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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
31, Volumen XXVIII, 1991
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Primer número del
Constitucional de Cundinamarca, órgano oficial.
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La búsqueda de un
teatro nacional
(1830-1890)
MARINA LAMUS OBREGÓN
Trabajo fotográfico:
Elizabeth Hegyi y Ernesto Monsalve
CASTIGAT RIDENDO MORES
(1831-1839)
POR MEDIO DE LA LEY
FUNDAMENTAL expedida por la Convención del 17 de noviembre de 1831, Se creó la Nueva
Granada. En el aspecto cultural, se impulsaron la educación y algunas instutuciones como
la Academia Nacional, el Observatorio Astronómico y el Museo Nacional.
También el teatro formó
parte del concierto de doctrinas discutidas dentro de la vida republicana, en consonancia
con otras instituciones de su mismo carácter y con las necesidades del Estado. Por ello
se lo consideró una herramienta más en el progreso cultural del país, con un modelo
teórico que estaba resumido en la divisa de la comedia formulada por el poeta latino
francés Juan de Santeul (1630-1697): Castigat ridendo mores (Enmienda las
costumbres riendo).
En contradicción con el
espíritu de otras teorías debatidas por la dirigencia cultural y política, la Nueva
Granada adoptó, aparentemente sólo en su forma, esa misma divisa que había acompañado
a los virreyes desde finales del siglo anterior, inscrita, como constancia, en el telón
de boca del Coliseo de Bogotá. Con el lema conservador se quería operar un cambio
significativo: contribuir a acabar con el statu quo colonial.
Por ello el gobierno de la
provincia de Bogotá, por medio de su órgano oficial, el Constitucional de Cundinamarca,
sentó las bases de lo que se podría denominar un programa gubernamental con respecto al
tema. Se proponía ante todo examinar cuál de los efectos quería producir con mayor
frecuencia, y cuáles inclinaciones eran más gratas a la sociedad para ponerlas en
escena. Algunos fundadores de la república estaban convencidos "del resultado que se
obtiene sobre la masa de los individuos con los espectáculos públicos"
(1)
.
El gobierno,
basándose en los frutos ya recogidos por los "paises civilizados" con la
mencionada divisa, consideraba que los beneficios primarios del teatro se irían
reflejando, paulatinamente, en la sociedad granadina, pues una persona que asistiera con
regularidad al teatro aprendería normas de urbanidad, de buen gusto, mejoraría el
lenguaje y les daría al alma y al cuerpo una sana diversión; por tanto, se limarían
asperezas y se moderarían las pasiones.
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Teatro El Coliseo
(Grabado de Racines/Rodriguez. Papel Periódico Ilustrado, E. M.).
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Para
comenzar con la aplicación del esquema, ya las autoridades hablan detectado algunos
hábitos y "propensiones malsanas" en la sociedad, como el "juego de
gallos", algunos juegos de suerte y azar prohibidos por la ley y las "casas
sospechosas de vicio", en las que se reunían toda clase de hombres. Especialmente se
quería combatir la riña de gallos, cuya repetición afectaba "la parte moral del
individuo, predisponiéndolo á la consumacion de delitos atroces"
(2)
. Así mismo, las autoridades pretendían
destruir una nueva manifestación: el lujo y ciertas costumbres propias de los
"paises ricos y amantes de los goces".
También desde el
punto de vista artístico se ganaría, pues habría espacio para promover obras de
literatos granadinos, y las compañías extranjeras dramáticas, de ópera y baile que se
contrataran colaborarían con el desarrollo de nuestras propias expresiones.
Con respecto al repertorio teatral
y espectacular, el gobierno estimaba que lo mejor para el pueblo eran las comedias
españolas y francesas, los sainetes, las tonadillas y los bailes, porque producían
alegría. La comedia, especialmente, era
"el calmante más eficaz". No se desconocía
"lo majestuoso y sublime de la tragedia", pero ya el país habla sufrido fuertes
golpes con la gesta emancipadora y llegaba el tiempo de divertirse y ser felices. El
continuar representando escenas trágicas perpetuaría la inclinación a la melancolía y
a los "pensamientos tristes, que son los precursores infalibles del suicidio". Y
aún más: "el corazón de los jóvenes" no podía resistir las pasiones
violentas, sin dejarles impresiones perjudiciales para toda la vida. Los argumentos
esgrimidos no solamente eran de orden moral y psicológico, pues pesaba también el estado
teatral en general, y nuestro teatro no contaba con actores que pudieran representar bien
tragedias, ni siquiera dramas, por lo cual era mejor empezar con géneros de más facil
actuación. Aunque los medios periodísticos no lo dijeran explícitamente, como trasfondo
se encontraba la influencia francesa, que estaba cambiando la sensibilidad de los lectores
y del público colombiano. Como dice Alvaro Garzón Marthá, para el teatro había
concluido la época de la tragedia iniciada a finales del siglo XVIII:
"[...] la tragedia ya no tenía nada nuevo
que decir a un público ávido de emociones románticas"
(3)
, y los dramas y melodramas franceses reflejaban los
nuevos gustos estéticos de la naciente sociedad burguesa que comenzaba a desarrollarse.
También la época de la loa estaba muriendo, pues ella significaba la consagración de
"algunos ídolos" del pasado colonial. Las viejas formas debían ceder a la
ideología romántica, y dentro de ella se veía con especial interés la ópera italiana,
que ya había hecho su aparición en otros paises del continente.
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Rufino Cuervo promueve
las funciones teatrales (Colección miniaturas Biblioteca Luis-Angel Arango).
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Luis
Vargas Tejada, autor de varias obras de. teatro que fueron puestas en escena por la
compañía de Juan Granados (Grabado del papel Periódico Ilustrado, lo. de octubre de
1881).
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(continuar)
1 Contitucional de Cundinamarca
Bogotá, núm. 15, 1º de enero de 1832. pág. 59. (regresar
1)
2 El Labrador y Artesano,
Bogotá, núm. 17, 6 de enero de 1839, pág. 65. (regresar 2)
3
Alvaro Garzón, Marthá, La
actitud trágica en el teatro de la Independencia (1790-1830), 1988.
(regresar 3)
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