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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
32, Volumen XXX, 1993
La religión del
crepúsculo
El viaje triunfal
Eduardo García Aguilar
Tercer Mundo Editores, Sanlafé de Bogotá,
1993, 321 págs.
Eduardo García Aguilar (Manizales [Colombia],
1953) comenzó a construir un mundo literario desde la publicación de su primera novela, Tierra
de leones (1986), y con el tiempo y con cada nueva novela lo amplia, profundiza y
varía. Dicho universo
tiene su centro en Colombia, y su circunferencia
en todo el orbe. Ha mostrado la oposición entre el mundo aldeano y pacato de las buenas
conciencias y la herejía mundana.
En el centro del universo de García Aguilar hay
un imán: Manizales, su tierra natal, una población de hacendados cafeteros encaramada en
los Andes y que, una vez que tuvo saciada el hambre de los alimentos terrestres, sintió
el estómago vacio por esa otra hambre de que habló el cubano Onelio Jorge Cardoso en su
hermoso cuento El caballo de coral:la del espíritu, la del pan trascendente. Fue
así como las calles de Manizales vieron deambular a un puñado de poetas desaforados,
modernistas y decadentes que han nutrido los libros de nuestro autor.
Desde Tierra de leones, García Aguilar
mostró sus pasiones: el decadentismo europeo, el modernismo americano y un dios tutelar:
Joris Karl Huysmans. Tanto en su primera novela como en Bulevar de los héroes (1987)
quedó afirmada su fe en el verbo, en la expresión rutilante, y empezaron a aparecer
algunos de sus entes de ficción que sufrían la asfixia de la tierra natal: Arnaldo
Faría Utrillo, los Fundidistas y los Lánguidos Camellos.
Urbes luminosas (1991), conjunto de
crónicas que hablan de la experiencia europea y americana del narrador quien pasó
más de un lustro en el viejo continente y realizó estudios de economía política y
filosofía en la Universidad de Vincennes, es muestra contundente del afán
cosmopolita del autor. Salió de Manizales, recorrió varios países americanos, vivió en
Europa y en los Estados Unidos y hoy parece radicar definitivamente en México.
Mezcla de los afanes de sus dos novelas, de su
libro de crónicas y de su experiencia nómada es El viaje triunfal, novela que
obtuvo en 1989 el premio de narrativa Ernesto Sábato para escritores colombianos. En ella
Arnaldo Faría Utrillo realiza el sueño de ser extranjero de profesión, hecho que
siempre ha obsesionado al mismo autor. Faría Utrillo es concebido en México, nace y pasa
su infancia en Colombia y sale a correr mundo siendo aún adolescente. Se gana la vida
enviando reportajes desde los sitios que visita, y en su itinerario hallamos a Jamaica,
México, Estados Unidos, la India, Japón, Egipto, Roma, Francia y España. Fiel a sus
pasiones, García Aguilar sitúa la novela a finales del siglo pasado y en la primera
mitad del presente para que observemos a Enrique Gómez Carrillo, José Maria Vargas Vila,
Rabindranath Tagore, Pablo Picasso, Julio Ruelas, Salvador Diaz Mirón, José Asunción
Silva, Baldomero Sanín Cano y Tomás Carrasquilla. La figura de Huysmans se cierne sobre
toda la novela y se refleja en las exquisiteces y exotismos de Faría Utrilbo, quien probo
todas las delicias y todos los pecados antes de volverse un hombre religioso. Amó a las
más bellas mujeres, miró los más prestigiados paisajes, entró a los templos y a los
más miserables antros. Escuchó a Caruso y habló con Mata Han. Llegó a la pederastia,
fue poseído por un soldado nazi, entrevistó a Papini, compartió la mesa con
Apollinaire, fue amigo de Neruda, de Gabriela Mistral y de Vallejo y asistió a las
"orgías de hierro" de las dos guerras. Ya cuarentón regresa a la Enea, una
suerte de Atenas de los Andes, trasunto de Manizales. Creyó ciegamente en el viaje, hizo
de la extranjería una profesión pero acepto que "viajar es huir de uno mismo, pero
llega el momento en el cual descubrimos que es inútil la huida". Esto de ninguna
manera es una simple desilusión; es un convencimiento trascendente, una conversión a la religión
del crepúsculo:
Todo es un
crepúsculo, mii querida odalisca. Cada uno de nuestros pasos, cada una de nuestras
palabras, toda palpitación es la prueba de tal aserto. He desconfiado mucho de aquellos
seres optimistas que predican la felicidad venidera e incitan a sus congéneres a morir
por ese hipotético paraíso, pues me parece que o saben la verdad y la ocultan con
malicia o son en definitiva cretinos. Hago una salvedad: los santos. ĦAh! Quiero ser muy
claro en este punto. Los santos pertenecen al género de los poetas porque su reino está
ausente de este mundo. Los héroes y los mártires sí me llenan de reverenda y
admiración. No el rostro falso de los vendedores de felicidad terrenal. Santos y
místicos pertenecen a la cofradía de los crepusculares porque no tienen fe ninguna en el
comercio de los hombres. La fe en el crepúsculo es la certeza de que ninguna partícula
del universo sobrevivirá para atestiguar las supuestas glorias del género humano. Toda
vanidad es inútil ante la oscuridad eterna. Eso lo sabía ya Eratóstenes de Cirene, el
gran bibliotecario de Alejandría... [pág. 308].
