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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
31, Volumen XXVIII, 1991
Una fuerza
de la naturaleza
Alejandro
Obregón
Textos: Gabriel García Márquez,
Alvaro Mutis.
Pierre Restany y Daniel Samper Pizano.
Fotografía de la obra: Zona Ltda.
Lerner y Lerner Editores, Madrid (España),
1992, 268 págs., ilus.
El ojo es la mano, la mano tiene cinco ojos, la
mirada tiene dos manos, estamos en la casa de la mirada y no hay nada qué ver, hay que
doblar otra vez la casa del ojo, hay que poblar
el mundo con los ojos, hay que ser fieles a la vista, hay que crear para ver.
Octavio Paz
En marzo de 1991 el Magazin Dominical del diario El
Espectador publicó una entrevista hecha por Ana María Escallón al pintor Alejandro
Obregón. La primera pregunta de la crítica de arte: Usted por qué pinta tan
mal?, rio dejó un espacio mayor que el que tuvo el artista para responder:
Porque me da la gana.
En la misma entrevista,
Obregón explica la manera como Fernando Martínez convenció a Marta Traba de que el
cuadro Violencia era una excelente obra y cómo,
a partir de ésto, la crítica de arte, convencida, giró, hasta el último de sus
escritos, alrededor de la gravedad generada por el monstruo magnífico que es Alejandro
Obregón. Aunque hubo períodos en que atacó severamente sus cuadros, nunca dejó de lado
el hecho de que fuera un gran artista. Lo bautizó como el primer pintor contemporáneo de
Colombia y como el iniciador del muralismo en este país.
Obregón vivo fue un huracán
de pasiones, un tornado, un personaje capaz de la mayor irreverencia, con toda la voluntad
del mundo, de un humor drástico, tierno, dueño de un universo infinito capaz de desatar
historias como la narrada por García Márquez en la primera nota de este libro: el
episodio a balazos por el autorretrato Blas de Lezo.
Un texto lleno de amor por el artista, como todos los textos de este libro.
Un libro que, cuando se lee y
se ven las fotos de álbum familiar (impecable trabajo de impresión), y las
reproducciones de la obra, se cierra con una nostalgia inmensa. El espectador termina
envuelto por el gesto poético de cada cuadro, de cada frase en que García Márquez habla
de un hombre al que vuelve literatura.
En el completo estudio que
hace Restany, cargado de datos biográficos y anécdotas superfluas con las que teje bien
los hilos para entender al hombre y al pintor, cabe hasta su teoría sobre el sujeto
fractal. Teoría que desprende de Benoit Mandelbrot y que consiste en reencontrarse
entero en lo más mínimo de sus detalles. El hombre de egos miniaturizados,
multitud de pequeños egos que saturan su propio ambiente por división infinita.
El episodio inventado de
Alvaro Mutis, un Maqroll con toques borgianos entre la realidad y el espejismo de esta
realidad inventada, que permiten el ser verdadero y el imaginario. Aunque para todos Mutis
sea Maqroll, y el Gaviero supla la imposibilidad de narrar hechos cotidianos sin esa
estructura literaria que marca la vida de Mutis, en este relato se entretiene el lector
con el personaje real, el Obregón narrado por sus propios términos.
Terminadas las primeras
pruebas del libro, antes de la muerte del pintor el 11 de abril de 1992, estaban escritos
los dos textos de García Márquez, el de Mutis y el ensayo de Restany. Después de su
muerte, el editor y los familiares de Obregón encargaron otro texto, escrito por Daniel
Samper, con el que termina este libro. Un recetario de magia, en el que Samper recoge este
último instante de vida, la muerte, y la llena de todo el contenido vivo del artista.
Por último una cronología del pintor y su obra y una excelente
bibliohemerografia en la que están las obras
generales, las monografías, catálogos,
artículos, ensayos y entrevistas, ambas realizadas por José María Salvador.
En este volumen no esta
reunida toda la obra del pintor Alejandro Obregón, no hay fotos de sus murales, no están
sus esculturas, y el libro se dedica a mostrar de manera más extensa reproducciones de su
trabajo plástico reciente, la época más alegórica del pintor, en la que el contenido
de sus cuadros se convierte en una excusa para repetir. De todas maneras, este libro
enmarca, en una espléndida edición, uno de los momentos más importantes en el arte
contemporáneo de Colombia: Alejandro Obregón.
JUAN SIERRA
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