Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 32, Volumen XXX, 1993

 

Detalle de la Plaza de Bolívar donde aparece el Colegio Mayor de San Bartolomé (Acuarela de Edward Marck, 1846). Colloque sur l'Université en
l' Espagne et l'Ainerique Latine

Estructuración y disolución de un sistema de reclutamiento de elites: el caso de Santafé de Bogotá, en Nueva Granada*

RENAN SILVA OLARTE **
Universidad del Valle, Cali (Colombia)

INTRODUCCIÓN

Consideraciones generales

COMO SE HA SEÑALADO EN VARIAS OCASIONES, aunque se interprete de diversas formas, la sociedad colonial de los siglos XVII y XVIII fue una sociedad extremadamente jerarquizada y segregativa, en virtud de su propia configuración general, pues se trataba de una sociedad con rasgos señoriales y aristocráticos, en donde las diferenciaciones que determina la estructura básica de los procesos productivos se combinaban con distinciones raciales jurídicamente sancionadas y estatutos precisos que configuraron los grupos sociales como "órdenes" relativamente separados; aunque debe tenerse en cuenta que los calificativos de "señorial" "aristocrática" y de "órdenes" son puramente aproximativos y no repiten ni pueden repetir, en un razonar puramente analógico, las formas sociales que múltiples estudios clásicos en historia social han descrito como de "antiguo régimen". Ni tal repetición analógica ni el uso superpuesto de la noción de "clase social" como la utiliza el pensamiento moderno a partir de Marx, resultan adecuados para explorar el mundo colonial americano, pues usados más allá de breves y complejas indicaciones metodológicas corren el riesgo de desdibujar por completo el objeto de investigación: una realidad de grandes originalidades, haciendo perder la especificidad temporal y espacial que deben comportar los procesos sociales en las sociedades hispanoamericanas coloniales.

Esta idea de una sociedad profundamente jerarquizada y diferenciada en términos de sus categorías sociales parece chocar con la realidad evidente del gran proceso de mestizaje que conoció el Nuevo Reino de Granada, sobre todo durante el siglo XVIII, máxime cuando ese proceso ha sido señalado, con aparente razón, como un elemento que históricamente permitió a la actual sociedad colombiana un avance más rápido hacia la constitución de elementos que definen la nacionalidad, por ejemplo a través del uso generalizado del castellano. Pero lo que hay que retener aquí de manera esencial es que el proceso de mestizaje pudo ser llevado adelante manteniendo una gran separación cultural entre las diferentes categorías sociales, y que muchas de las instituciones de la sociedad colonial constituyeron su accionar precisamente como una forma de defensa frente a las consecuencias de ese proceso de mestizaje.

 

Libro de las Constituciones del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario publicado en 1666, Madrid.

 La universidad colonial neogranadina, representada esencialmente por los dos grandes colegios de Santafé de Bogotá: el Colegio del Rosario y el Colegio de San Bartolomé, fue, precisamente, una pieza general del mecanismo de segregación social. A más del poder que confería a sus miembros el acceso a un saber determinado; a más del uso reglamentado de una lengua, el latín, que separaba del conjunto; a más de las preeminencias y privilegios sociales y laborales que confería la institución a sus miembros; a más de todo ello, la corporación universitaria funcionó como una forma de defensa contra el mestizaje y sus consecuencias, que amenazaban derruir privilegios largo tiempo ejercidos, no sólo ni principalmente en relación con los grupos subordinados, sino en relación con el propio grupo dominante del cual formaban parte los miembros de la corporación.

 

Las fuentes originales del reclutamiento universitario

Hay que plantear una caracterización lo más exacta posible de las condiciones que permitieron el surgimiento de las corporaciones universitarias coloniales y de las características que ellas asumieron, por lo menos en la medida en que ello permite un conocimiento acertado de las fuentes de reclutamiento de su población, como una vía primera para acercarse al problema del "perfil histórico" de sus miembros, y lograr después una reconstrucción en el tiempo de cada una de esas características, de sus permanencias y transformaciones. 

En un trabajo anterior se habla podido identificar lo que parece haber sido la condición general de posibilidad que permitió el surgimiento de las llamadas universidades coloniales: una modificación en la política colonial de ocupación y dominación, cambio que puede ser esquematizado como el paso de la simple ocupación y dominio violento a la conversión y reducción a través del proceso de evangelización. Asegurar la supervivencia y el enriquecimiento continuado planteaba la exigencia de organizar sobre bases firmes la explotación de los grupos aborígenes, exigencia que no era solamente del orden de la reglamentación del trabajo indígena y la tributación, sino también del orden de las relaciones políticas de dominación y de las relaciones ideológicas de sojuzgamiento, es decir, en relación con esto último, de la organización de la hegemonía cultural, de la conversión de las poblaciones indígenas a las normas y reglas de "policía cristiana". 