Como puede verse, esta idea final coincide y
amplía lo sostenido en Bulevar de los héroes: las ideologías fracasan y la
utopía no puede alcanzarse. Como Sísifo del siglo XX, el hombre debe luchar contra el
peor enemigo: la desesperanza.
Con una sensualidad finisecular, ostentosa y
delirante, Faría Utrilbo se construye en Colombia una casa inspirada en las mezquitas
cairotas y un mausoleo de malaquita con forma de rana, digno escenario donde volarán en
pedazos, junto con la cripta, los restos de los poetas fundidistas, sacrificados por
heréticos y antisociales. Ellos pisoteaban hostias y Faría simpatizaba con ellos; por lo
tanto, los poetas fueron despojados del corazón uno hasta de la columna
vertebral y el cadáver de Faría desapareció.
La pérdida del cadáver de Faría Utrilbo da
oportunidad para señalar que el novelista manizaleño ha hecho de la expresión bella una
obligación. Todo lo que escribe está inspirado en el fasto modernista. Por ello no es
gratuito que haya vuelto a la poesía con Llanto de la espada (1992) y construya
sus novelas con escenas fulgurantes, cinematográficas, como la aparición del cadáver de
Faría dentro de una olla y con una manzana metida en la boca, como un lechón.
Técnicamente, creo que la novela no persigue
hacer innovaciones. Es lineal, de la concepción a la muerte de Faría Utrillo, y
únicamente la narración o explicación de algunos hechos rebasa los márgenes de la A a
la Z. Como dije al principio, las crónicas y novelas de García Aguilar aparecen
entreveradas con sus propias convicciones e incluso con sus vivencias. En El viaje
triunfal, el cronista, viajero y decadente Faría Utrilbo surge como una especie de alter
ego de García Aguilar: "Entrevistas, reportajes, crónicas, poemas, intentos de
novela llenaron las gavetas de su pupitre y cada noche, a la luz de la chimenea, leyó
fragmentos de Urbes luminosas, un libro de crónicas reales y ficticias sobre sus
andanzas por el mundo".
En Llanto de la espada, libro que quizá
fue escrito paralelamente con El viaje triunfal, se reitera la idea del viaje
eterno que siempre encuentra reposo en el país natal: "Mi tierra es sólo metal vago
lucero/ ciudad de moribundos...".
Si la novela obliga a cierta lógica y a ciertos
parámetros argumentales, en la poesía García Aguilar diseñará también sus imágenes
dilectas (muchachas poseídas por serpientes sedientas, jovencitas que incitan al sexo a
los halcones, un pastor que posee el cadáver de una joven, sirenas, hetairas y neptunos
que asisten a una posesión necrofilica), pero las entregará con desplantes, para que la
imagen poética brille: "Junto al mar un pastor sin rebaño/ abre el cauce necesario
y se interna en la arenal para después morir de sed entre corales./ En las estaciones de
pegasos/ aurigas angustiados oran a las llantas/ de una carroza mortuoria...".
García Aguilar tiene una obsesión que aparece
como ingente sombra: el boom, con su escándalo comercial, hizo olvidar a grandes
escritores anteriores al estallido, tales como Felisberto Hernández y José Lezama Lima.
Si miramos a los autores que surgieron después del boom, vemos que
"claudicaron en una medianía espantosa y se volvieron empleadillos sin sueldo de las
multinacionales de la edición [...] Se perdieron la rebeldía y la independencia, el
orgullo y la firmeza que deben caracterizar al verdadero artista..." Ante este
panorama, sólo la poesía de nuestro continente ha mantenido una tradición de rigor e
independencia. Por eso García Aguilar vuelve a ella, después de Ciudades imaginarias,
como un desafío a la mediocridad post boom pero también para tender un puente
de salvación artística entre los grandes poetas modernistas y vanguardistas y los que
hoy entregan lo mejor de su oficio. Dice García Aguilar en entrevista con José Luis
Perdomo, de El Financiero (7 de mayo de 1993): "La poesía es flexible, es un
instrumento maravilloso para tensar la palabra, hacerla explotar y reacomodarse. Sin
formación poética, sin lectura y sin admiraciones poéticas, el narrador es una bestia y
lo increíble es que muchos narradores denigran de la poesía, les aburre y se vanaglorian
de no saber nada de ella".
Obras de Eduardo García Aguilar:
Tierra de leones, México,
Editorial Leega(Literaria), 1986.
Bulevar de los héroes, México, Plaza y
Valdés Editores, 1987
Urbes luminosas, México, Editorial Leega
(Omnibus), 1991.
Llanto de la espada, Universidad Nacional
Autónoma de México (El Ala del Tigre),1992.
El viaje triunfal, Santafé dc Bogotá,
Tercer Mundo Editores, 1993.
VICENTE FRANCISCO TORRES
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