis Tejada en 1898. Sus mayores se
dedicaron a la publicidad de las ideas progresistas a través de la educación y el
periodismo: Rodolfo Cano, su abuelo materno, fue director de la Normal de Antioquia entre
1877 y 1884; Benjamín Tejada Córdoba, su padre, de quien se dice que fue secretario
privado del general Uribe Uribe, fundó diarios y colegios en varias poblaciones de la
zona cafetera y defendió en sus artículos periodísticos el ideario positivista de
razón, progreso y temperancia; María Rojas Tejada, su tía, conoció los Estados Unidos
y Europa y fundó el primer kinder de Antioquia.
CONTINUAR
1 La Obra
completo de Luis Tejada, compilación de María Cristina Orozco y Gilberto Loaiza,
permanece inédita. (regresar1)
2
Jaime Jaramillo Uribe, "El proceso de la educación del virreinato a la época
contemporánea, en Manual de historia de Colombia, Bogotá, Procultura, 1982, pág.
269. (regresa2)
3
Ibíd., pág. 279. (regresar3)
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