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Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 33, Volumen XXX,
1993
Agúzate
La salsa en Cali
Alejandro Ulloa
EdicionesUniversidaddel Valle, Cali, 1992,619
págs.
La salsa, un fenómeno de
la cultura de masas inundado por escritos periodísticos generalmente desorientadores,
cuenta en el libro de Alejandro Ulloa, profesor de la Universidad del Valle, con un
intento de apoyarse en ella para comprender el proceso sociocultural de una ciudad en
particular. Ya esto constituye un avance significativo sobre los trabajos de divulgación,
conocidos en Colombia desde los años setenta, que presentaban esfuerzos documentados
coexistiendo con habladurías de última hora.
En términos generales, se
trata de un libro útil que abre trocha. Como es usual en este tipo de trabajos, la
variedad temática abordada y las nume
rosas hipótesis que
servirán de guía para los investigadores del futuro dieron lugar a un volumen grande,
excesivo para el fin buscado.
La primera parte del
libro, titulada "La salsa y su historia", se propone divulgar los elementos
conceptuales de la obra de Femando Ortiz, básica para una comprensión científica del
tema, junto con un recorrido, que parte de la prehistoria y llega a los años sesenta,
unas 192 páginas después. Con todo el interés que despiertan páginas semejantes entre
los aficionados, sugeriría hacia el futuro que los investigadores de música del Caribe
acorten esta parte introductoria, teniendo en cuenta que el público actual dispone de
cierta información.
La segunda parte, titulada
"La salsa en Cali", es un compendio del proceso histórico del Valle del Cauca
hasta recibir la salsa, música cubana reelaborada en Nueva York durante los años setenta
(en contraste con Ulloa y con casi todo el mundo, considero que los explosivos ritmos
elaborados por los puertorriqueños durante los años sesenta no forman parte de la
salsa). Hay aquí un registro interesante de la fiesta caleña desde El Alférez Real
hasta Niche que ha debido culminar en el desaparecido Convergencia de Rafael Quintero,
pasando por los "aguaelulos", los "champús", los bailes de cuota,
Fantasio, el Bar de William y la legendaria efervescencia de cantinas y prostíbulos
caleños de épocas pasadas. Se destaca la conexión de la intelectualidad con la vida
bohemia, que ha dado lugar a trabajos literarios como los de Umberto Valverde y Andrés
Caicedo y, sobre todo, a interesantes biografías que están por escribirse.
En mi opinión, las
páginas mejor logradas son las dedicadas al análisis de la radio caleña; en cambio, el
intento de construir un juego de oposiciones entre Barranquilla y Cali está fuera de
lugar. Para esto habría que escribir otro libro y, previamente, vivir todo el proceso del
carnaval de Barranquilla.
Finalmente, el trasfondo
de este ejercicio merece una reflexión corta pero especial. Ulloa concibe su libro como
una teoría de la "caleñidad" evidentemente prematura. Construida sobre la base
de una música popular bien comerçial y bien mala, como la de las orquestas de la salsa
caleña, y del baile mecanizado que deja por fuera la cadencia del cuerpo, esta
"caleñidad" no le hace justicia a esa tierra tan hermosa, ni a las caleñas de
otros tiempos. A esos viejos y viejas de los bailes anuales de los coleccionistas de
discos, donde se sabe que gallina vieja da buen caldo y nadie pierde el tiempo bailando
con "sardinas", que hacen foxtrot, bolero, beguine, plena, rock nroll,
guaracha, y todo ello con la gracia del Caribe, que se perdió cuando la salsa se
convirtió en la imagen que vende a la ciudad.
ADOLFO GONZALEZ HENRIQUEZ
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