Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 32, Volumen XXX, 1993

Tres biografías de Silva


El corazón del poeta
Enrique Santos Molano

Nuevo Rumbo, Bogotá, 1992, 920 págs.

La búsqueda de lo imposible.
Biografía de José Asunción Silva 

Héctor II. Orjuela

Kelly, Bogotá, 1991, 429 págs. 

José Asunción Silva, 
una vida en clave de sombra 
Ricardo Cano Gaviria
Monte Ávila, Caracas, 1992, 534 págs.

En la baraja de imágenes que componen la historia moderna de Colombia, la figura de José Asunción Silva se apoya en el umbral. Chivo expiatorio de nuestro humanismo católico, víctima propiciatoria de nuestra modernidad, Silva es el gran sacrificado de una época adusta y parroquial que juzgó con menos admiración que estupor su belleza física, su elegancia y cosmopolitismo, y su ejercicio de una literatura arrogante y marginal. La culpa, el examen de las razones que determinaron el sacrificio o que movieron al sacrificado durante su vida, han alimentado una leyenda de Silva entre cuyas estampas más conocidas puede mencionarse el perfil de un niño que arroja una piedra de varios kilos sobre un gorrión, el joven latinoamericano que envía un ramo de flores a Mallarmé, la innoble sospecha de un amor incestuoso, la cortina adornada de mariposas con nombres de mujeres y que dicen que decoraba su garçonniére, y el libro de Gabriel D’Annunzio, El triunfo de la muerte, encontrado sobre su mesa de noche, al alcance de su mano suicida.

Es una leyenda poblada de misterios y revelaciones. Los obituarios, los testimonios enardecidos de los amigos, las semblanzas de la vida y la obra del poeta, han abundado en algunas de esas estampas y, por lo general, lo han hecho en el tono de quien "está en el secreto" de Silva y lo declara por fin al lector. Las biografias que aquí se reseñan pertenecen igualmente a esta tradición. Las caracteriza el deseo, evidente en el número de sus páginas, de ser exhaustivas, de contarlo finalmente todo y absolutamente todo. Las estrategias que emplean para lograrlo, sus sistemas interpretativos, son, sin embargo, diferentes. En una de ellas, la de Enrique Santos Molano, predominan "juicios físicos", es decir, juicios que pretenden estar minuciosamente documentados; en las otras, la de Héctor H. Orjuela y la de Ricardo Cano Gaviria, predominan en cambio los "juicios morales", es decir, juicios que pretenden ser antes que nada verosímiles o convincentes (1) .

—I—

La tesis de Santos Molano es que Silva fue asesinado y que los móviles del asesinato fueron esencialmente políticos. Su biografía —declara en la "Introducción"— es una biografía "política antes que literaria, pues la literatura de Silva brota de su actitud política, y no al revés, como se la ha venido considerando" (pág. 9). De acuerdo con el autor, los asesinos, que eran miembros del Partido Radical o santanderista, consideraron una afrenta el poema que Silva dedicó al Libertador Simón Bolívar, El 28 de octubre, y que el poeta declamó en esa misma fecha en la sede de la legación venezolana (2) . En palabras de Santos Molano, cuando el poeta terminó su recital, 

La mayoría de los asistentes aplaudió, electrizada por la grandiosidad desoladora del poema, y había lágrimas e,? los ojos azules de Isabel Argáez mientras contemplaba embelesada a su poeta. Los del grupo radical se pusieron mustios. El poema les había sentado como un bofetón, y no me equivocaré si digo que ésa fue una de las intenciones de Silva. Propinarle a la mejilla del Partido Radical una cachetada soberana, humillar la soberbia octogenaria de sus jefes, y enseñarle de frente al santanderismo que Bolívar seguía triunfador y que sus ideas rebosaba,, de vida [pág. 840].

