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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
32, Volumen XXX, 1993
Pioneros en la
frontera costeña
Antonio de la Torre y Miranda, viajero y poblador.
Pilar Moreno de Ángel
Editorial Planeta, Bogotá, 1993
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Antes de fundarse, Santa Ana de Barú ya
existía. Existía, es cierto, a la manera de muchas otras poblaciones de la costa
Atlántica colombiana que, a finales del siglo XVIII, se encontraban aún dispersas en un
inmenso territorio, alejadas de las autoridades, si apenas marginalmente integradas a la
sociedad colonial. El 10 de noviembre de 1774, el teniente español Antonio de la Torre y
Miranda logró reunir a 116 familias del vecindario alrededor de un trazado urbano. Así
marcó, según su más conocido relato, el nuevo nacimiento de Santa Ana, corregimiento
hoy de Cartagena, ubicado en la isla de Barú. Santa Ana de Barú no fue sino el primer
éxito de las expediciones adelantadas por el teniente español en el norte de la Nueva
Granada, con el objetivo de reagrupar su población. En 1784, De la Torre y Miranda le
informaba a don Antonio Caballero y Góngora el resultado de sus actividades: 43.133
habitantes comenzaban entonces a vivir en 43 nuevas poblaciones, algunas refundadas, otras
recién establecidas.
Pilar Moreno de Ángel, quien ha hecho notables
esfuerzos por mantener vivo el género de la biografía en Colombia, se ha ocupado ahora
de Antonio de la Torre y Miranda. En este libro, a través de una crónica extensa,
rigurosamente documentada y de amena lectura, Pilar Moreno relata las actividades del
oficial español; tanto como fundador de pueblos, como explorador de la frontera insumisa
a fines de la época colonial: el sur de Cartagena, el Darién y el Orinoco.
Nacido en España, en la provincia de Palencia
en 1734, De la Torre y Miranda llegó a las Indias en 1772. Dos años más tarde, el
gobernador de Cartagena le encargó "reducir en poblaciones formales las infinitas
almas que vivían dispersas en las provincias internadas en los montes, faltas de
religión, policía y racionalidad, siendo perjudiciales al Estado" (pág. 24). Su
tarea formé parte de ese programa de reestructuración de la sociedad colonial adelantado
por la corona durante el siglo XVIII que, según algunos historiadores, intentó ser una
"reconquista" de América. Pilar Moreno lo describe como "un ejemplar
selecto de los mejores valores de la ilustración española" en la Nueva Granada
(pág. 20). De la Torre y Miranda colaboré con José Celestino Mutis en la Expedición
Botánica.
Entre sus labores, la más destacada fue, sin
lugar a dudas, la de fundador de pueblos, que tuvo antecedentes en las actividades de fray
Luis Beltrán, Francisca Baptista Bohórquez y, sobre todo, de José Femando de Mier y
Guerra. Por ello, Pilar Moreno dedica buen parte de su libro a relatar en detalle los
resultados de las distintas expediciones que, entre 1774 y 1778, de la Torre y Miranda
emprendió en la provincia de Cartagena: Pasacaballos, Arjona, San Benito Abad, San
Jacinto, Lorica, Magangué, Ciénaga de Oro, San José de Corozal y Sincelejo son algunas
de las 43 poblaciones que sintieron la acción del oficial español. Una por una, en una
lista exhaustiva, van quedando allí descritas sus diferentes "fundaciones". En
algunos casos Magangué, Lorica, el Carmen de Bolívar y Ovejas, por ejemplo,
Pilar Moreno deja adicionalmente esbozados sus posteriores desarrollos, como fueron
observados por connotados viajeros, Robert Cunningham Graham o Luis Striffler, o por otros
narradores como Rufino Cuervo, Manuel María Madiedo o el presbítero Pedro Maria Revolio.
