Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 33, Volumen XXX, 1993

La cosecha del exilio


Narradores colombianos en U.S.A.:
Antología

Eduardo Márceles Daconte
Colcultura. Santafé de Bogotá, 1993, 250 págs.

Esta nueva colección Colombianos en la diáspora del Instituto Colombiano de Cultura, en buena hora, intenta rescatar y presentar autores de variados géneros que por diversas razones emigraron de su patria, y que ahora en tierra ajena continúan laproducciónde una literatura "a menudo desdeñada por el olvido o la marginalidad".

El presente volumen Narradores colombianos en U.S.A., el primero de la colección, entrega el trabajo narrativo de 13 escritores, seleccionado y presentado por Eduardo Márceles Daconte. "Escritores colombianos radicados en Estados Unidos por un período de tiempo que, a diferencia de visitantes, les ubica en condición de inmigrantes y que tienen ya un corpus literario de cierta trayectoria con una producción publicada o inédita que justifica su inclusión en la muestra".

¿Qué tiene de común el material de esta antología? Poco. Los textos son relatos cortos excepto un fragmento de novela. Los autores son en su mayoría de origen costeño y todos son varones excepto una mujer. Ahora, respecto a la literatura como bien lo señala el compilador en el prólogo, tiene las características de la literatura de inmigrantes. Márceles clasifica a estos escritores en: los biculturalcs que escriben en las dos lenguas sobre fenómenos de ambas culturas; los nostálgicos que escriben en castellano evocando lo amable o lo amargo de su país de origen; los asimilados que sólo escriben en inglés sobre temática desligada de las dos culturas; los localistas únicamente enfocan la experiencia de la comunidad de inmigrantes, y por último están los híbridos que se alimentan de los dos mundos. En la introducción también el autor habla de otros escritores colombianos hoy famosos, que vivieron en Estados Unidos y de las dificultades por las que atraviesa un escritor al residir en un país como ese, donde la búsqueda fundamental de la vida es dura y donde dejar lo suyo y asimilar lo ajeno no es tarea fácil y con mayor razón para un colombiano. No obstante, aquí está el trabajo de más de una docena de escritores que viven en calidad de inmigrantes en ese país y que de alguna manera están dedicados al oficio. Literatura que tiene en común un desasosiego, una desesperanza, un desamor, y sobre todo una gran violencia. Una selección, que como todas, trae buena literatura y mala literatura y donde lo único real es que vivir allá en Estados Unidos, no les ha servido para escribir mejor, o para dar un paso más allá.

Un relato bien escrito el de Jaime Manrique (Barranquilla, 1949). Se llama El día que Carmen Maura me besó está ubicado en Nueva York y narrado en primera persona. Es un relato referido a Colombia, a nuestra violencia. Una narrativa ágil y sutilmente divertida, donde lo importante no es lo importante, ni Carmen Maura, ni el cine, ni el beso, porque lo verdaderamente importante es lo inesperado.

Un cuento distinto porque rompe con esa clásica manera de contar es La es quina del movimiento de Armando Romero (Cali, 1944). Es un texto poético, escrito de forma diferente, narrado en primera persona. El oficio del protagonista es el de informador, y así entra en la oscuridad de la noche, de su noche, para traer un recuerdo de niño, de hombre, de macho, de fantasma, que se mezcla con sus sueños. La relación con una mujer, misiá Herminia.

Un cuento bonito, el de Miguel Falquez-Certain (Barranquilla, 1948). El rostro Evanescente, una mujer anciana—sola y abandonada— desde su lecho de muerte donde se pudre narra su vida a manera de diario. Otra voz interviene para contar la vida de ella en forma periodística, es una recolección de datos o rumores. Voces que se intercambian para dar cuenta de su vida. Una mujer que ama a las mujeres, que nunca quiso casarse con varón alguno y que tuvo siempre, hasta ancianita relaciones amorosas con mujeres. Aquí no sólo es bella la historia por lo del amor, sino la forma, el ritmo y la alacridad de la manera de contar. La pureza de lo simple.

Una narración diferente la de Tomás González (Medellín, 1950) en Víctor viene de regreso. La situación se desarrolla en los Estados Unidos. La narración lenta y muy sencilla presenta dos tiempos: un pasado y un presente. En una atmósfera de una soledad muy grande, se asienta una historia triste y violenta, de un pasado que regresa pero sin regreso. Y él está solo.

Cuento muy feo el de Silvio Martínez Palau (Valle, 1954). Papel higiénico se llama, ya su nombre lo dice todo o casi todo. Intenta ser chistoso pero es vulgar. En él, el lenguaje castellano está muy maltratado, astroso, no con intención sino con descuido. El tema es el maltrato y el abuso por parte de los gringos a los inmigrantes; en este caso el meollo del asunto es cuestión de aseo. La persecución a los sucios.

Freda Romero de Mosquera (Barranquilla, 1960), nos habla enLa rendija de la violencia y el deseo. Eros y Tánatos. Una historia interesante pero terrible, nueva por estar ubicada en una atmósfera de fin de siglo, violenta, y vieja por ser la eterna historia de la soñadora de fantasías. El placer y la muerte.

También sobre violencia escribe en Aroma de muerte Heriberto Fiorillo, (Barranquilla, 1952). Es casi un guión cinematográfico, lento, descriptivo, estacionario, con una trama que no parece conducir a ninguna parte. Y Vicente Trezza, (Barranquilla, 1932) en El clarinete de José Delito. Narrado por la voz de un niño con todas las atrocidades de que es capaz de hacerlo un chico. En primera persona, relata la vida de un personaje que amaba su clarinete y que odiaba y hacía daño al resto del mundo. Horror y realidad.

Respecto al fragmento de novela de Luis Zalamea (Bogota, 1921), correspondiente a la otra orilla del perdón , escasas nueve páginas son apenas una muestra de una narración despaciosa, rica en descripciones de la vida cotidiana y de un ambiente bien logrado de inmigrantes latinos, donde el protagonista, Angel Delfín, con apenas 55 años pero que ya parece un viejo, reflexiona sobre su vida, y tal vez sobre lo que es el tema de la novela, y donde la voz que narra interviene para enfatizar más de la cuenta, que son latinos en U.S.A.

Escojo para reseñar los textos más significativos, el resto cae en el montón que aumenta tanta literatura para los estantes, y para los variados gustos. Los autores, cuyas biografías aparecen al final del libro y cuyos nombres no aparecen en la cubierta, han hecho, en su mayoría, estudios de literatura, están dedicados a ella y de alguna manera, a pesar de ser inmigrantes, están vinculados profesionalmente alaactividad literaria. Casi todos tienen más de dos volúmenes publicados y una trayectoria como escritores tanto en Colombia como en el exterior. Lo que sí es irremisible y siento decirlo, viejo vicio de las publicaciones de Colcultura, son los errores de impresión.

DORA CECILIA RAMÍREZ