Para demostrar su tesis, el biógrafo se remonta en el tiempo hasta el fundador de la familia Silva en Latinoamérica, el francés Pierre Fortoul, padre de Sebastián Fortoul y abuelo de Maria Cleofe Fortoul, hermosa mujer que casó en primeras nupcias con Juan Nepomuceno Silva Ferreira y de quien tuvo dos hijos, los excéntricos hermanos Antonio María y José Asunción Silva Fortoul, abuelo del poeta. Santos Molano decida la relación que la familia Silva tenía con la del general Francisco de Paula Santander. La esposa de Pierre Fortoul era Antonia Nicolasa Santander, tía abuela del general, lo que convierte al "hombre de las leyes" en un lejano pariente del poeta al tiempo que explica ese obstinado santanderismo de la familia Silva que José Asunción no compartía. Este parentesco permite comprender también el hecho de que los hermanos Antonio María y José Asunción Silva Fortoul tuvieran la oportunidad de comprar a los herederos del general Santander la hacienda de Hatogrande, hacienda que el general había recibido del gobierno en pago por los servicios prestados durante las guerras de independencia y que seria escenario, en 1860, del suicidio de uno de los hijos de Antonio Maria y, cuatro años más tarde, del asesinato de su hermano José Asunción, en el célebre "Crimen de Hatogrande" del que se ocupan invariablemente las crónicas del siglo XIX. Todo este entramado refuerza, a los ojos del biógrafo, el fatalismo que domina la vida del poeta (el tío suicida, el abuelo asesinado) y hace resaltar el contraste que existía entre las ideas políticas de su familia (el santanderismo) y las suyas propias (su admiración por Bolívar).

El trabajo de Santos Molano tiene dimensiones enciclopédicas. En un articulo aparecido en la revista Diners (mayo de 1986), afirmaba que había comenzado su investigación en 1972 y que en un principio tenía la intención de publicar sus resultados en 1976, en el octogésimo aniversario de la muerte de Silva (3) . Lo cierto es que sólo ha podido publicarlo veinte años después de iniciadas sus primeras pesquisas y de haber consultado un impresionante número de documentos notariales, publicaciones periódicas, revistas literarias, crónicas, genealogías, testimonios orales y escritos, biografías, libros de historia y estudios de crítica literaria. La lista de periódicos que el autor ha consultado es simplemente abrumadora y convierte su libro en un índice, en una obra de referencia básica para los estudios sobre el poeta santafereño (4) . No sin razón, Santos Molano exhibe con orgullo su paciencia y meticulosidad de investigador:  

Ni don Hernando Villa, ni don Roberto Liévano, ni don Daniel Arias Argáez. ni don Alberto Miramón, ni el resto de los biógrafos primarios de Silva aportan nunca sus fuentes, y así, la biografía de José Asunción Silva se ha construido sobre suposiciones salidas de círculos interesados en mostrar un Silva que no existió, y acogidas sin mínimo cuestionamiento por biógrafos y ensayistas para quienes la investigación parece un elemento superfluo o decorativo, y hasta incómodo [pág. 649] (5) .

Tan sobrecogedora cantidad de materiales consultados exige una gran claridad en la hipótesis y la metodología del trabajo, es decir, en la relación que guarda la tesis "Silva fue asesinado" y la forma en que se deben interpretar y estructurar las fuentes consultadas. Este no es siempre el caso en la obra de Santos Molano, a quien, en muchas oportunidades, la abundancia de documentos le impide guardar una distancia crítica con respecto a ellos o proponer una articulada visión de conjunto (6) . En consecuencia, las fuentes documentales acaban por dominar el relato o por desarticularlo en una suerte de noticias que se yuxtaponen unas a otras sin razón aparente y que el mismo Santos Molano denomina en una ocasión "miscelánea de recuerdos" (pág. 224). Un ejemplo que podría ilustrar rápidamente esta desarticulación del relato puede encontrarse en la mención de dos hechos cuya única relación es la de haber ocurrido en 1889: [En dicho año] "El alcalde de Bogotá, Higinio Cualla, libraba una lucha titánica para imponer el alcantarillado contra la resistencia asombrosa de los bogotanos a pagar el impuesto pertinente, y el gobierno presidido por don Carlos Holguín reforzaba la restricción a la libertad de prensa con el decreto No. 910 del 29 de noviembre" (pág. 642).

