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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
31, Volumen XXVIII, 1991
Lecciones útiles
para todos
Hacienda pública
Juan Camilo Restrepo
Universidad Externado de Colombia, Bogotá,
1992, 347 págs.
Afiliado por
convicción al partido conservador, Juan Camilo Restrepo representa entre nosotros la
sensatez, la pausa, la prudencia; y lo sensato no tiene credo político. De allí que sus
ideas hayan sido de recibo bajo varios gobiernos liberales. Es el reconocimiento a quien
piensa con la cabeza y es ordenado. Y es que en materia económica bien lo
sabemos los éxitos o fracasos de una política se miden en billetes, en bienes de
consumo, en el bienestar o malestar de toda la sociedad.
No es mi intención analizar en
esta breve nota los pormenores, no por expuestos con sencillez menos técnicos, de este
libro. Admiro, eso sí, la riqueza e ingenio de los ejemplos ilustrativos y la parte
propiamente didáctica de unas páginas que se inscriben en la tradición de la obra ya
clásica de Esteban Jaramillo. Se trata de lecciones destinadas, en primer término, a los
universitarios, aunque
desbordan desde el comienzo este
deslinde, por cuanto se apresuran a polemizar en muy diversos aspectos de una materia por
demás vastísima. Es preciso hacer notar que la de las finanzas públicas es una ciencia
incipiente, con no más de un siglo de vida, y de la que no se conocen las grandes leyes
sino acaso ni siquiera los principios generales. Por razones de espacio habré de
limitarme a poner un breve énfasis en los más personales aportes conceptuales del autor,
en sus enfoques, a menudo polémicos, aunque siempre brillantes a la hora de señalar los
escollos y de plantear soluciones.
Restrepo no es aliado de las
posturas dogmáticas. A lo largo de las páginas nos va mostrando cómo se derrumban los
postulados inmodificables de los viejos pontífices. No deja de ser sintomática nuestra
ciega confianza en ellos; todavía se habla con propiedad de esas nociones irrelevantes
como la de "mercado perfecto" o la de aquel absurdo "ceteris paribus"
de la economía clásica, que es como decir cerremos los ojos y juguemos al "como
si...", en paises atrasados que cuando no presencian cómo su suerte se juega según
intereses del todo extraños a ellos, van avanzando a golpes de bastón de ciego,
víctimas de míseros y costosos tanteos.
De ahí tal vez que, para emprender
el estudio de cada institución, Juan Camilo Restrepo realice un previo recorrido
histórico por las diversas épocas, desde la neutralidad absoluta del Estado, preconizada
por Pareto en el siglo XIX, hasta el paso por la primera guerra mundial (que desbarató el
mercado perfecto en el que creían los ingenuos) y que acaba con el Estado gendarme e
inicia el Estado moderno. El autor tiende a recalcar repetidamente la insularidad del
tercer mundo, cuyos procesos económicos obedecen a situaciones especiales que no fueron
contempladas por el análisis keynesiano, el cual fue concebido como un diagnóstico para
economías desarrolladas. Las únicas soluciones viables, por tanto, serán las soluciones
propias. El autor, no obstante, estima que el economista inglés ha sido malinterpretado:
se cree equivocadamente que Key
nes propuso desbocar las fuerzas
inflacionarias para financiar el gasto público; pero se olvida que en el esquema
keynesiano hay un ahorro privado que debe ser adquirido por el gobierno, que deberá
revertirlo al ciclo económico. El contrario no es un esquema keynesiano sino muy
latinoamericano, en el que los amplios déficit presupuestales que genera el exagerado
gasto público se financian pura y simplemente con las litografías, esto es, fabricando
billetes. La emisión de dinero, decía Estaban Jaramillo, constituye el peor de los
empréstitos y el más ruinoso de los impuestos. El gran riesgo que siempre gravita sobre
las buenas finanzas públicas, añade Restrepo, es precisamente que se abuse de la
prerrogativa de la emisión de moneda para financiar el déficit fiscal (pág. 277).