Libro de las Constituciones: las propinas.

Pero esta exigencia, que era del orden de las relaciones de poder, pudo articularse con una situación demográfica presente desde finales del siglo XVI. Nos referimos aquí al surgimiento de un sector blanco pobre, una especie de "sobrante de población" constituido por un sector que no había resultado beneficiado con el reparto de tierras, que no había adquirido la propiedad de minas, ni logrado la capitalización suficiente para actuar como comerciante, pero que tampoco podía acceder con facilidad a los altos puestos de la burocracia colonial. Este sector, presente desde el comienzo mismo del proceso de ocupación y originalmente de una gran heterogeneidad social, fue luego engrosado por los hijos y familiares de los encomenderos arruinados o empobrecidos, más o menos a finales del siglo XVI, cuando esta institución empezó a dar muestras de su agotamiento y cuando medidas reales de protección a la población indígena, como el nombramiento de corregidores de indios, menguó francamente su poder social y económico. Ese grupo de blancos pobres fue la fuente central del reclutamiento universitario en su origen, encontrando además un campo de actuación en un marco urbano, marco que era espacio de dominio y cohesión del invasor, al mismo tiempo que escenario visible de las grandes luchas por el poder, logrando sobre la base de la carrera escolar no simplemente la salvación del alma y del mantenimiento de una posición social, sino ocupación como doctrineros o curas de pueblo, cargos muy apetecidos por las ventajas económicas y los privilegios sociales que otorgaban. La institución universitaria representó para ese grupo una salida laboral, la posibilidad de participar, a través de un gran centro de poder e influencias, en las luchas por las preeminencias y el prestigio social, y muchas veces un resguardo seguro contra las vicisitudes del siglo, en particular durante el siglo XVII, un siglo de tan aguda crisis económica en la sociedad colonial (1) .

 

Grabado de Cristóbal de Torres, fundador del Colegio Mayor del Rosario publicado en el libro Constituciones...

 

Al proceso anterior se agregó en un corto tiempo, hacia mediados del siglo XVII, una nueva demanda educativa que también actuó en un sentido muy preciso para determinar el perfil de la clientela universitaria. Se trata de las presiones por "educación superior" de parte de los hijos de los principales burócratas de la administración colonial. Encontramos, pues, a mediados del siglo XVII, la petición elevada por los miembros de la Real Audiencia de Santafé, ante el Consejo de Indias, para que sus hijos y descendientes pudieran acceder a la condición de colegiales "reales" en los colegios-universidades de la capital.

Como todo trámite en la sociedad colonial, el curso de la petición fue largo y disputado, creándose finalmente las condiciones legales para que un nuevo grupo, diferente de los "hijos y descendientes de los conquistadores y primeros pobladores de este Reino", tomara su asiento en la institución.

De tal manera que el sector blanco pobre arriba mencionado y los hijos de funcionarios reales de distintas posiciones jerárquicas, constituyeron de manera regular las fuentes esenciales del reclutamiento universitario y marcaron con sus características y rasgos propios la institución y el tipo de intelectual que de ahí provino. Es más: sus condiciones sociales y raciales se encontraban en perfecta coincidencia y armonía con las exigencias estatutarias que la institución modeló, con muy pocas excepciones, de tal manera que, y esto para el largo período que cubre la sociedad colonial, como norma general, la vida universitaria fue asunto exclusivo de la "república de españoles-americanos". Desde luego, repetimos que se encuentran excepciones, particularmente en los años finales del siglo XVIII, pero el hecho recién mencionado constituye la regulación del proceso.

 

Estampilla conmemorativa de la fundación del Colegio Mayor del Rosario: fachada de la capilla y escudo (Fotografía de Roberto Marín).

 

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*   Esta comunicación constituye una versión abreviada y modificada del Capitulo II de mi libro, de próxima aparición. Universidad y Sociedad en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVII y y XVIII: Contribución a un análisis histórico de la formación intelectual de la sociedad colombiana (Bogotá, Banco de la República , Colección Bibliográfica,1992). (Regresar a *)

** Sociólogo e historiador, profesor titular del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad del Valle, en Cali, Colombia. (Regresar a **)

(1) Para todo lo anterior véase Renán Silva, Los estudios generales en el Nuevo Reino de Granada, 1600-1760, Bogotá, 1982. (Regresar a 1)