El principio de yuxtaposición que domina la obra, su "miscelánea de recuerdos", su lista de noticias intrascendentes, presenta a Santos Molano como un meticuloso lector que va pasando las innumerables páginas de periódicos antiguos, anotando los más diversos eventos, cotejándolos con otros apuntes y ordenándolos luego cronológicamente. En ocasiones esta técnica de trabajo le permite realizar una suerte de composición de lugar, un bosquejo del "ambiente de la época". En las líneas siguientes puede observarse la manera como Santos Molano ha relacionado diversas noticias (carrera de bicicletas, restaurante Castillo, visita de Isaacs a Bogotá, amistad del novelista con Silva y Sanín Cano) para crear una pintura de la época: 

[En ¡894] Bogotá fice paralizada por un espectáculo novísimo, del que nadie quería perder detalle; las calles se atestaron de curiosos excitados, desde el Parque Santander hasta la Plaza de Bolívar, trayecto que recorrería, el 22 de julio, la primera carrera de bicicletas celebrada en la ciudad. Los velocipedistas, en número de quince, arrancaron con impulso trabajoso en busca del premio, y hubo empujones, porrazos, entusiasmo y coraje, mientras la multitud sobreemocionada alentaba sin distingos a los corredores. José Asunción, Jorge lsaacs, su hijo Lisímaco y Baldomero Sanin Cano presenciaron la carrera acomodados en el balcón del Restaurante Castillo [pág. 779].

La naturaleza pintoresca y un tanto arbitraria de estas noticias, no debe desdeñarse. Ellas ofrecen una dimensión realista a la biografía aunque, por el mismo motivo, empobrezcan su sentido y reduzcan la importancia de Silva —de la imagen de Silva— al ámbito de lo anecdótico. El mismo estilo literario de Santos Molano, salpicado con las antipatías que le inspiran ciertos eventos o ciertos personajes históricos, contribuyen a esa conversión de la vida de Silva en anécdota curiosa. Frases como "la posibilidad de reintegrar la antigua Colombia, [provocaba] el efecto caluroso de un machucón en los testículos" (pág. 216); juicios como "Don José Maria Vergara y Vergara escribió en 1872 un artículo, Consejos a una niña, dedicado a Elvira Silva, consejos que no le recomendamos a ninguna niña, a no ser que tenga vocación de niña boba" (pág. 325); antipatías como la de llamar al general Santander "el héroe de Hatogrande" (porque aceptó la hacienda como recompensa del gobierno, cosa que Bolívar nunca habría hecho), reducen esta biografía al ámbito de "la pequeña historia".

Una final consideración merecen las razones que aduce Santos Molano para rechazar la idea del suicidio de Silva. El autor afirma que hay cuatro argumentos con los cuales se ha pretendido explicar las razones de Silva para suicidarse: que el poeta era despreciado por la sociedad de su tiempo, que se encontraba al borde de una segunda quiebra comercial, que era presa de la locura y que se hallaba adolorido por la pérdida de su hermana Elvira, con la cual había mantenido amores incestuosos. A estos cuatro argumentos Santos Molano responde que Silva era apreciado y admirado por sus amigos (como se desprende de los testimonios que escribieron a su muerte), que su fábrica de baldosines tenía un futuro prometedor (como lo demuestra el hecho de que sus socios capitalistas aumentaran sus inversiones a la muerte del poeta), que era una persona muy lúcida (como lo muestran sus escritos), y que el Silva incestuoso es una inventiva que tiene su origen en un poema de Guillermo Valencia (Leyendo a Silva) y que después fue continuada por las maledicencias de Rufino Blanco Fombona y de Juan Evangelista Manrique (pág. 876). Las pruebas circunstanciales que pueden sugerir la existencia de un asesinato (Santos Molano confiesa que no ha podido encontrar pruebas concluyentes) son: el hecho de que Hernando Villa, el último ser humano que vio a Silva con vida, se viera implicado meses después de la muerte del poeta, en un juicio sobre falsificación di billetes; el hecho de que se encontrara sobre la mesa del poeta el libro de D’Annunzio, que venia muy a cuento para promover la idea de un suicidio el hecho de que, misteriosamente, los manuscritos De sobremesa y de E libro de versos resultaran en poder de un pariente de Silva, el señor Roberto Suárez Lacroix que los manipuló para promover, con su publicación fragmentaria, la idea de que el poeta se había suicidado por neurosis (pág 900). Y concluye el biógrafo: "Los asesinos no se contentan con la muerte física de su víctima. Sienten la necesidad imperiosa de perpetrar su asesinato moral" [pág. 900].

