|
Boletín
Cultural y Bibliográfico
, Número 33, Volumen XXX,
1993
|
|
|
|
Evelio Rosero Diago
|
|
La creación literaria
EVELI0
ROSERO DIAGO
Trabajo fotográfico: Iván Flórez de Armas
ES NATURAL QUE EN LA CREACION LITERARIA cada
autora suma un método invariablemente distinto del de otros autores. El proceso de la
creación literaria no implica un sistema definido; es individual y, por supuesto, una
individualidad jamás podrá ser idéntica a otra, excepto, claro, si se deja de ser
individualidad. Aunque se trate de dos o tres autores elaborando la misma ficción (el
mismo asunto literario en torno al mismo eje), cualquier estudioso o interesado, sin gran
uso de perspicacia, podrá distinguir la mano o estilo de cada autor, su obsesión por
determinadas imágenes, incluso palabras, en fin, aspectos ideoliterarios particulares,
abstrusos devaneos, características íntimas para adelantar la trama y culminarla.
Ningún autor podrá esconderse nunca de sí mismo, aunque sea esa la aparente eterna
finalidad. De modo que yo no podría hablar sino de mi propia creación literaria. No
respondo con esto a ningún propósito personal. Es posible que a más de uno pueda
importarle un comino la manera como enfrento el desarrollo de mis creaciones; de cualquier
forma quiero aclarar que las posteriores reflexiones me nacieron del mismo público, en
varias charlas y entrevistas, cuando se me preguntaba con insistencia sobre el método y/o
proceso que empleo para desenvolver un cuento o una novela. Como ha sido ésta una
pregunta constante en las relaciones con mi reducido público lector, me ha nacido el
propósito de intentar responder (y no sólo a ese público sino a mí mismo) sobre cómo
organizo o desorganizo mi lenguaje para realizar la obra. Al mismo tiempo, es de anotar
que también el proceso creador de cada escritor tiene variaciones, según la obra y el
género, pero igualmente dichas variaciones son individuales, y están de todas maneras
signadas por la permanente interioridad del escritor, que es como una huella fija.
Una de mis
novelas, por ejemplo, la segunda de una trilogía titulada "Primera vez", Juliana
los mira, de algo más de doscientas páginas impresas, era al principio un cuento
breve, o mejor un minicuento, de una sola cuartilla dividida en dos párrafos, titulado Juliana
mirándolos. Ya con mucha anterioridad en 1978 había elaborado y
publicado otro cuento, sin ninguna relación con el segundo, titulado solamente Juliana.
Pero esta insistencia en el nombre del personaje es de por sí bastante significativa,
en la memoria de mi infancia. En fin, volviendo al minicuento Juliana mirándolos, el
acto de "corregir" el primer párrafo me originó casi sesenta páginas de
riesgos o explicaciones conmigo mismo, o, mejor, justificaciones que, más tarde, después
de doce meses sin tregua quedaron convertidas en novela. He dicho "riesgos",
"explicaciones" y "justificaciones". Pues bien, todas estas
significaciones tienen que ver conmigo. No pienso en ningún lector cuando escribo, sólo
en mí mismo, como lector de lo que escribo, y me es muy difícil creer en mí mismo, en
lo que edifico, y es por ese motivo que vuelvo una y otra vez sobre mis pasos hasta lograr
quedar casi persuadido de que todo es más cierto que una olla quemándose en el fogón de
la cocina. Todo tiene que resultarme completamente verídico, aunque racionalmente
entienda que más de un 80% de mis ficciones sean sólo un trabajo de imaginación. Para
mí, al poner punto final a Juliana los mira, quedó el alivio del convencimiento
de la vida de Juliana; su vida es más viva que yo; de hecho, yo estoy más muerto, ella
no; así tiene que ser. Pero no siempre se cumplieron estos propósitos, y de ahí un
creciente desencanto por mis propias ficciones. La magia nunca fue constante. Mis
reiteradas explicaciones conmigo mismo, a través de capítulos y capítulos
engrosándose, no produjeron siempre el efecto positivo que soñaba; las más de las veces
sólo hubo el desencanto de no resultar convencido, aunque cualquier lector se haya
acercado a preguntarme convencido sobre los derroteros de cualquiera de mis
personajes, indagándome sobre ellos, casi que pidiéndome la dirección y hasta el
número telefónico.
|
|
|
|
|
Libro
publicada en Barcelona por la Editorial Anagrama, 1987.
|
|
Planeta Colombiana Editorial realizó la
publicación de este libro en 1988.
|
En alguna ocasión, en España, una periodista me
propuso, como gran idea, que escribiera la segunda parte de Juliana los mira; esto
es, que Juliana dejara de ser niña y que yo presentara al lector sus vicisitudes de
adolescente.
Aquella
petición me produjo más de un escalofrío y calentura, no solamente cerebral, sino
axilar.
Desde
mi experiencia creadora con Juliana, siento un indecible temor cuando corrijo un cuento
breve, pues no deja de resquebrajarlo a uno, por la obsesión en las justificaciones,
encontrarse de pronto, a bocajarro, ya no con un cuento breve sino con una novela en
ciernes que lo toma a uno por la garganta y lo asfixia, a no ser que uno se muera durante
dos o tres años y ponga el punto final, para liberarse del apretón.
Podría
afirmar, ahora, que cada uno de mis cuentos, sobre todo los más breves, son en realidad
un esbozo subterráneo o sinopsis involuntaria de novela, pero un esbozo espontáneo,
nunca premeditado.
|
|
|
En 1989 Carlos Valencia Editores hizo esta
edición.
|
Son sinopsis de novela en la medida en que al
sentarme a corregirlos" desatan en mí una pasión por el caos de explayarme y
preguntarme y responderme por qué diablos escribí esta o tal frase, esta o tal
aseveración, por qué decidí esconderme en tal párrafo, por qué tuve el temor de no
decir esto, y por qué fui tan desvergonzado al añadir aquello. De manera que cuando
escribo un texto corto no paso de una primerísima y rápida corrección, a manera de
juego, de recreo, como si dijera, para mis adentros: "Otro día lo corregiré
mejor", pero sabiendo de antemano que ese otro día no llegará, y que ojalá Dios y
el Diablo no lo permitan. Sin que sepa cuál es el resultado literario real, para los
críticos, de mis obras, soy obsesivo con las correcciones, en mis novelas. Hago varias
versiones de un mismo capítulo, inserto poemas, realizo injertos de frases nacidas al
azar en cualquier paseo, en fin, me parece que todas mis obras son vivisecciones de la
imaginación.
CONTINUAR
|