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Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 33, Volumen XXX,
1993
Un libro institucional
100
años
del Teatro de Cristóbal Colón
Jaime Villa Esguerra
Colcultura, Santafé de Bogotá, 1993, 172 págs.
Entre las celebraciones conmemorativas
del primer centenario de la inauguración del Teatro de Cristobal Colón de Santafé de
Bogotá, Colcultura publicó un lujoso libro, profusamente ilustrado. Se trata del
cumpleaños de un importantísimo escenario cultural, obra arquitectónica refinada y
sobresaliente del neoclasicismo republicano, construida bajo la dirección del arquitecto
italiano Pietro Cantini y de otros notables artistas y artesanos como el escultor Cesare
Sghinolfi, Luigi Ramelli (ornamentador), Philippo Mastellari (pintor) y Anibale Gatti, el
autor del telón de boca.
La investigación, los
textos y la recopilación visual del libro estuvieron a cargo del arquitecto Jaime Villa
Esguerra, quien contó con la colaboración
de muchas personas que aportaron experiencias, datos, fotos, anécdotas, etc. La
obra es una reseña, en orden cronológico, de las manifestaciones artísticas que han
tenido cabida en el Teatro de Cristóbal Colón. Por sus páginas desfila una gama
inolvidable de artistas que, en cien años, se han incorporado a la fantasía, la magia y
los mitos de los espectadores, y han contribuido a la formación estética y al avance
artístico del país: músicos, cantantes, directores de orquesta, de coros, escénicos;
actores, mimos, bailarines, etc., y el personal técnico que está detrás de cada
función.
Jorge Ernesto Cantini
Ardila, médico de profesión y nieto de Pietro Cantini, escribe el capítulo "La
construcción de un teatro, en el cual proporciona datos interesantes sobre los
sucesos que acompañaron al abuelo en la edificación del teatro, sobre los artistas y
artesanos que intervinieron en la obra y sobre remodelaciones posteriores. Además hace un
minucioso análisis del estilo arquitectónico y artístico del edificio. Seguramente,
después de leer a Cantini Ardila, un espectador podrá disfrutar mucho más los bellos
detalles artísticos que adornan el Colón, y para aquellos que todavía no han reparado
lo suficiente en ellos el capítulo es una buena invitación a observarlos detenidamente.
Insistentemente se ha
dicho que el país carece, entre otras cosas, de memoria visual y esta obra, como
decíamos antes, contiene un rico material visual: rescata fotos de archivo y añade otras
más recientes del edificio y de los artistas nacionales y extranjeros que se han
presentado en los últimos años.
El texto pone énfasis en
lo anecdótico. Para el siglo XIX y comienzos del XX, las citas escogidas de los
periódicos se incluyeron para aumentar lo pintoresco y simpático, por lo cual prolonga
aquel pensamiento de que el teatro y las artes escénicas en Colombia, antes de mediados
de este siglo, se reducen a un pasatiempo de familias aristocráticas y a un público
bastante ingenuo e ignorante. Esta forma humorística pero compasiva de mirar el pasado
teatral comenzada a finales del siglo pasado, sumada a la falta de
conservación de documentos y de los contadísimos edificios teatrales, hace
que prevalezcan algunas inexactitudes y no se
tengan en cuenta importantes investigaciones de los últimos años. Tal es el caso de la
historia que hemos heredado sobre José Tomás Ramírez, promotor y socio en la
construcción del primer coliseo bogotano, antecedente inmediato del Colón y que se
contempla en este libro. Gracias a las pesquisas documentales del musicólogo Egberto
Bermúdez, sabemos que Ramírez era subteniente de milicias de caballería, llegado al
país a finales de la década de 1780 junto con un número considerable de militares. Por
lo cual pondría un gran interrogante a las versiones ya consagradas sobre el origen y
oficio de Ramírez.
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El
antiguo Col
iseo Ramírez, llamado después Teatro Maldonado, fue construido a finales del siglo
XVIII, como cristalización del pensamiento ilustrado que la corona española fomentó y
que se concretó en las reformas borbónicas que cambiaron profundamente, en varios
órdenes, la realidad de las colonias. En la segunda mitad del siglo XVIII, en toda la
América española se construyeron teatros, entre otros fines, para que fueran escenarios
del poder, difusores del progreso ilustrado y con la misión de civilizar y reprimir
algunos hábitos sociales de las clases populares considerados malsanos.
Igualmente el Teatro
Nacional, posteriormente Cristóbal Colón, construido durante la Regeneración,
respondió en el plano cultural a la política de centralización y unidad nacional que se
plasmó en la Constitución de 1886. Bajo una óptica europea se crearon instituciones
como el Archivo Nacional, el Museo Nacional, la Escuela Nacional de Música y otras. El
cambio de nombre de Teatro Nacional por el de Cristóbal Colón no fue solamente
coyuntural: integrar la obra a las celebraciones conmemorativas de los cuatrocientos años
del descubrimiento de América, sino que encajaba perfectamente dentro del resurgir de
identidad hispánica de los regeneradores. Igual que en el caso del Coliseo, el Teatro de
Colón debía ser colaborador en el proyecto de "regenerar" las malas
costumbres. Cambio de denominación que implicaba el "civilizar" al pueblo de
los ilustrados, con una alta dosis de intolerancia política.
Desde su creación hasta
ahora, el Colón se ha convertido en testigo o protagonista de las tendencias artísticas
y culturales que han caracterizado épocas, modificando y enriqueciendo el espíritu
inicial para el cual fue construido: ser sede de las más refinadas manifestaciones
artísticas. Y lo más refinado en aquella época era casi exclusivamente la ópera. Allí
quedaron los testimonios de veladas de diversa índole, juegos florales, conferencias,
actos académicos, como escuela para actores, y otros que también son reflejo de sectores
de la sociedad colombiana como coronaciones de poetas y reinas de belleza, elegantes
bailes y banquetes políticos.
En los últimos tiempos
ha sido uno de los instrumentos de la política cultural que los diferentes gobiernos, por
intermedio de Colcultura, han ejecutado como por ejemplo, ser sede de la Orquesta
Sinfónica de Colombia, de festivales de teatro, de la opera, del ballet, de la danza
moderna y de expresiones folclóricas (Noches de Colombia), entre otras.
Para los lectores que
deseen ampliar la información sobre los antecedentes del Teatro de Colón, Jorge Ernesto
Cantini Ardua es autor del libro Pietro Cantini. Semblanza de un arquitecto, publicado
en 1990 bajo el patrocinio de la Corporación Barrio La Candelaria. Libro aplaudido, en su
momento, por algunos arquitectos. En dicha publicación, Cantini hace un recuento de las
más importantes obras que le fueron
encargadas a este arquitecto y en el capítulo sobre el Teatro de Cristóbal Colón se
refiere, entre otras cosas, a las vicisitudes de la construcción del teatro, y en los
antecedentes históricos sobre el Coliseo Ramírez y el Teatro Maldonado aporta
documentación inédita, fruto de una búsqueda exhaustiva, que fija definitivamente la
disímil cronología y las dudas sobre los propietarios del coliseo capitalino.
MARINA LAMUS OBREGON
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