 

—II— 

Héctor H. Qrjuela rechaza la tesis de Santos Molano. Según su opinión, si se aceptara la idea de que el poeta fue asesinado, "perdería la figura de Silva la atracción misteriosa que ya por cerca de un siglo ha despertado [en] la imaginación de las gentes" pág. 423). Tal argumento resulta curioso en un biógrafo que ha prometido "hacer un deslinde entre el Silva real y el mitificado por la leyenda" (pág. 11). Ciertamente, se puede desestimar la hipótesis del asesinato aduciendo la vaguedad o el ingenio con que Santos Molano ofrece pruebas circunstanciales; hacerlo en defensa de un misterio que ya dura cien años sólo puede significar un amor entrañable por la tradición. En este sentido (y en otros), la biografía de Orjuela es la mis conservadora y tal vez la más "oficial de las que aquí se reseñan; su tesis, como la de tantos otros que lo han precedido, es que Silva padeció una problemática "de índole metafísica" y que su suicidio debe atribuirse a la imposibilidad de encontrar una verdad espiritual que lo reconciliara con la existencia (págs. 410, 429).

En el moroso estilo que caracteriza a los académicos de su generación, Orjuela pasa revista a los innumerables documentos que ha ido recogiendo en sus años de estudio sobre el poeta y que le han servido para componer una edición crítica de la Obra completa de Silva (Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1990; colección Archivos). Se trata de cartas del mismo Silva, evaluaciones o comentarios sobre su poesía y su prosa, y memorias que han dejado aquéllos que conocieron en vida al poeta, que escucharon de otros sus anécdotas fabulosas o que han refundido unas y otras y tantas cosas en páginas previsiblemente reiterativas. Orjuela, pues, revisa los escritos de Daniel Arias Argáez, Emilio Cuervo Márquez, Juan Evangelista Manrique, Roberto Liévano, Carlos E. Restrepo, Tomás Rueda Vargas, Baldomero Sanin Cano, Nicolás Bayona Posada, Alberto Miramón, Luciano Rivera Garrido, Camilo de Brigard Silva, Max Grillo, Hernando Villa, Aníbal Noguera, Rafael Serrano Camargo.

"Revisar", sin embargo, es aquí un verbo excesivo. Orjuela hila con dichos testimonios la biografía de Silva. Es verdad que a veces observa en ellos una exageración o una contradicción pero, en términos generales, acaba por aceptarlos sin hacerse mayores reflexiones. Así, por ejemplo, señala que Hernando Villa no es exacto al declarar que Silva compuso Al pie de La estatua en Bogotá (pues Pedro César Dominici afirma que lo hizo en Caracas), pero al citar a Villa recordando el día en que Silva concluyó el poema, lo recitó para el mismo Villa en la Plaza de Bolívar y, luego, ambos se pusieron a comer fresas de las plantas que había en el parque" (pág. 395) y a compartirlas —a cambio de un beso— con unas niñas de la aristocracia que pasaban por allí, Orjuela no tiene ningún reparo en sugerir que "la loca turba infantil" del final del poema se refiere en forma indirecta a esas niñas y a esas fresas (pág. 396). 

El anacronismo que Orjuela introduce —¿podía referirse a una niñas un verso que Silva había compuesto mucho antes que ellas pasaran por la plaza?— es quizás menos incómodo que su candidez, su inadvertencia de las rudimentarias habilidades compositivas del memorialista: el hecho de escuchar Al pie de La estatua al pie de la estatua, el hecho de recibir un beso de unas aristocráticas niñas que pasaban por allí, el hecho de ser el privilegiado que escuchó aquel poema por primera vez. Esta falta de enjuiciamiento crítico de las fuentes impide a Orjuela comunicar una visión en complejidad de la vida de Silva y, en consecuencia, reitera los caminos trillados que él mismo había prometido evitar (pág. 13). En su biografía, como en las fuentes que le sirven de apoyo, las circunstancias particulares de la vida de Silva devienen algo más que simples anécdotas: devienen gestos, devienen teatralidad, devienen alegorías de El Poeta Frente Al Mundo.

