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Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 33, Volumen XXX,
1993
Dashiell Hammett en Chapinero
El
informe de Galves y otros thrillers
Roberto Rubiano Vargas
Tercer Mundo Editores, Santafé de Bogotá,
1993, 160 págs.
Cuando veo la
ahora muy recurrida palabra thriller, de inmediato pienso en algún bodrio de
Michael Jackson. Thriller: "Cosa, persona o historia conmovedora,
entusiasmadora, espeluznante, etc.", reza el patético diccionario. En la batalla de
los géneros literarios, según esta hospitalaria definición, thriller es
cualquier escrito que alcance una determinada intensidad dramática. Más que un género,
pues, habría que hablar de una especie de sello de calidad.
El
autor de estos "thrillers" nació en Bogotá en 1952 y reside hace más de diez
años en Quito (Ecuador>. Conocíamos ya su gusto por las buenas letras, gracias a un
curioso y bien editado manual para escribidores, Alquimia de escritor (1991). Del
presente volumen sabemos que ha sido galardonado en el II Concurso Nacional para Libro de
Cuentos Ciudad de Bogotá, en 1992. Pese a ello, a veces ocurre, es un buen libro.
żNovela
negra? Así como se habla, un poco arbitraria o metafóricamente, de mar rojo, fiebre
amarilla, sangre azul, eminencias grises o viejos verdes, se habla de novela negra. Los
procedimientos en estos relatos son los de la novela negra, la técnica también; eso no
creo que tenga discusión. Son típicos los cambios súbitos de narrador, el poco original
lenguaje coloquial (que explica expresiones como quiubo, chévere, "él es mi
karma", fetecuaron a la pinta, "tuve una discusión tenaz", primor,
un bisnes...), así como el hoy tan elogiado ahorro de medios, la concisión que
desdeña el poético rasgo circunstancial, hoy considerado vetusto recurso decimonónico.
El
hecho de adaptar a nuestro medio el Chicago de los años treinta, idea no del todo
descabellada, nos lleva a un Hammett aún más brutal, curioso engendro en medio de una
ciudad poética que casi nunca aparece en los libros:
"Continuaba
el verano de caricatura en
Bogotá y
la gente sudaba dentro de sus autos con las ventanillas cerradas para evitar
atracos". Los personajes, de rancia estirpe de clase media, se alimentan de pan,
kumis y televisión; las interminables avenidas de mercurio tejen la telaraña nocturna de
la ciudad. La diferencia esencial con Hammett está al final. Porque aquí no tiene
ninguna importancia un muerto, "una muerte más en un país sembrado de
muertos".
Es
cierto que hay muy poco escrito sobre Chapinero y en general sobre nuestra clase media
urbana. Está por ahí Luis Fayad, o algo de Perozzo, pero, desde luego, el hecho de no
tener muchas referencias a la mano no significa que esté prohibido escribir sobre
cualquier cosa. Antes al contrario. Uno escribe como le dé la gana, dice Bryce Echenique.
Yo añadiría que uno escribe lo que le dé la gana, sólo limitado por las eternas leyes
del principio de Peter, o sea por su propia incapacidad.
Es
claro que el autor sabe escribir; y lo hace con la sabia mesura del buen guionista. Nunca
leí nada en estilo tan común y corriente, y lo digo como un elogio, porque la sencillez,
bien lo sabemos, es lo menos sencillo del mundo. Es una literatura sin demasiadas
pretensiones, pero muy eficaz. Yo diría incluso que podríamos hablar de cuento policial
dentro de cuadros costumbristas, tanto que más de un episodio aquí narrado debe ser
real. En todo caso lo de los géneros, desde Benedetto Croce, es lo de menos.
En
cuanto a los temas, a estos relatos los recorre un tema recurrente, propio de la
literatura fantástica, el del objeto preciado, único en el mundo, que desaparece para
siempre dentro del cuento. El argumento del que da título al libro es muy simple. Juan
Ramón Galves es autor de El archivo maldito (1956), que "tiene la virtud de
ser la primera novela policiaca, en la mejor tradición del género negro, escrita en
Colombia". Es la historia del libro del que queda un solo ejemplar, así como la de
su confiscación, también ejemplar. Galves me imagino que también el autor
es lector de Hammett y de Chandler, en sillones de peluquerías. Se trata de alguna manera
de corregir la historia oficial, porque "la version histórica siempre es la
apoteosis de los triunfadores, mientras la literatura es la opción de los
derrotados".
La
novela de Galves es medio paranoica; el cuento también, pero "el paranoico es sólo
un buen observador de las malas costumbres ajenas", dice el filosófico Galves. Este thriller
está seguido por unas Páginas de la novela policiaca de Juan Ramón Galves,
salvadas por Edgard Solano en copia Xerox", en las cuales se propone otra versión
del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán...
La muñeca de ébano es otro cuento crudo y realista, muy sobrio y eficaz.
