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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
31, Volumen XXVIII, 1991
Otro arquitecto
metido a
historiador:
zapatero a tus zapatos
Historia de la arquitectura en
Colombia.
Volumen colonia 1538-1850
Alberto Corradine
Biblioteca de Cundinamarca, Escala, Bogotá,
1989, 347
págs.
Después de haber participado
en el paradigmático Manual de historia de Colombia (Bogotá,
1979), tomo 1, capítulo VI, con el tema La arquitectura colonial, Alberto
Corradine reedita su trabajo en forma individual, complementándolo con una buena cantidad
de gráficos, planos, fotografías y apartes adicionales acerca de la historia del periodo
mencionado, para apoyar y contextualizar la arquitectura sobre la cual trata. En términos
generales no hay casi nada nuevo, aunque existen más de diez años de intervalo en la
aparición de ambas publicaciones.
En el prefacio, Corradine
sostiene que intenta aproximarse a las condiciones sociales, económicas y culturales que
se presentaron durante el período colonial y la primera mitad del siglo XIX, como
elementos moderadores o vectores, que permitieron realizar una serie de manifestaciones
arquitectónicas consideradas como expresión técnica, espacial, funcional y estética,
apropiadas a las primeras. Dice que el trabajo está dirigido de manera preferente a
los estudiantes de los cursos de arquitectura colonial. Trata temas generales de la
historia de Colombia, porque para la mayoría de los posibles lectores son
totalmente desconocidos.
Una de las críticas a este
planteamiento es que la única herramienta del autor para reconstruir la historia de la
arquitectura son las contextualizaciones. Resulta una visión muy restringida, ya que la
obra arquitectónica contiene otros aspectos también profundos y dinámicos que pesan
fuertemente para poder entenderla e interpretarla, como sus significados, usos, fines,
simbolismos, etc.
En una jactanciosa nota
introductoria escrita en primera persona, Corradine describe la heroica actividad que
adelantaron los pioneros de la investigación y la enseñanza de la historia de la
arquitectura colombiana, entre quienes se incluye a si mismo. Tiene de meritorio presentar
una minuciósa y elaborada reseña de la historiografía producida en Colombia sobre el
tema, con acertados comentarios y criticas a las publicaciones realizadas hasta 1985
aproximadamente, con el propósito de mostrar el impulso que ha ido tomando el estudio de
la historia de la arquitectura.
El trabajo de Corradine
(1979) tuvo como novedad, en su planteamiento teórico y metodológico, dejar de lado ese
afán que imperaba, y sigue imperando, de clasificar todas las manifestaciones
arquitectónicas de acuerdo con los cánones propios de los estilos europeos. Por primera
vez se publicaba una obra que mostraba la arquitectura colonial en su contexto.
El libro consta de cinco
partes. La primera trata del urbanismo, la arquitectura civil, religiosa y militar,
además de las técnicas y estilos empleados en su construcción, en el siglo XVI. La
segunda y la tercera se refieren a estos mismos aspectos, pero en los siglos XVII y XVIII.
La cuarta parte trata sobre la sociedad y el urbanismo, los cambios políticos y la
arquitectura, entre otros temas, durante la primera mitad del siglo XIX. La quinta
contiene diez anexos, en su mayoría transcripciones de apartes de documentos del período
colonial, y una exhaustiva y minuciosa relación bibliográfica.
La realización de los
análisis y clasificaciones de la arquitectura por siglos, o sea con criterios
estrictamente cronológicos, no deja de presentar problemas serios. A lo largo de la
colonia existen manifestaciones y elementos de larga duración, especialmente de la
vivienda común y las técnicas constructivas, que permanecen sin cambios sustanciales
durante dos o tres siglos.
La deficiencia principal del
libro es su visión parcializada, porque dedica un gran porcentaje de sus páginas a
tratar demasiado los contextos, y preferentemente la arquitectura del oriente colombiano
(Boyacá, Santander y Cundinamarca), Cartagena y Mompox. Otras regiones son miradas de
soslayo y evacuadas velozmente.
Existen algunas imprecisiones. Una de ellas es que el
Qidor Luis Henriquez, fundador de casi todos los pueblos de indios del Nuevo Reino, estuvo
en Antioquia (pág. 112).
En cuanto a la forma, la
redacción está saturada de muletillas (no obstante, por tal razón, ahora bien, por
otra parte, por cuanto, etc.), redundancias, uso indebido de las mayúsculas en nombres
comunes y abundantes erratas tipográficas. La repetición continua de algunos temas se
hace permanentemente en cada capítulo, de manera innecesaria, como ocurre con el aparte
sobre técnicas constructivas.
Lo más decepcionante es la
manera veloz y superficial como se trata la arquitectura de la primera mitad del siglo
XIX. Fenómenos trascendentales como la obra de Petrés, el proyecto del capitolio
nacional, la dinamización y transformación de la vivienda tradicional en zonas urbanas y
de colonización, y la plasmación en formas construidas de un ideario político por parte
de gobernantes como Tomás C. de Mosquera, muestran la ligereza con que se trata el
problema, en un periodo de rupturas, renovación y cambios. Así las cosas, la obra no
trae ninguna novedad que aporte al conocimiento del tema.
LUIS FERNANDO MOLINA L.
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