Para dar otro ejemplo, ¿cómo no advertir esa alegoría en la manera como Evaristo Rivas Groot recuerda su declamación del Nocturno III? Allí están La Turba Imcomprensiva, La Angelical Muchacha Rubia, y El Amigo Fiel —apóstol y también mártir— de El Poeta: 

—¡Silva no! ¡Silva no!— gritaban los hombres encabezados por los poetas. «Preferirnos que se salgan las señoras».

Una rubia muy espiritual y cultivada intervino al punto. «Es para nosotras las muchachas solamente que debe usted recitar los versos de Silva. ¡Nosotras sí lo admiramos mucho!» Tuve la debilidad de obedecerla; y no bien hube terminado de recitar el Nocturno, estalló en el salón una verdadera explosión de risas y gritos contenidos. [pág. 305].

Orjuela considera a Evaristo Rivas Groot como un "buen amigo de Silva" (pág. 306). Aunque es preferible suponer que esa consideración es correcta, aquí resulta más importante subrayar lo que ella deja entrever de la maravillosa credulidad de Orjuela, para quien, en efecto, hubo risas y gritos y rubia espiritual y cultivada.

Esa credulidad es una manera de acoger y de ser acogido por una tradición. Refiriéndose, por ejemplo, al carácter dominante de doña Vicenta, la madre de Silva, Orjuela cita una impresión de Nicolás Bayona Posada que ha encontrado en un discurso de José Francisco Socarrás; quien llegue al final de esa cadena que teje la cita de una cita de una cita, encontrará que Socarrás legítima el dictamen de Bayona Posada aduciendo que éste "fue persona honesta y muy bondadosa [y que para] escribir lo anterior debió contar con fuentes de información muy respetables" (7) . Tales juicios morales —bondad, honestidad, respetabilidad— consiguen aquí un doble propósito. En primer lugar, convierten cualquier duda crítica, cualquier reparo histórico, en una falta de delicadeza; en segundo lugar, se desplazan de uno a otro biógrafo en función de esa complicidad, de esa delicadeza: no menos delicado que Bayona Posada al opinar sobre doña Vicenta, lo es Socarrás al advertir la delicadeza de Bayona Posada; no menos que Socarrás lo es Otjuela al citar su cita de Bayona Posada.

Obedeciendo a esta tradición de la delicadeza, La búsqueda de lo imposible está poblada de juicios cordiales y discretos: es verdad que el abuelo y el tío abuelo de José Asunción eran mujeriegos, pero también eran "gente querida y respetada en la capital" (pág. 33) y sólo puede atribuirse a un rumor mal intencionado afirmar que el crimen de Hatogrande hubiera "tenido como motivo vengar el honor ultrajado de una mujer" (pág. 40); y es verdad también que el padre de José Asunción, Ricardo Silva, era bastardo, pero esto no era un estigma, "pues casos como el suyo eran frecuentes en todos los estratos sociales" (pág. 49). Y en el mismo tono discreto del biógrafo, doña Vicenta es caracterizada como "modelo de anfitriona" (pág. 58), su hijo como lleno de "nobleza de sentimientos" (pág. 81), y su esposo como dueño de "un apego entrañable por su ciudad natal" (pág. 109), y en cuanto a la supuesta relación incestuosa de José Asunción son su hermana Elvira, el biógrafo hace una solenme reconvención a sus colegas después de intentar probar la falsedad de tal historia: "Enterremos pues esta leyenda, señores críticos" (pág. 304).

En su introducción, Orjuela menciona las biografías que entonces, en 1991, preparaban Enrique Santos Molano y Ricardo Cano Gaviria, a los cuales quiso adelantarse. Por todo lo dicho, su contribución en esta tema de biografías no debe desdeñarse. La búsqueda de lo imposible tiene, más que ninguna de sus congéneres, la virtud de ser un álbum, una suma de nuestra historiografía literaria y de sus estrategias predilectas: la defensa y la exaltación del misterio, la alegorización del pasado, la conversión de Silva en El Poeta Que Debe Ser, la deshistoria, la discreción, la delicadeza.  

