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Boletín
Cultural y Bibliográfico
, Número 33, Volumen XXX,
1993
El Estado como empresa privada
Limpiar la tierra.
Guerra y poder entre esmeralderos
María Victoria Uribe Alarcón
Cinep, Santafé de Bogotá, 1992, 150 págs.
Comentan los editores del
libro, en su presentación, que la investigación de María Victoria Uribe
"constituye un excelente ejemplo de la combinación del enfoque
histórico-estructural de larga duración con un acercamiento coyuntural, de corto plazo y
énfasis regional a los problemas de la Violencia" (pág. 10). No es ésa la
impresión que queda en el lector. Lo interesante del libro estriba en razones mucho más
sencillas: se trata de un pormenorizado trabajo, donde se le presenta a lectores
nacionales y extranjeros la etnografía total de las poblaciones donde predomina la
"economía de las esmeraldas", espacio en el cual se ha desarrollado uno de los
más trascendentales conflictos de violencia de la historia colombiana de la segunda mitad
del siglo XX.
La autora comienza por
describir las características geográficas y la historia poblacional de la región y va
introduciéndose paulatinamente en la cultura que se gesta en ese nuevo espacio.
El libro está compuesto
de cuatro capítulos y anexos. En el primero de ellos se aborda el entorno en donde se
ocurren los acontecimientos: la así denominada "zona esmeraldífera" integrada
por municipios ubicados entre el Magdalena medio boyacense, las provincias de Vélez, en
Santander, y de Rionegro, en Cundinamarca. En el segundo capítulo, la autora penetra en
la cultura de la población dedicada particularmente a la economía que se desarrolla en
torno a la explotación de las minas de esmeraldas, sin descuidar las diferencias con el
resto de los habitantes catalogados por ella de "pueblerinos". De manera
interesante se da cuenta de las formas de ser, de vestir y en general de comportarse tanto
de los esmeralderos como del resto de habitantes de la región.
Resulta interesante
advertir, en la narración de María Victoria Uribe, cómo la música popular mexicana ha
influido en la cultura popular que se gesta a raíz de procesos de colonización. También
los colonos del viejo Caldas, del norte del Cauca, de Córdoba, para citar algunos casos,
construyeron sus poblaciones escuchando ese tipo de música. Estos, un poco antes que los
esmeralderos, se identificaron también con toda la simbología que encierran los
contenidos de la ranchera.
No profundiza la autora
en la procedencia de quienes habitan la zona esmeraldífera. De gran importancia sería
demostrar si quienes se ocupan del negocio de las esmeraldas en su mayoría son oriundos
de la región. De alguna manera el crecimiento del paramilitarismo y demás agentes de
violencia se aceleran en la etapa posterior a la finalización del pacto del Frente
Nacional. Una variable que identifique la pertenencia partidista conservadora en
dispersión o desaparición y esmeralderos podría arrojar luces de comprensión. Máxime
cuando la autora dedica especial parágrafo del segundo capítulo a los valores y a la
religiosidad de los esmeralderos.
En el capítulo III,
queriendo mostrar la zona esmeraldífera como un espacio en permanente conflicto, la
autora acude a su historia remota. En ella encuentra "dificultades en la
implantación del regimen colonial", "indios salteadores y precursores de los
bandoleros", "maltrato e imposibilidad de someter a las poblaciones",
escenario por excelencia de la guerra de los Mil Días y de grandes conflictos sociales
durante lo corrido del siglo XX. Para la ilustración de los enfrentamientos concernientes
a los últimos decenios, el capítulo da cuenta del nuevo tejido social que cubre el
espacio geográfico de la zona esmeraldífera: la liberalización forzosa de la región a
partir de 1930, la reconservatización, también forzosa, después de la caída de la
República Liberal; la explotación de las minas y la intempestiva acumulación de
capitales, los fenómenos de la guerrilla, el narcotráfico y sus cruces con la violencia
de los esmeralderos.
A partir del capítulo
IV, la investigación entra en materia. Se analizan los pormenores de las últimas guerras
de la zona. Se sostiene que es la entrega, que hace el Banco de la República en 1969, de
las minas de esmeraldas a los particulares, la causa de los cruentos enfrentamientos.
"A partir de esa dislocación escribe la autora de lo público-nacional
en privado-local se configura el papel del Estado como el gran ausente y su sustitución
por formas privadas de poder local. La retirada del Banco de la zona esmeraldífera deja a
la comunidad de occidente librada a sus propias fuerzas, con un botín de incalculable
valor por repartir y sin ninguna intermediación estatal en los conflictos que suscita
esta repartición, cediéndole, de paso, el uso de la fuerza a los particulares, quienes
convertirán la guerra en el instrumento para definir el mando" (págs. 92-93). Es
ésta una conclusión válida, que indica en peligro de la desaparición de la influencia
del Estado en un país donde éste no se ha caracterizado por su fuerte presencia.
Finalmente María
Victoria Uribe concluye: "Si se considera al Estado como la única posibilidad
legítima de construcción de lo público, lo que sucede en la zona esmeraldífera podría
verse como la gestación de un poder privado a partir de la riqueza que generan las
esmeraldas y la consolidación del mismo mediante una estructura militar coercitiva. Sin
embargo, si se le mira desde otra perspectiva, podría considerarse que dicho poder
coercitivo, que encuentra resistencia en algunos sectores de la sociedad civil, goza de
una cierta legitimidad entre los habitantes de la región, la que está fundamentada en
los siguientes factores: redistribución de la riqueza hecha por los patronos al construir
infraestructura vial y dotar la región de algunos servicios públicos; generación de
empleo en las minas que se tienen en concesión y rotación de los cargos dentro de las
empresas mineras; los patronos son la garantía que tienen los habitantes de la región de
que el Estado no va a inmiscuirse en el manejo de las minas. Todo lo anterior contribuye a
que el poder local se publicite y termine por suplantar al Estado en todos los órdenes
económico, social y político, sin llegar a cuestionar la legitimidad"
(págs. 99-100).
No obstante que la
utilización de la historia oral podría arrojar más luces si se tuviera en cuenta no la
singularidad de una o dos entrevistas en particular, sino tomadas todas en su conjunto,
creemos que la investigación de María Victoria Uribe amplía lo que se ha escrito sobre
la historia de la violencia endémica en que se ha debatido el país durante todos los
tiempos.
CÉSAR AUGUSTO AYALA
DRAGO
Profesor e investigador
Universidad Nacional de Colombia
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