Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 31, Volumen XXVIII, 1991
 

Peleas de ricos


La ofensiva empresarial. Industriales, políticos 
y
violencia en los años 40 en Colombia 

Eduardo Sáenz R.
Tercer Mundo-Uniandes, Bogotá, 1992, 379 págs, fots.

A primera vista puede resultar extraño que un historiador de la clase obrera como yo haga una reseña de un libro dedicado a los empresarios. Pero para quien lea las 379 páginas del texto en mención no hay lugar a sorpresa. En realidad, no son sólo historias que se tocan, sino que en el caso particular del texto de Eduardo Sáenz se trata de una visión global de la evolución de la sociedad colombiana en los años 40, desde una esquina particular: los industriales. Hablando de ellos, sin embargo, uno esperaría mayor precisión conceptual, pues a veces se mezclan confusamente conceptos como burguesía, empresarios, capitalistas, clase media y fracciones de la burguesía.

La ofensiva empresarial, como su titulo lo indica, versa sobre el papel desempeñado por los gremios, particularmente la Andi, en esos cruciales años de nuestra historia contemporánea. Con esta publicación, Sáenz reafirma lo que otros investigadores sociales como Daniel Pécaut señalaban: el poder de los gremios no sólo se institucionaliza desde mediados de los años 40, sino que se consolida a fines de ese decenio. A pesar de su poder económico, los industriales carecían, a principios de los años 40, de capacidad de presión política. Pero se ingeniaron formas de conseguirla y de paso se legitimaron: utilizando sus recursos financieros no sólo hicieron propaganda de las empresas sino de sus ideas. En verdad los industriales sacaron a la venta su ideología y, como sucedió con sus productos, ésta también tuvo acogida. No sobra en este punto la advertencia hecha por Eduardo Sáenz, de que la Andi reflejó más que el punto de vista de los industriales en general, el de las poderosas empresas antioqueñas.

Las fuentes utilizadas por el autor no dejan dudas sobre sus afirmaciones centrales. La revisión de archivos relativamente desconocidos en nuestrc medio, como los de la Presidencia, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Fenalco y de la misma Andi, o loe de diplomáticos estadounidenses, arroja nuevas luces para el estudio de la historia empresarial y del país en su conjunto. Incluso, Eduardo Sáenz se atreve, con éxito, a incursionar en temas relativamente "trillados" para los historiadores, ofreciendo nuevas perspectivas. Así sucede con la reconstrucción sucinta que hace de los sucesos del "bogotazo" y la forma como se resintieron de él los empresarios.

Infortunadamente, a veces si quedan flotando algunas dudas sobre afirmaciones circunstanciales. Tal es el caso, en la página 164, de la acusación a "oportunistas de familias ricas [que] vieron la ocasión de prosperar en medio del caos y la destrucción" del 9 de abril. Pero esas afirmaciones sueltas se explican por la vehemencia con que está escrito el libro. No cabe la menor duda de la pasión con que Eduardo Sáenz reconstruye una de las tantas historias que hay sobre los años 40. Eso lo lleva a utilizar a veces frases fuertes y seguramente molestas para los sectores a los que se refiere. Pero es que él está lidiando no con elegías de varones ilustres, sino con la historia social de gremios y grupos de poder en un momento en el que se derramó más sangre en el país que en todas las guerras civiles del siglo pasado. En esas condiciones es difícil hablar sin exaltarse.

Por último, hay algo que me llamó profundamente la atención del libro reseñado. Se trata de la lectura que uno puede hacer entre líneas del conflicto intergremial. Aparentemente se trata de un choque entre comerciantes-cafeteros e industriales. Lo sorprendente es la evocación, que el lector insinúa, a la permanencia del viejo conflicto decimonónico entre protección y librecambio. Lo que en el fondo refleja La ofensiva empresarial es que los gremios, y los grupos sociales que los sustentan, siguen peleando no exactamente por las mismas cosas del siglo XIX, pero sí por cosas muy parecidas. Y lo que es más sintomático, utilizando mecanismos similares.

Aunque no se excluye, por parte del autor, cierta exageración sobre dicho enfrentamiento, como oportunamente lo advierte en el prólogo Charles Bergquist, indudablemente la lectura muestra una pervivencia en el imaginario de las elites, de sus rivalidades y de las formas de superarlas. La relación entre economía y política sigue siendo una constante en su accion. Al contrario de lo que les ocurre a los sectores subordinados que dicotomizan esas dos dimensiones, nuestras elites se mueven ágilmente del terreno de sus expectativas económicas al de las demandas políticas. Aunque en ambos campos creen obrar más allá de sus intereses, es más claro cuando incursionan en la política. Allí ellos, sean cafeteros, ganaderos o industriales (antioqueños por más señas), pretenden ser la nación. Pero cuando les tocan sus intereses, reaccionan con fuerza, olvidándose incluso de veleidades democráticas. Por ello no es extraño que el autor concluya hablando del matrimonio entre industriales antioqueños y Laureano Gómez, lo que a su vez sugiere profundizar la relación entre Violencia (la de los años 40 y 50) y crecimiento económico. Este desenmascarainiento de uno de los gremios protagonistas de nuestra historia es una buena conclusión para un libro, que a estas alturas debemos calificar más de historia social que de típicamente empresarial.

MAURICIO ARCHILA NEIRA