 

—III—  

La tesis de Cano Gaviria es que Silva adoleció a lo largo de su vida de un bovarismo impenitente. Para explicar esta tesis, el biógrafo comienza por afirmar que en su estudio ha encontrado tres aspectos sobresalientes en la vida del poeta, tres máscaras, tres personalidades distintas:  

un Silva esteticista y cosmopolita —el mas ‘literario’ y el que más se debe a su tiemnpo también—; un Silva desmesurado e histérico —el más imprudente y diagnosticable—; y un Silva irónico —el más abocado a estar en el origen de una descendencia y por ello el más actual— [...] que de algún modo revelaba su condición de moderno antes que de modernista [pág. 10].

A estos tres Silvas los une, de acuerdo con el biógrafo, un José Asunción Silva "en constante proceso de aprendizaje" (pág. 11), es decir, un Silva que debió sacar duras lecciones de una serie de calamidades personales, familiares y comerciales: la muerte de su tío Antonio María por los días en que él estaba por llegar a Paris; la muerte de su padre y las dificultades económicas en que dejó a la familia; el fallecimiento de su hermana Elvira, cuya belleza era admirada por el Bogotá de la época; la pérdida de algunos de sus más prometedores manuscritos en el naufragio del Amérique; la guerra civil del 95 y su fracaso diplomático en Venezuela (pág. 11). Ahora bien: al considerar la vida de Silva como un "proceso de aprendizaje", Cano Gaviria le atribuye la forma de una "educación sentimental", esto es, la forma de un relato literario en el que un joven atraviesa por varias experiencias que le enseñan a vivir, sólo que —y aquí recurre Cano Gaviria a la idea de bovarismo— en el caso especifico de Silva se trata de la educación sentimental de un lector, de una persona que lee para aprender a vivir, que busca adaptar su existencia a la forma que le ofrecen sus lecturas (pág. 11) (8) .

La caracterización de un personaje (histórico o literario) como lector, es uno de los motivos más frecuentes en la obra de Cano Gaviria. Desde Prytaneum (1981) hasta Una lección, de abismo (1991), sus personajes padecen del mismo mal de Madame Bovary, esto es, la imposibilidad de conciliar el libro y el mundo (9) . En lo que a Silva se refiere, Cano Gaviria define como "bovaristas" la exaltación literaria que el poeta hace de su hermana muerta (pág. 258); el centenar de páginas que llena con disculpas y recriminaciones y que dirige a su fiador, el señor Guillermo Uribe (pág. 286); la actitud con que sugiere sus amores a Julia Holguín (pág. 346), y la supuesta influencia que sus lecturas tuvieron en su decisión de quitarse la vida (págs. 448, 477).

Aunque esta explicación de los comportamientos del poeta resulte verosímil, el hecho de que el análisis del bovarismo sea una de las obsesiones más viejas y recurrentes del mismo biógrafo permite advertir la manera como organiza en una forma la vida de Silva. Evidentemente, ésta es una de las propiedades de toda biografía —dar forma o sentido a lo que no lo tiene; transformar los días de un individuo en imagen—, pero en el caso particular de Cano Gaviria la vida de Silva es concebida como un texto con sus claves y su destino antes que con sus imprevistos y sus azares. De esta manera, el bovarismo, que aparece en un principio como la clave de los comportamientos del biografiado, define en realidad. el sistema interpretativo del mismo biógrafo. Pueden ilustrarlo las siguientes citas en las que se interpretan librescamente algunas circunstancias del poeta: 

Se podría pensar [...] que, como una especie de tardío Rastignac santafereño, ya en este momento José Asunción hubiese decidido [a su regreso de Caracas], tras un nuevo replanteamiento de su existencia, la conquista definitiva de su ciuda4 pero resulta mas oportuno sospechar que vivió un proceso cuya clave última [...] se encontraba de nuevo en los libros de Barrés [pág. 424].

[En lo que respecta a la fábrica de baldosines que proyectaba Silva] no se trata ya pues del negociante que, a escondidas [...], quiere hacer que el dinero se multiplique, sino del artista alquimista que quiere extraer una belleza rentable, y necesaria para la vida, de las entrañas mismas de la tierra [pág. 435].