La actividad "reconquistadora" del
oficial español no estuvo ausente de adversidades. El mismo De la Torre y Miranda
denuncié las acciones opositoras de "magnates". Y no sólo los
"magnates" resistieron la presencia de las autoridades. Los pescadores de Rocha,
las mujeres de Ternera, los alambiqueros de Pileta, y los "arrochelados" en los
distintos confines de la región intentaron defender esa libertad por fuera del Estado
que, como lo observó el historiador chileno Mario Góngora, caracterizó a muchos
sectores de la sociedad colonial. Quienes, como los alambiqueros de Pileta, querían
seguir produciendo aguardiente sin pagar impuestos eran naturalmente renuentes a aceptar
la presencia de los expedicionarios españoles. Antes de fundar Corozal, De la Torre y
Miranda, acompañado de una tropa de 150 soldados, decomisé los alambiques de las veredas
de Desbarrancado, Cambimba, Joney y Bajo de Lata (pág. 82). Como era de esperarse tras
esta acción, en la ceremonia de fundación de Corozal, en 1775, muchos no tenían nada
que celebrar.
Sin embargo, la tarea del oficial español no se
identifica de manera exclusiva con las acciones predominantemente represivas que tuvieron
lugar en sitios como Corozal. Si bien la presencia de la tropa fue en algunos casos
necesaria para sus propósitos, las labores de persuasión fueron quizá tan
significativas. No podía ser de otra manera. Las autoridades de la región no estaban en
condiciones, ni físicas, ni económicas, de imponerse por la fuerza sobre una población
escasa y dispersa en una vasta geografía, muchas veces incomunicada y hasta impenetrable.
Ya con alguna experiencia, como lo relata Pilar Moreno, De la Torre y Miranda recomendaba
en 1784 al arzobispo-virrey Caballero y Góngora que, en las expediciones del Darién,
"se procurará agasajar a los naturales", y "observar la mayor legalidad en
los tratos que con ellos se tengan" (pág. 213). Una actitud similar, a pesar de los
esfuerzos militares, tuvo que adoptar Antonio Narváez y de la Torre, en sus intentos de
incorporar a la sociedad colonial a los indígenas de la provincia de Santa Marta y
Riohacha, también durante la segunda mitad del siglo XVIII. Por lo demás, ni la
persuasión ni la fuerza sirvieron para garantizar la definitiva soberanía del estado
colonial en estos territorios. La frontera costeña se siguió caracterizando, aun durante
la república, por su falta de deferencia, por su irrespeto a las autoridades o, como
describió el regidor a los vecinos de Bocachica en 1888, por ser "enemigos
sempiternos del gobierno".
A lo largo de su libro, Pilar Moreno hace uso
extenso de informes, cartas y otros documentos que reposan en los archivos de España y
Colombia, así como de la "Noticia individual de las poblaciones nuevamente fundadas
por el teniente coronel de Infantería D. Antonio de la Torre y Miranda", además de
un buen número de otras fuentes impresas, primarias y secundarias. La "Noticia
individual", cuyo ejemplar original se conserva en el Fondo Pineda de la Biblioteca
Nacional, había sido publicado por José Urueta en sus Documentos para la historia de
Cartagena, y posteriormente por el Boletín Historial de la academia
cartagenera en 1926. Según Manuel Lucena Giraldo, en un ensayo aún inédito al escribir
estas líneas, la "Noticia individual" fue concebida por De la Torre y Miranda
con el mero propósito de ganar méritos oficiales. Con todo, al lado del Diario de
viaje de Joseph Palacios de la Vega, editado por Gerardo Reichel-Dolmatoff en 1955, y
de la "Relación o informe de la Provincia de Santa Marta", de Antonio Narváez
y de la Torre, la "Noticia individual" se cuenta entre los valiosos documentos
que sirven para apreciar las complejidades de la sociedad costeña a fines del siglo
XVIII. Y Antonio de la Torre y Miranda dejó otras muestras de sus agudas condiciones de
observador, como puede verse en los interesantes documentos utilizados por Pilar Moreno,
tales como sus cartas al virrey Caballero y Góngora o el proyecto de fundaciones desde
Lorica hasta el Darién de 1778.
Este libro, hasta ahora el trabajo más
elaborado sobre Antonio de la Torre y Miranda, aporta nuevas luces a la vida y obra de uno
de los tantos funcionarios españoles empeñados en reconstruir el estado colonial a fines
del siglo XVIII. A través de las actividades de este poblador y expedicionario en la
Nueva Granada, Pilar Moreno de Ángel introduce también al lector en diversos aspectos de
la geografía y de la sociedad en la frontera neogranadina. Esa frontera que, después de
todo, sigue aun marcando buena parte del ritmo de la vida nacional.
EDUARDO POSADA CARBÓ
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