Desde un comienzo el libro señala
los nuevos rumbos de la hacienda pública hacia preocupaciones redistributivas Qel Estado
en el papel de Robin Hood?), en especial en su influencia sobre las zonas de pobreza
absoluta, término en auge en los años setenta. Uno de los enfoques más en boga es el
que considera que la hacienda debe tender a disminuir los ingresos de los grupos más
fuertes, haciendo uso de los tributos progresivos o gravando con mayor severidad las
rentas de capital. Sin embargo, no deja de señalar una idea a la cual volverá a lo largo
de todo el libro: que el gasto es instrumento más eficaz que los impuestos como factor
redistributivo de la renta.
A menudo observa
Restrepo los problemas fiscales no son tanto asunto de carencia de recursos como de
ineficiencia en la asignación de éstos. O sea: el problema no es tanto de ingresos como
de eficacia en los gastos, criterio enfatizado por la llamada Misión Wiesner-Bird, la
cual calculo que la rentabilidad del gasto en el sector privado en Colombia era cuatro
veces superior a la del sector público, a la vez que recomendó la privatización de
ciertos servicios públicos como la recolección de basuras y el transporte.
La crisis de las finanzas públicas
colombianas no radica pues en una
macrocefalia
del Estado, que no existe, sino en la aterradora ineficiencia del gasto público que se
ejecuta y en la defectuosa financiación del mismo. La idea es simple: "Los impuestos
son importantes, desde luego, pero lo que realmente cuenta, a largo plazo, es la
eficiencia con la que se distribuyen, transfieren y utilizan" (pág. 35). En
este punto, eje del estudio, Restrepo es reiterativo, pero no importa; en estos temas se
debe serlo. Anota, en apoyo, que las últimas reformas tributarias en Colombia (1961, 1979
y 1983) parecen interesarse bastante más por los recaudos que por los gastos.
El libro hace resaltar
históricamente la poca importancia de los tributos directos en el país, ante el
extraordinario auge de la alcabala, especie de "iva" colonial. Tuvimos apenas un
primer esbozo de impuesto a la renta con Castillo y Rada, a comienzos de la República. El
XIX, siglo de guerras y de desorganización administrativa, fue sustentado casi
exclusivamente en el impuesto de aduanas y, como tal, quedó sujeto a los vaivenes del
comercio exterior. Sólo al comenzar el siglo XX aparece patente la urgencia de implantar
un impuesto a la renta. Es cuando surge la que quizás ha sido la figura más importante
en la historia de las finanzas públicas en Colombia:
Esteban Jaramillo. Este libro es
casi un homenaje a su memoria, una reivindicación de la importancia capital de su nombre.
Gracias a él se crea en 1918 el impuesto directo sobre la renta, si bien con tímidas
tarifas. Dice Restrepo: "Ciertas instituciones, por la calidad y generosidad de la
inteligencia que las ha inspirado, terminan finalmente por confundirse con el nombre de
sus creadores. Quien estudie mañana nuestra vida fiscal y el democrático
desenvolvimiento de las instituciones financieras, se encontrara siempre con la gallarda
figura de Esteban Jaramillo". "Siempre estuvo adelante de su tiempo; siempre
estuvo oteando los caminos nuevos que deberían transitarse no en el futuro inmediato sino
a largo plazo". La de Jaramillo fue una visión moderada y organizada dentro del caos
reinante. Luchó con denuedo para que se estableciesen prelaciones entre las obras
públicas, a fin de que no se dispersasen los recur
sos. Con terca lógica explicó a
oídos sordos una y otra vez que para la buena planificación de las inversiones la
contratación debía hacerse definiendo primero las obras públicas, en orden de
importancia, para luego si conseguir el crédito externo apropiado. Defendió
permanentemente el equilibrio presupuestal, no el equilibrio formal sobre el papel, sino
un equilibrio real, esto es, aquél en el que únicamente los gastos extraordinarios son
cubiertos con el crédito interno o externo. Restrepo achaca en gran parte los déficit
fiscales que se han salido de control en Latinoamérica a endeudamientos que fueron
destinados a financiar gastos ordinarios. A los proteccionistas Esteban Jaramillo les dijo
que los altos costos del transporte eran suficiente protección para la agricultura y que
el atraso de la misma provenía de una deficiente estructura, no de las medidas
arancelarias.