En cierto modo, el bovarismo, la actitud libresca del biógrafo, explica las razones de Cano Gaviria para mostrarse más comprensivo que Santos Molano con respecto a la leyenda de Silva. Sin embargo, si su trabajo reitera algunas estampas de esa leyenda (la de la piedra y el gorrión, la de las flores que Silva envía a Mallarmé, la del suicidio libresco (10) , ello se debe también a la naturaleza de las fuentes que emplea, las mismas que aparecen en la biografía de Orjuela, estudios sobre la obra de Silva o testimonios de quienes lo conocieron personalmente. Y porque se trata de relatos, estos testimonios se encuentran ya mucho más articulados que las noticias periodísticas que Santos Molano registra en su biografía; aún más, son estudios o testimonios que fueron escritos bajo la premisa de que se ocupaban de una obra acabada o de un destino cumplido, lo que permite a Cano Gaviria no sólo evitar el tono de la pequeña historia sino, además, alcanzar un más amplio nivel especulativo. Un punto culminante de su especulación (o de su bovarismo) se presenta cuando reduce la existencia de Silva a la teoría poética de "las correspondencias”. 

En efecto —dice—, en tanto que fundamento de una poética a través de la cual José Asunción asume las vivencias que le brinda su peculiar naturaleza de ‘sensitivo’ y de dandy, es sin duda la teoría de las ‘correspondencias’ la que se plantea aquí como la mejor clave tanto de su relación con Elvira como de su vida y su obra durante este período [pág. 209].

En su amplia especulación acerca de la vida y la obra de Silva, esta biografía presenta algunos defectos de articulación que van más allá de la abundancia de sus frases subordinadas o de la precariedad de sus transiciones ("Abriendo un necesario paréntesis..." [pág. 203], "Pero veamos de qué forma..." [pág. 218], "Precisamente por esa época..." [pág. 227], "Justamente, por esta época..." [pág. 230]). El autor advierte que entre los testimonios que le sirven de fuente y los innumerables detalles que ha recogido en el curso de su investigación (los bogotanos viajaban a Paris en febrero [pág. 21]; Silva cojeaba imperceptiblemente [pág.378]), existe un campo abierto a las hipótesis y que Cano Gaviria cubre en un estilo hecho de frases conjeturales como "sin duda", "seguramente", "con toda probabilidad". Así, por ejemplo, al ocuparse de las supuestas andanzas parisienses de Silva afirma que "un fuerte deseo reprimido [...] habría sido sobrellevado al comienzo con ayuda de las visitas a los museos [...]. Pero resulta dable sospechar que, alguna vez, [...] habría estallado, bajo el acicate de la soledad y la angustia, y José Asunción habría decidido el lado del vicio" (pág. 57, mi subrayado).

Monserrat Ordóñez califica a Silva como el poeta más complejo en la historia literaria de Colombia (11) . Las biografías que aquí se reseñan bien pueden ilustrar ese juicio. La cruzada de Enrique Santos Molano en El corazón del poeta está dirigida a redimir a Silva de la infamia del suicidio; olvida quizá que el suicidio también puede ser un acto moral e, incluso, estético. En un estudio sobre el suicidio, Margaret Higonnet afirma que el suicide "obliga a los otros a leer su propia muerte; pues cuando registramos una muerte no registramos un acto puro (si es que tal cosa existe); por el contrario, realizamos una lectura que depende de un contexto físico y también subjetivo" (12) . Héctor H. Orjuela en La búsqueda de lo imposible y Ricardo Cano Gaviria en su José Asunción Silva, una vida en clave de sombra podrían convenir con las ideas de Higonnet. Sus biografías parten del principio de que Silva —El Poeta Que Debe Ser, la víctima del bovarismo— cifra su vide y su muerte de la misma forma en que se cifra una novela. Al explicar el subtítulo de su obra, Cano Gaviria afirma que "[...] el sintagma ‘vide en clave de sombra de’ acaso debiera leerse como vida a la sombra que lo leído proyecta sobre el lector [Silva]" (pág. 12). Los futuros estudios sobre el poeta podrán prescindir —gracias a estas tres biografías— del problema de "la verdad" que las agobia y podrán ocuparse del sistema de interpretaciones que ha girado en torno a la figura de Silva, elaborar tal vez la historia de esas interpretaciones, dibujar la imagen de Silva en el caleidoscopio de nuestra modernidad.

