Como nuestros
semejantes, aparecen presentados en el libro que publica la casa editorial Villegas.
Verdadero descubrimiento es poder acercarse a los indios y verlos como ecólogos, como
filósofos, como pensadores pragmáticos, según dice el editor al entregar un libro con
textos y fotografías del profesor Gerardo Reichel Dolmatoff. Fotografías del archivo de
Reichel Dolmatoff que dejan una clara huella del rostro indígena en quince diferentes
culturas del territorio colombiano.
Los textos son un recuento del
trabajo del antropólogo. En ellos revive sus conceptos, describe la situación histórica
y social de cada comunidad que menciona, y va a la razón específica de su estado actual.
No hay que olvidar que él inició su recorrido por estos lugares antes que empezara la
violencia en Colombia, antes que la tala indiscriminada de bosques invadiera las selvas en
territorio plano y en las cordilleras, antes que el boom de la cocaína trastocara
la historia del país, y las recorrió después, de nuevo, con todos los agravantes que
esto implica, dentro de un mundo destinado a desaparecer con toda su magia.
Reichel Dolmatoff analiza el
comportamiento del indio, sus ritos, sus costumbres, como lo hacen los astrónomos con el
firmamento. De su observación resultan conclusiones precisas, dichas por un investigador que ha dedicado
su vida a estudiarlos y a convivir con ellos. Al final queda claro: es otro planeta, otro
mundo. Analizar el comportamiento humano no es sencillo, mucho menos explicarlo.
Del libro queda más la imagen, no
sólo la imagen fotográfica, sino es otra imagen que recrea el texto más allá del
concepto y establece una relación precisa con su cotidianidad, sobre todo entre las
culturas kogui y tukano. En un recorrido biográfico Reichel Dolmatoff inicia, después de
un breve prólogo sobre la diversidad de las culturas indígenas y su connotación en la
historia colombiana, un recorrido por su vida. Las épocas con Paul Rivet, las primeras
experiencias como "viajero". Expresa con clara modestia su sensibilidad hacia
"mundos extraños" con los que logra niveles de entendimiento, descritos en un
lenguaje absolutamente cotidiano, para cualquier lector. Al concluir explica que trata de
manera más extensa las culturas tukano y kogui por ser éstas dos con las que más
relación ha tenido. Dos extremos no sólo geográficos sino ideológicos, que en breve
sinopsis dan ideas precisas al lector de una riqueza cultural para nosotros desconocida
por las taras sociales con que nos educamos, frente al mundo occidentalizado que nos
rodea.
Hay excelentes retratos desde el
punto de vista fotográfico; otros no tanto, pero no importa: cada foto guarda un fondo
anecdótico preciso y, aunque no sea excelente como foto, o esté inclusive desenfocada,
dentro del contexto con que fue realizado el libro es parte esencial de éste, ya que la publicación gira
en tomo del trabajo realizado por el profesor. Son sobre todo retratos, la mayoría
posados. Es el indio más indio que siempre. El indio observado como indio, que quiere
quedar indio y ser respetado como tal.
Lo más valioso de este libro es el
testimonio que representa. Un álbum de razas precolombinas, un vehículo que traslada
imágenes y costumbres desde la selva y las montañas hasta la ciudad. Cincuenta años de
trabajo impresos. Una muestra descriptiva de las comunidades indígenas del país en su
estado más puro. Su entorno, la arquitectura que caracteriza a cada una, sus útiles de
trabajo y las actividades que realizan, el atuendo, los ritos.
Sólo en algunos retratos, los de
los pijaos, por ejemplo, se ve la presencia de la cultura occidental. Sus vestidos no son
los que originalmente utilizaron, y es curioso cómo esto altera la connotación social
entre los indígenas. Infortunadamente, en un país racista como el nuestro, el indio
fuera de su medio, cuando se acerca a las ciudades o se mezcla con el hombre blanco, queda
relegado a una clase social inferior, desempeñando un papel predestinado en el que está
bajo las órdenes del patrón esquemático que nos limita racialmente.
En edición de coffe table book que
no quiere serlo, con: "hechos importantes que diferencian este libro de los usuales
libros gráficos sobre temas exóticos", muy bien impreso, diseñado de
manera que lo que se destaca es el libro y no el diseñador, con un tipo de letra y
columnas muy legibles, logra Villegas una de sus mejores realizaciones. Hay que abonarle a
esta casa editorial, de la que en reseñas anteriores "rajé" tanto, los
magníficos libros que está haciendo. Ojalá lleguen a todas partes y no se queden sólo
en las bibliotecas de lectores afectados pasionalmente por el tema. Estos libros merecen
una verdadera difusión para que cumplan el objetivo con que son publicados.
JOAQUIN ORTIZ