Añade Restrepo al elogio un
apasionante estudio sobre las memorias de hacienda de Jaramillo. El derrumbe del impuesto
de aduanas, que generaba cerca del 70% de los ingresos ordinarios del gobierno,
desencadenó, bajo el gobierno de Suárez, una crisis fiscal y monetaria que se reflejó
en una escasez aguda de medios de pago. La propuesta de Jaramillo, como solución, fue la
creación del impuesto a la renta "el avance conceptual de mayor significación
hacendística del siglo XX" (pág. 88), así como la ingeniosa invención de las
célebres "cédulas de
tesorería" para absorber el
déficit; se trataba de un empréstito interno de cuatro millones de pesos, cuyos
suscriptores fueran los acreedores del Estado, a quienes se otorgaron títulos de deuda
pública a un interés del 2% anual. Jaramillo estaba creando la moneda fiduciaria, lo que
lo convierte en el pionero de los mecanismos de deuda pública interna en Colombia
fue ésta la primera gran operación de crédito público hecha en el país. Fuera de eso,
en gracia a la acumulación de grandes saldos a nuestro favor en el exterior, que llevó a
que el peso se revaluara (por única vez en nuestra historia) en cerca de un 25%, afectando
gravemente a los exportadores, en especial a los cafeteros, la imaginación de Esteban
Jaramillo ideó que los billetes ingleses fueran recibidos por los recaudadores
colombianos. Por desgracia, la medida, después de varios meses de aplicación, fue
declarada inconstitucional (1918). Con Jaramillo nace también el monopolio de emisión en
un banco único, anticipándose, desde luego, a la Misión Kemmerer.
Durante los años veinte Colombia
vivió de la famosa "prosperidad a debe"; fue una época de sorprendente
crecimiento económico durante la cual las rentas públicas se cuadruplicaron:
"El financiamiento externo se
recibió y se manejó dentro de un riguroso es quema de ortodoxia presupuestal. E
presupuesto balanceado fue la regla di oro que presidió todas las operacione~
presupuestales de la época..." (pág 101). Jaramillo creía que el créditc externo,
siempre y cuando se invirtieri en actividades productivas, era conveniente para el país:
"La prosperidad, la que vale la pena, la que puede llamar. se tal, es y ha sido y
será siempre um prosperidad a debe" y añadía: "No hay país ninguno de la
tierra cuya prospe. ridad, una que merezca llamarse así, no se haya hecho con dinero
prestado". Recordemos que el presidente Concha consideraba que todo endeudamiento
externo era nocivo.
Según Restrepo, Jaramillo fue el
primer keynesiano de nuestra historia económica, cuando hubo de enfrentarse al más
grande problema: el Banco de la República había sido diseñado como un ente pasivo, sin
injerencia ninguna como instrumento anticiclico.
Jaramillo ideó una forma mediante
la cual el banco emisor pudiera financiar al gobierno, mediante la concesión de las
salinas. Con el gasto estatal deficitario se estaban adelantando al New Deal y a la
política keynesiana contra las depresiones.
A partir de 1935 encontramos en
Colombia un esquema ahora sí basado ai la tributación directa y progresiva y un
constante descenso de la importancia de los tributos indirectos, tendencia que sólo
vendrá a revertir en los últimos años. La tributación indirecta ha ido ganando
importancia, egún Restrepo, porque los impuestos directos, asociados a menudo con el
fraude y la elusión fiscal, muestran una elasticidad tributaria mucho más reducida que
los indirectos, asociados m los aumentos del ingreso nacional. Nuestro sistema
impositivo es regredvo no tanto porque el diseño de los unpuestos lo sea, sino porque la
alta wasión determina un esquema muy poco progresivo e inequitativo" (pág. 139).
Las amnistías, dice con acierto, contienen un elemento desmoralizador idemás de que,
desde el punto de vista de los recaudos, su efecto es un spejismo que sirve para
justificar las eformas y subsanar transitoriamente as dificultades de liquidez.
Existe hoy una tendencia a
simplificar la estructura impositiva. Cada vez los recaudos dependen más de las
xetenciones y de los anticipos que de las liquidaciones de los contribuyentes. En 1990,
por ejemplo, el 45% de los ˇecaudos del impuesto a la renta provinieron de la
retenciones. Tras recordar que lo propio de todo impuesto indirecto es que se traslade al
consumidor, se pregunta si el país debe escoger entre la tributación directa y la
indirecta, para concluir que un Estado moderno requiere inexorablemente una dosis de una y
de otra.
