|
Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 33, Volumen XXX,
1993
El calor sofocante del
trópico malsano
Primeros
cuentos
(1964-1968)
Oscar Collazos
Centro Editorial, Universidad del Valle, Cali,
1993. 154 págs.
Oscar Collazos nació en
Bahía Solano en 1942. Sus primeros cuentos, reunidos bajo el título El verano
también moja las espaldas, se publicaron en 1966 en Medellín, en una pequeña
editorial, y a éstos les siguió tan sólo un
año más tarde, otra serie bajo el nombre de Son de máquina. En 1993 la
Universidad del Valle publicó Primeros cuentos, una selección realizada por el
mismo autor, donde aparecen uno a uno los mejores cuentos de su juventud.
Más que cuentos en el
sentido estricto de la palabra, podríamos nombrar estos escritos como
"relatos", recreaciones de la vida en un pueblo hirviente de la costa pacífica.
Los sueños del adolescente (el mismo autor), el padre autoritario, la madre beata, las
frustraciones, el ambiente detenido de un pueblo olvidado, son el eje central de las
narraciones.
La recopilación se
inició con Eclipse; ya en éste se perfila el estilo limpio, claro, sin
pretensiones de ruptura, con diálogos cortos dentro de la narración como otras voces,
siempre por debajo de la voz central del narrador-autor. De una pincelada aparece Bahía
Solano, las gotas de sudor, la pobreza, las funciones sociales y el miedo al castigo
divino. El cura, pater familias del pueblo, siembra el terror vaticinando el fin
del mundo tras un eclipse de luna. "Desde ese instante no se oyeron sino rezos y
plegarias y llantos de los niños escondidos entre las faldas de sus madres y arropados de
pies a cabeza con su llanto interminable". Entre los llantos y predicciones, aparece
el muchachito, hijo del liberal, que repite convencido las "herejías" que ha
aprendido y se burla del terror de las mujeres, de las ventas de velas benditas que hace
el padre, de la ignorancia del pueblo mientras oye en la radio la Sonora Matancera.
"¿Es que
no sabes lo que va a pasar?" le pregunté, "Mi papá me dijo que eran mentiras
del cura para que se confesaran y para ganar plata bendiciendo velas", dijo Cachito,
riéndose, haciendo pompas de jabón que se levantaban mostrando...". En la mente del
pequeño protagonista, imbuida ya en la superstición de quien lo cría, Cachito y su
padre están condenados a la hoguera del fuego eterno. "¿Qué clase de
papás tendrá Cachito que lo dejan hacer esas cosas?" me dije y me imaginé a
su papá otra vez, echando sangre por la boca muriéndose y luego bajando a los infiernos
por un camino de mujeres desnudas y muy blancas.[...]".
Algunos crattcos
literarios encasillaron a Collazos como un escritor de la violencia. Fruto, pues, de la
sangrienta lucha bipartidista, su literatura estaría empapada de dolor. La recopilación
actual, ajena a toda interpretación, se aleja de este ámbito, para llegar posiblemente a
un sector sociológico, una mera descripción del ambiente de pueblo de la zona Pacífica,
un relato atemporal. Innegablemente, encontramos alusiones políticas. Sin embargo, estos
relatos retratan y recrean un trozo de vida en la provincia, y la maestría radica en la
manera de escribir, diáfana, casi como el seguimiento de una crónica. Collazos es el
cronista que atisba y, como escritor, evita el estilo relamido, el atiborre de adjetivos,
la banalización o el juego de palabras, para con habilidad reunir un trozo del vivir
colombiano a través del adolescente que se inicia en el sexo y teme represalias divinas;
del tendero que seduce jovencitos con fotografías de mujeres desnudas y del padre
hastiado que pega azotainas y reniega por tener que dar dinero. La escuela tediosa, el
cura estafador, la niña deshonrada y perdonada después, las nubes, los mosquitos, la
música, el joven que logra salir de la provincia tras el sueño americano y regresa
vacío, la prostituta que guarda absoluta vigilia en la Semana Santa, las revoluciones
estudiantiles, los sueños del adolescente y el barco que nunca llega a ese maldito puerto
abandonado, son la esencia del pueblo perdido y el núcleo de las historias que se
entremezclan y entrelazan.
Collazos se dedicó, más
tarde, al periodismo, ya curtido en este oficio de cuentista-cronista, y ha publicado
novelas y otros cuentos, que han sido traducidos a cinco idiomas. Relatos que llevan por
el mundo el calor sofocante de este trópico malsano.
JIMENA MONTAÑA CUÉLLAR
|