Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 33, Volumen XXX, 1993


Acercarse
a la exhalación


Huella
Jorge Rojas
Fondo Cultural Cafetero, Santafé de Bogotá,
1992, 105 págs.

La medida de la poética de Jorge Rojas ha estado dictada siempre por un yo a prueba de balas —que se dice— regocijado en su hábil manejo de distintos registros expresivos (desde uno huidobriano o girondiano hasta el antipurista de Nicanor Parra) 1 - La tradición peninsular pesa con justo derecho en esta palabra, pero es como si Juan Ramón yelpiedracielismo tuvieran un Neruda que les recordara en toda ocasión aquel compromiso con la materia, la muerte. El alado idealismo necesita su dosis de tierra. Por eso es que, en cuanto a la seguridad formal, vale para Rojas ese instinto de composición, digamos, aprendido en la mejor fuente, la de Paul Valéry (de quien tradujo El cementerio marino) 2. Los aciertos y embates del poeta de Santa Rosa de Viterbo tienen relación directa, entonces, con una convicción en los poderes de la palabra, cuyo exceso a veces puede acogotar al poema con repetidas marejadas. En la Obra poética 1939-1986 salta a la vista el contraste entre las fuerzas verbales en expansión y el recogimiento de las palabras (por su estrechez voluntaria o pérdida de entusiasmo); triunfan, lo sabemos, las primeras, dado quizá el sentimiento que suele impulsarlas:

Después de todo esto vengo a verificar que soy un poeta romántico —como cualquier simbolista, surrealista o dadaísta—, sencillamente porque soy un hombre romántico. El movimiento, como la imaginación, me seducen por igual. Cada cierto tiempo quemo mis naves 3 .

El poeta, siendo plenamente consciente de los resultados, ansía "un envidiable medio" situado entre "un radical intelectualismo a lo Valéry y la más extrema aceptación del inconsciente"; es más, "algo como un surrealismo dirigido o depurado" 4 . Seguramente lo invitaría ese mundo ignoto que sólo puede manifestarse en un lenguaje arrollador. En el caso específico del quehacer de Jorge Rojas, lo onírico pertenece al dominio de la persona lírica: caudal que no arrastra nada que antes no haya sido vivido. Pero, ¿desde qué palabras?

He aquí, en el nuevo libro, la puesta en escena de una antigua escisión. Es posible sentirla en la solidez de la piedra frente a la levedad del unicornio, el espejo y el alma en un poema de raigambre y despliegue históricos: Coral al general Francisco de Paula Santander (págs. 99-103). 0 desde el significativo título de otro: De la transparencia de la piedra y otras claridades, registro de una intimidad menos mineral: "¡Piedra, infaliblepiedra, celosa cancerbera! de fundaciones y de mausoleos! donde se leerá por los siglos mi nombre!!! Piedra, sagrada piedra, en ti contemplo! tronos inexpugnables, lechos de amor eterno,! donde se abolirá por fin el despertar" (pág. 76). La poética de Huella es el negarse a dejar el mundo sin asegurarse un sitial. En conformidad con las magulladuras del cuerpo, existen las de la palabra. Aunque no lo parezca, el presente libro tiene rasgos de testimonio. (El título es ya una declaratoria, como lo es también la concisión de sus poemas frente a la labia incesante en la Obra poética 1939-1986. tránsito a la firmeza).

A Rojas (romántico por autodefinición) le habría restado únicamente encauzar en este libro una memoria. De pronto —en contra de lo esperado o tal vez debido a los resquicios del tiempo— detecta, en el paisaje solitario que constituye el alma, ciertas "confusas agencias" (pág. 11), un "habla inefable" (pág. 15), la "unidad sin extensión" (pág. 24). En mundo tan bien regido, irrumpe a su manera la fragilidad del recuerdo y sus vivencias o principalmente una debilitada comunicación con la pureza 5 . Agua que es cristal y espejo (vía el barroco) y será también conciencia de la muerte:

"Hechura de ti misma en el perfecto! círculo que fe abisma y que te exalta! —lluvia, raíces, nubes hontanares—! eres resumen límpido del Alma" (pág. 86).

En el otro símbolo hallaremos el fruto de tal fragilidad. Si el alma es una instancia atemporal, el espejo ha de sugerir un sometimiento: "El mismo sol quebrándome el espejo..." (pág. 57); "y Narciso se rompe en tus espejos. .."(pág. 86). La figura del amor, erigida por la añoranza, revive —sin saberlo— una angustia:

Sus senos perfectos,
lisos como la porcelana
copiada en un espejo. Sus
/pezones
dirigidos a mí, parecía que me
/miraran
y yo con cóncavas caricias
os defendía
de la persecución de faunos
/y de ninfas.
[...]
Voluntariosa de su destino 
puso la última fosforescencia 
de sus vellos felinos, 
contra el mural de la muerte 
que ella misma iluminó
/con su palidez...