El autor analiza la comedia de la
expedición del presupuesto anual, en la que año tras año el Congreso se disculpa con el
gobierno y el gobierno con el Congreso, como lo relató, en magistral página, Alberto
Lleras Camargo. En el estudio de los principios presupuestales de la Ley 38 de 1989,
Restrepo pone el dedo en la haga: el drenaje que se hace en la actualidad a las empresas
industriales y comerciales del Estado, especie de "cenicientas" del erario
público.
Contiene también el libro un
estudio sobre la cuenta especial de cambios. Considera altamente cuestionable la manera
corno quedó redactada la eliminación del equilibrio presupuestal; es posible que se
apruebe en adelante la ejecución de un presupuesto deficitario, sin una ley de recursos
adicionales, disparando las fuerzas inflacionarias. A la vez celebra la creación del
"gasto público social", pues la Constitución, por vez primera, hace juicios de
valor, aunque considera que consagra una disposición un tanto utópica, puesto que su
eficacia depende del crédito externo. Igualmente el libro estudia las transferencias; la
nueva filosofía, en términos generales, consiste en que los departamentos asuman salud y
educación básicas, a cambio de la transferencia del situado fiscal. El monto, con
ambigüedad, no ha sido fijado. La pregunta clave sería: żNo puede convertirse esa
redacción en una vena rota para las finanzas públicas del orden central?
Insiste en que lo que resulta
realmente crucial no es tanto establecer si existe o no déficit fiscal, sino cómo se
financia ese déficit, pues el déficit puede financiarse de diversas maneras:
unas inflacionarias, otras no. En el país el Congreso
decide, mediante ley, otorgar beneficios o ayudas sin que existan los recursos suficientes
para hacerlo, con lo cual se magnifica el acoso al presupuesto nacional, lo que da pie al
autor para una dura crítica se refiere en especial al apoyo a la educación, medida
en "principio encomiable y casi indiscutible. Se pensó que el sólo mérito
intrínseco de la educación era suficiente para asegurat la eficacia del gasto..."
"Seguramente añade muchas personas ignoran que el pago de maestros vale
más que toda la inversión directa del Ministeric de Obras Públicas, del Ministerio de
Minas y Energía tomados ellos en su conjunto" y que supera en un 33% toda la
inversión directa del gobierno.
O sea, agrego, un
estado misérrimo dándoselas de mecenas. "i,No será que identificamos el pago de
maestros con la automática realización de una inversión? żNo será que detrás de la
bella y noble idea de la educación se mueve el más poderoso interés burocrático de que
tenga antecedentes el país?" "...hay mucha gente que, de buena fe, sigue
creyendo en lo que yo llamaría la quimera de la educación". No faltará quien, tras
estas palabras, se rasgue las vestiduras y diga, ˇAh!, ˇJuan Camilo Restrepo, el enemigo
de la educación! Con respecto a las amenazas de huelga en momentos críticos, Restrepo
encuentra que el país nacional no suele acompañar al gobierno en estos casos: "la
huelga ilegal se ve como un movimiento legítimo de unos abnegados servidores del Estado
víctimas de la incomprensión del gobierno central". Para colmo de males, las
verdaderas soluciones, tal como son presentadas, no pueden gozar de popularidad.
Otros dos estudios, a la par con
una muy completa bibliografía, completan el volumen: del primero, sobre las operaciones
de mercado abierto (Revista Andi, núm. 58, 1982), se desprende una valiosa
lección: que los ingresos de la cuenta especial no son recursos confiables para financiar
un gasto presupuestal importante (pág. 313). "Financiar gasto público con recursos
aleatorios es algo así como jugar a la ruleta rusa fiscal" (pág. 314). No es
prudente montar el gasto público, añade, sobre "arenas fiscales movedizas". El
segundo estudio examina los vínculos entre el déficit fiscal y el financiamiento
externo, con un interesante paralelo entre las crisis de los años veinte y de los
ochenta.
LUIS H. ARISTIZÁBAL
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