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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
32, Volumen XXX, 1993
Disputatio-quaestio-inventio
Magister dixit
Signo y lenguaje en San Agustín
Alfonso Rincón González
Centro Editorial Universidad Nacional, Bogotá,
1992, 215 págs.
Cautivar un espíritu moderno es tarea difícil
para un santo de la iglesia latina. La teología y el pensamiento cristiano son el legado
que se conoce de san Agustín; pero más allá de los problemas de Dios, del alma, del
bien y de la felicidad, está el hombre comprometido con el conocimiento, con la verdad y
con la palabra. Alfonso Rincón, teólogo (Ph. D. de la Universidad de Laval) y estudioso
de san Agustín, quiso traer al siglo XX un trabajo que relaciona dos motivos de interés:
"1) el personaje mismo, hombre asombroso, apasionado por la verdad y la belleza,
dotado de un cierto sentido del todo o nada; y 2) el lenguaje humano, actividad que se
halla en la raíz misma de nuestro ser consciente y de nuestra comprensión de lo
real" (pág. 23).
La herramienta de trabajo de Rincón es el
diálogo filosófico y las reflexiones de san Agustín sobre el signo y el lenguaje. Hijo
del mundo antiguo, el "santo de Hipona" guió parte de sus reflexiones a través
del diálogo, como forma de manifestación literaria y como procedimiento de búsqueda de
la verdad. En el curso de su actividad intelectual, san Agustín recurre, en una primera
etapa, a un diálogo no literario: "simples conversaciones registradas" que no
van más allá de esa pretensión. Pero en la segunda etapa el registro se re-escribe,
ahora literariamente y con el propósito de evidenciar el error de una teoría o la verdad
de un principio. El uso del diálogo viene directamente de Cicerón, a quien san Agustín
leyó y, por extensión, de Platón, a quien Cicerón tradujo. San Agustín emplea la
mayéutica como metodología, sigue un ideal como búsqueda. Pero el objetivo final no es
el resultado de un proceso de síntesis, sino de interiorización para el encuentro con
Dios. Sin embargo, el camino para llegar a él sigue un procedimiento en el diálogo mismo
regido por tres etapas sucesivas (disputatio-quaestio-inventio). Estos tres niveles
de la actividad dialógica llevan un orden que no deja de lado la razón ésta, en cierto
modo, la estructura. El Santo llama a la razón dux (guía, jefe) e insiste en su
valor para llegar a la verdad.
Alfonso Rincón tiene en cuenta los pasos
definidos por san Agustín en el diálogo, pero establece un nuevo orden. La disputatio
(discusión) es la que mantiene el debate y, por lo tanto, es un momento primordial en
el desarrollo de éste. Ella se sitúa entre la quaestio (pregunta), que abre el
planteamiento y genera el deseo de saber, y la inventio (resultado) del debate, que
es a lo que finalmente se llega.
El libro tiene en cuenta a san Agustín desde un
punto de vista: el de la palabra y lo que ella entraña. San Agustín "amé la
palabra, como lo testimonia su actividad de escritor y predicador". De hecho, en casi
todos sus diálogos, trató una particularidad de ella, desde el lenguaje o desde el
signo. El "verbum", concebido primero como lenguaje humano y luego como palabra
de Dios, guié siempre su reflexión sobre el lenguaje" (pág. 25).
La lectura de análisis que realiza Alfonso
Rincón en los diálogos y especialmente en el De magistro, sitúa a san Agustín
dentro de la filosofía del lenguaje. Las nociones de signo y significado, tan conocidas
en la lingüística general saussuniana, ya se habían formulado. Dentro del círculo de
los filósofos del lenguaje, Rincón se refiere a Wittgenstein, por ejemplo, quien hace
una interpretación del lenguaje en san Agustín, y también a Lacan, quien expresa que
"es muy diciente darse cuenta de que los lingüistas han necesitado quince siglos
para redescubrir, como un sol que se levanta de nuevo, como una aurora naciente, ideas que
ya estaban expuestas en el texto de san Agustín De magistro, que es uno de los
más admirables que se puedan leer" (pág. 25).
El autor expone los conceptos agustinianos de
signo y lenguaje que pasan por los diálogos de análisis. En ellos se muestra lo singular
de los conceptos. Contra académicos, académicos, por ejemplo, trabaja el signo
como "elemento que, conocido, lleva al conocimiento de otro elemento" (pág.
83);De beata vita analiza el signo como "cosa que al percibirse, da lugar al
recuerdo o a la advertencia de algo" (pág. 86). En el diálogo De ordine, san
Agustín trata de manera mas extensa el signo: también como algo sensible en el que puede
determinarse el signo como tal y lo significado por él, dándole más importancia a lo
significado que al significante. Hablando de la palabra como signo dice: "La palabra,
si no significa nada, si no comunica una sensación a los oídos y otra a la mente, no es
una palabra" (pág. 95). En cada uno de los diálogos, san Agustín amplía poco a
poco el espectro de lo significado. El concepto, sea signo, lenguaje, etc., se
particulariza en cada texto, pero se enriquece en el contexto.
El testimonio semiológico más completo se
recoge en el diálogo De magistro. El texto, punto central del libro, lo ve Rincón
desde "la posibilidad del lenguaje de contribuir al conocimiento de la verdad".
Por lo tanto, el lenguaje es el vehículo o instrumento de aprehensión de la verdad. La
pregunta clave de para qué ha sido instituido el lenguaje lleva a la comprensión de lo
que san Agustín tuvo siempre en la mente: la búsqueda de la verdad y, en consecuencia,
el valor de la enseñanza verdadera.
Si al hablar, dice Rincón, se quiere tanto
mostrar como enseñar y ser enseñado, la palabra, como expresión del pensamiento, lo
hace. ¿Pero ésta, como tal, está relacionada íntimamente con la verdad? ¿Se puede
conocer la verdad a través de algo externo al hombre mismo, sea palabra articulada o
escrita, sea gesto (signo)? San Agustín pasa por la razón, el diálogo y el lenguaje
como medios para llegar a la verdad, pero concluye que se aprende gracias a la verdad que
enseña interiormente y no a las palabras que resuenan externamente: "Cristo enseña
en el interior; el hombre con las palabras estimula el exterior" dice san Agustín en
el diálogo De magistro. La doctrina de la iluminación es la respuesta que da el
Santo al conocimiento verdadero, lo que implica la fe en su pensamiento y en su
filosofía.
La validez del análisis de texto está en su
aporte: como libro que muestra la teoría sobre el signo y el lenguaje en
toda su extensión y como presentación del filósofo del siglo IV que penetró en el
mundo de la palabra.
SILVIA M. CRISTANCHO B.
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