[La lámpara, págs. 94-95]

Y el poema concluirá en la noche, cuando la voz poética repita ese nombre secreto al encender una lámpara, "para que los espejos! se desborden..." (pág. 95). Aquí hemos de especular (en el sentido, pues, de espéculo y especulativo) si no caería en la colada un elemento que va del agua a la lengua:

palabras como espejismos de la realidad, saliva cristalizada. Se pregunta la voz: "¿Qué pensarán de mí, mis poemas! dolidos, húmedos de nostalgia] y secos de mares! que no vería ya nunca?" (pág. 28). Y, como dice el dicho, a falta de pan, buenos son los paladares: "saboreo la amarga salival que ya no pronuncia! los nombres del amor" (pág. 28). Nuestro asidero estaría en esa encendida aliteración al comienzo de La otra siesta del fauno:

Silviana Silvanova, bajo un
/dorado sol
selvático también de los venados, 
huelo, regusto tu nombre, con
/sabor a hojas tiernas,
a lenguas que destilan rocío
o saliva amorosa.

Déjame balbucir tu nombre, entre
/tus dientes
que muerden mis labios...

[pág. 31]

Todo transcurre en la boca, el lugar de los besos y los sonidos. Pero el poema no se detiene allí ("ciego de tanto ver, mi albedrío enajeno,! entre la realidad y este acto celeste"), sino que inicia otra búsqueda a partir de la experiencia sensual: "Clamo y silbo por tus poros..." (pág. 32). El éxtasis encantatorio ("sortilegio de tu nombre

silvestre") ingresa sin tardanza en el aura de los presagios, "Silviana Silvamoya, más bien Sybila" (pág. 32). Esta presencia es menos mujer que poesía y la imposibilidad de nombrar recorre el libro como una condena aceptada con resignación:

¿ Cómo pronunciar nuestros
/nombres,
si las letras cambiaron todas
/de sílabas?

[El beso maravilloso, pág. 12]

...y tus quejidos son respuesta al
/llamado
del nombre de los nombres
/olvidados.

[La otra siesta del fauno, pág. 31]

extraviadas quedan letras 
que no dicen los nombres
/olvidados.

[Amanecer, pág. 36]

En turbias tolvaneras 
giran cinturas y fechas, 
con un alfabeto enloquecido 
que no deja articular
/un solo nombre.

[De los sueños innumerables, pág. 40]

Y el punto álgido se apreciará mejor en la aparición del unicornio: "¡ Dedo místico señalándome el cielo! donde Dios reina por los siglos de los siglos!!

Torre de Babel que pasma mi lengua para llamarlo, sin certeza de sexo,! como a los ángeles" (págs. 52-53). Ciertamente pasmar es el asombro o suspensión del movimiento y de los sentidos, pero también ha de entenderse como enfriamiento brusco y sequedad. El problema no consiste, se comprenderá, en un querer pronunciar y no ser capaz de hacerlo (los poemas de Huella consignarían lo contrario). En el fondo el dilema no expresado sino tácitamente es aquel de intentar revivir una confianza en las palabras y saber de antemano que éstas ya no respiran el aire que conocieron ni acarician el cuerpo que habita la memoria del lenguaje. He aquí la cruel disyuntiva entre silencio y una palabra ya privada de las referencias que un día estuvieron en el umbral de sus ecos. Es una autopalmada, un ejercicio entre el hálito y la sofocación: "Yo sé que no hablo solo,! y vivo en diálogo! a espaldas de la muerte..." (pág. 23); "La lengua empieza a construir! una palabradesconocida. . ."(pág. 62); "Tal vez la costumbre de verlos,! en su secreta vida, debajo de mis párpados! anuden en mi voz sílabas para llamar. los! y darles nombres para un nuevo recuerdo" (pág. 80). Pero esos cuerpos a los que se refiere la voz ("pensativas mujeres,! ensimismadas") son también la poesía, "voces extraviadas! que nunca pudimos escuchar" (pág. 67). La compañera, la luz de La cita, no será otra que la muerte; todas las palabras han de hallarse entonces porque cada una espera, al cruzar el umbral, desvestirse de imágenes.

¿Jorge Rojas lo presiente? No lo sabemos. Pero este libro, con solidaria belleza, nos da todas las pistas.

EDGAR O’HARA
University of Washington

 

1 Cf. "Tres piedras para un cielo", en Boletín Cultural y Bibliográfico, Bogotá, vol. XXIV,
núm. 11, 1987, pág. 13. Esta nota esuna lectura de las obras de Aurelio Arturo, Arturo Camacho Ramírez y Jorge Rojas a la luz de sus filiaciones literarias. (regresar1)

2 Femando Chariy Lara recoge esa versión del poema francés en su estudio y antología Poesta y poetas colornbianos, Bogotá,Procultura; Nueva Biblioteca de Cultura Colombiana, 1985, págs. 247-251. (regresar2)

3 JorgeRojas, "Confesiónsinarrepentimiento", en Obra poética 1939-1986, Bogotá, Proculura; Nueva Biblioteca de Cultura Colombiana, 1986, pág. 304. (regresar3)

4 Ibid., pág. 302. (regresar4)

5 El alma pasa de una proyección (pág. 12) a la penetraciónde "unduro espacio" (pág. 74). Sin embargo esta confianza o vagar deviene duda y temor. Obsesivamente se la recuerda alo largo del libro, tratando quizá de conservarla: "entre mi alma" (pág. 16), "cuando al alma le niega (pág. 20), "penetrando aureolas de las almas" (pág. 36), "aspiraba tu alma" (pág. 46), "un reloj limitándonos el alma" (pág. 57), "eres resumen límpido del alma" (pág. 86), "sentí vagar tu alma" (pág. 99). Es imagen de una patria más interior que externa, por más que se haya dejado encomendada "la salvación a Dios" (pág. 103). (regresar5)