 

J. EDUARDO JARAMILLO-ZULUAGA

(1)"Hacia el final de su vida, el doctor Johnson estableció una diferencia entre verdades físicas y morales. ‘La verdad física es cuando uno dice algo tal y como realmente ocumo. La verdad moral es cuando uno dice algo tal y como sinceramente le parece a uno que ha ocurrido. Cuando yo digo que fulano cruzó la calle, si ¿1 realmente lo hizo, estoy diciendo una verdad física. Si yo pienso que la cruzó —110 importa que me equivoque—, estoy diciendo una verdad moral’. Los biógrafos emplean ambos tipos de verdad y, como se desprende de las palabras del doctor Johnson, apenas si pueden distinguir entre ellas, pues, de todas maneras, lo que se dice está fundado siempre en lo que se cree. Y ni siquiera el lector puede distinguir entre estas dos verdades con facilidad" (Patricia Meyers Spacks, "Biography: Moral and Physical Truth", en Gossip, Nueva York, Alfred A. Knopf, 1985, pág. 94. Mi traducción). (Regresar a 1)

(2) Aunque la opinión general suele considerar El 28 de octubre como un poema secundario en la obra poética dc Silva, es el poema más citado por Santos Molano, quien lo emplea para acompañar sus propias ideas políticas o para ilustrar diversos acontecimientos históricos (págs. 58, 134, 159, 343, 346, 401, 519).(Regresar a 2)

(3) Enrique Santos Molano, "Silva: ¿se disparó o le dispararon?", en Diners, mayo de 1986, págs. 66-67. (Regresar a 3)

(4) Estas publicaciones periódicas son: El Cundinamarqués, El Papel Periódico dc la Ciudad de Santafé de Bogotá, El Semanario, El Conductor, Gaceta de Colombia, El Constitucional, Gaceta de la Nueva Granada, El Imperio dc los Principios, Diario de las Sesiones de la Cámara de Representantes, El Correo de la Razón, El Observador, El Día, La Bandera Negra, La Bandera Nacional, El Argos, El Mosaico, El Duende, El Foro. Gaceta Oficial, El Aviso, El Nacional, El Progreso, Diario dc Cundinamarca, El Alacrán, La Prensa, Neogranadino, El Siglo XX, El Pobre, El Pasatiempo, El Loco, El Telegrama del Domingo, El Repertorio, La Patria, El Comercio, El Bogotano, El Colombiano y La Opinión. (Regresar a 4)

(5) Otras criticas de Santos Molano a los biógrafos de Silva pueden encontrarse en las páginas 245, 566, 590, 670 y 704. (Regresar a 5)

(6) Un caso semejante se presenta en la biografía de José Eustasio Rivera que escribió Eduardo Neale-Silva. Véase su Horizonte humano: vida de José Eustasio Rivera, Madison, The University of Wisconsin Press, 1960. (Regresar a 6)

(7) José Francisco Socarrás, "A manera de introducción: la personalidad de José Asunción Silva", en Rafael Serrano Camargo, Silva, Bogotá, Tercer Mundo, 1987, pág. 16. (Regresar a 7)

(8) Sobre el Silva lector puede consultarse el artículo "El modernismo", en James Alstrum e, al., historia de la poesía colombiana, Bogotá, Casa de Pocsia Silva, 1991, págs. 205-22 1. (Regresar a 8)

(9) Véase el artículo "Lector que escribe", en Boletín Cultural y Bibliográfico, 29.92 (1992), págs. 134-137. (Regresar a 9)

(10) Cano Gaviria ha vuelto sobre el suicidio libresco de Silva en un articulo publicado en el Magazin Dominical de El Espectador, 18 de agosto dc 1992, págs. 17-19. (Regresar a 10)

(11) Monserrat Ordóñez, "José Asunción Silva", en James Alstrmn ci al., op. cit., pág. 185. (Regresar a 11)

(12) Margaret Higonnet, "Suicide: Representations of the, Feminine in the Nineteen Century", en Poetics Today, 6. 1-2 (1985), pág. 103. Mi traducción. (Regresar a 12)