Podemos imaginar a una especie de Humphrey Bogan chapineruno que va desgranando sus
reflexiones: "Dicen que las mujeres son mejor a los treinta años que a los veinte,
uno de esos pensamientos de consolación que el género humano se hace para soportar su
indefectible tránsito hacia la vejez y la muerte". O bien: "Preferí seguir
detrás suyo observando su cuello: ese lugar perfecto para dar un mordisco de vampiro. O
un beso".
El
autor utiliza el sistema de las "cajas chinas" que se imbrican unas en otras,
como en Las mil y una noches. El relato que se titula thriller es un guión
cinematográfico y el protagonista es un autor de guiones cinematográficos, a quien el
cine ha ido convirtiendo
en un
mutante extraviado entre la infancia y la vejez.
En
la habitación de Virginia Woolf el personaje pasa las noches frente a una hoja de papel
en blanco, imaginando historias con unicornios, nubes y flores, mientras de la calle llega
el sonido de ráfagas de ametralladora, disparos secos y el aullido de las ambulancias,
"y mientras guarda la hoja blanca y el lápiz sin usar, piensa que así debe ser la
vida de los poetas en Beirut. De nuevo se trata de la obsesión por la posesión del
libro único:
ahora el libro famoso
es una edición única del Quijote: "Yo tenía tres antiguos deseos a los que había
renunciado casi al momento de formularlos: asistir a un concierto de los Rolling Stones,
acostarme con Nastassia Kinski, y poseer un ejemplar de la primera edición de El Quijote.
Ahora, uno de esos sueños imposibles se materializaba ante mi".
Los papeles de Juan de la Cuesta es un relato memorable desde su mismo
comienzo: "Así como los ingenuos necesitan de los pícaros y los inteligentes buscan
a los estúpidos...".
En
Al lado de Clint Eastwood se narra la historia del joven bogotano que imagina que
lleva siempre a su lado, como ángel guardián, a su héroe de la pantalla.
Lo que más me
ha llamado la atención en estos agradables relatos es el asombroso manejo del diálogo.
Propongo al lector dos breves ejemplos ilustrativos:
żAnda con ese tipo?
Es
el amigo de Patricia. żAlgo malo?
No.
Sólo que es un completo imbécil.
A
usted todo el mundo le parece un imbécil dijo ella, dándole la espalda.
Usted
está muy rica repitió él.
Sabe
qué dijo ella, enfrentándolo. Yo no soy un bizcocho.
Carajo,
no me diga que usted es de esas locas feministas.
No,
hermanito. Yo solamente soy yo.
Me
pregunto qué le hace falta a este libro, al que pocos reproches puedo hacer. Siento que
de alguna manera el autor está cercano a las puertas de la excelencia, y que al mismo
tiempo tiene que descubrir la llave perdida. Aprecio su sobriedad, así como aprecio a
escritores retorcidos. Pero advierto alguna carencia. La respuesta a este enigma es algo
complicada. Acaso el problema esté en los temas. Es cierto, como señala Cortázar, que
hasta una piedra es interesante cuando de ella tratan un Chéjov o un Sherwood Anderson.
Pero también es cierto que es mejor escribir acerca de una piedra preciosa o una piedra
lunar, o sobre la piedra que trae un hombre del futuro, que sobre una piedra cualquiera.
El problema, creo yo, no está en el escritor. Rubiano Vargas muestra a las claras que
tiene talento y que, si tiene alientos y un gran tema, condiciones no sencillas de llenar,
es capaz de una obra maestra, de un thriller inolvidable. La dificultad está, me
parece, en una moda, en una convención reductora que nos limita y empobrece. En los
últimos tiempos se ha vuelto evangelio que el escritor debe renunciar a las grandes
pretensiones, porque, se nos dice, ya no hay lugar para la gran novela; debemos darnos por
satisfechos con que haya libros. Hoy, la brevedad manda. La vida vuela y nadie tiene
tiempo para leer largos libros. La brevedad puede ser también una respetable
opción estética, pero creería más en ella si
los editores no la tuvieran en cuenta. Un Proust, se nos dice, es hoy inaceptable. Yo, sin
embargo, sigo viendo gente que lee a Proust. Esta posición claudicante, algo mendicante,
se basa en las estadísticas y tal vez en el miedo a la desaparición de un oficio. żY
qué le vamos a hacer? El escritor tiene que atreverse a escribir lo que le salga, así
nadie lo lea, así los editores rechacen todo lo que pase de cien páginas. No importa que
el papel hoy sea más costoso que el talento. Presumo que este escritor tiene mucho que
decir, si se atreve y le interesa transgredir los prejuicios de su tiempo, si pasa de
Dashiell Hammett a Proust y de Chapinero al universo, o si consigue la magia, en alguna
página memorable, de que Chapinero sea el universo.
LUIS
H. ARISTIZÁBAL
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