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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
31, Volumen XXVIII, 1991
Hombres comunes
Los compañeros
de Féderman.
Cofundadores de Santafé de Bogotá
José Ignacio Avellaneda Navas
Academia de Historia de Bogotá-Tercer Mundo
Editores, Bogotá, 1990, 442 págs.
Este libro plantea
nuevamente el estudio de la fundación de Santafé de Bogotá, clarificando el proceso en
lo que a los actores históricos se refiere: si antes se concedía particular importancia
a los hombres del licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada y, en menor medida, a los
peruleros de Belalcázar, gracias a este excelente trabajo el primer lugar lo
ocupan hoy los compañeros de Féderman (o Federmann).
El trabajo se inicia explicando la presencia de las huestes de Féderman en
la sabana de Bogotá como una consecuencia del fracaso de la acción colonizadora de los
gobernadores alemanes en Coro (en la actual Venezuela). Este fracaso es atribuido, en el
caso del gobierno de Ambrosio Alfinger, a una suma de errores: los resultados adversos en
la búsqueda de una salida al Pacífico por la laguna de Maracibo; a su prolongada
ausencia de su sede de gobierno pero, principalmente, a haber descuidado la parte
española de sus subordinados, que llevó a un enfrentamiento con el cabildo de la ciudad.
Esto lo reduce Avellaneda a una explicación sencilla: los gobernantes alemanes
privilegiaron las empresas de conquista a las de colonización. Intentar corregir este
error fue el primer esfuerzo hecho por Nicolás de Féderman, sucesor de Alfinger, quien
fracasé ante la actitud que asumieron sus subordinados de origen
español, viéndose
obligado a iniciar un proceso de descubrimiento y conquista que lo llevaría a Santafé de
Bogotá.
La llegada a la sabana de
Bogotá de la empresa de conquista capitaneada por el alemán permite a Avellaneda, no
sólo precisar la cronología del proceso de fundación, sino también situar
históricamente los significados de lo que fue la fundación de facto y la
fundación jurídica de la principal ciudad del Nuevo Reino de Granada. La
primera obedeció primordialmente a los hechos de la conquista, mientras que la segunda
correspondió a un proceso de colonización en el que los hombres de Féderman
desempeñaron un papel fundamental al participar en igualdad de condiciones que los de
Quesada, no sólo en la fundación de Santafé, sino en las de otras ciudades del Nuevo
Reino. Esto remite a otro hecho importante señalado por el autor: mientras los recién
llegados participaron plenamente en la fundación de la ciudad, los
peruleros de Belalcázar lo hicieron en calidad de observadores, lo que le
permite sostener aún más su hipótesis de la necesidad de diferenciar entre los
conquistadores y los colonizadores.
La parte medular del libro
expone las características socioeconómicas de los soldados de Féderman. Hace resaltar
que se trataba de hombres en su mayoría experimentados en empresas de conquista, con edad
dc 28 años en promedio. También estudia los lugares de procedencia, mostrando cómo en
la colonización del Nuevo Reino participaron extranjeros en un 15% frente a un 85% de
españoles. Lo que lo convierte en el lugar con más alta presencia de extranjeros frente
a Panamá, Perú y Chile. También estudia la ocupación de 35 de los recién llegados,
señalando la práctica militar y su experiencia en Indias y algunas habilidades
especiales, tales como servir de intérpretes (lenguas), capacidad para elaborar puentes y
barcas, servir de escribanos o haber actuado como factores de los Welser. Respecto a los
niveles educativos, muestra que 47 eran alfabetizados, lo que deduce del hecho de que
sabían firmar, mientras que 17 no lo eran, exceptuando dos curas, cuya formación exigía
leer y escribir.
Desde el punto de vista de
la composición social, la conclusión es que en general la hueste de Féderman se
componía de hombres comunes, pues sólo una docena presumía de hijosdalgo
que tenían casa poblada con armas y caballo.
En cuanto a la importancia
social adquirida por su participación en la colonización del Nuevo Reino, Avellaneda
señala que 64 de los 106 compañeros de Féderman recibieron encomiendas dentro de un
territorio que comprendía desde Santafé, Vélez, Tunja, Tocaima, Pamplona hasta Mérida
y también en Ibagué, Mariquita y San Juan de los Llanos. Esto les permitió convertirse
en figuras importantes de la vida colonial y formar familias con mujeres europeas, aunque
un 22% tuvo hijos con indias.
Su influencia se sintió
también en el campo religioso, ya que los dos clérigos que lo acompañaron ocuparon los
primeros curatos en Santafé y Tunja. Su importancia política no fue tampoco
despreciable, pues muchos de ellos ocuparon cargos públicos en diferentes ciudades del
Nuevo Reino.
Respecto a las ocupaciones
económicas durante la vida colonial se encuentra que un buen número se dedicó a la
minería, mientras que otros se dedicaron al comercio y a impulsar la navegación por el
río Magdalena. Del mismo grupo formaron parte quienes establecieron el primer molino y la
primera tenería e iniciaron la importación de ganados desde Venezuela. En cuanto a
explotaciones ganaderas, se sabe que unos pocos recibieron parcelas en sitios cercanos a
Bogotá y Tunja, donde levantaron pequeñas estancias.
Creo que no debo finalizar
sin señalar que este extenso estudio muestra la seriedad que requiere el trabajo de un
historiador: dominio del tema, búsqueda larga y paciente de información en fuentes
nuevas y viejas y un excelente uso del aparato critico. Esto se nota en el impresionante
volumen de las fuentes citadas, en las que resalta la cuidadosa utilización de las
probanzas de servicios de los juicios de residencia y de las
informaciones de juicio y parte, documentos que no habían sido muy utilizados
en la reconstrucción de nuestra historia colonial, y que son complementados por
documentos notariales de diversa índole, por registros parroquiales y por una larga serie
de documentos oficiales que reposan en archivos de España y de Colombia.
ALONSO VALENCIA LLANO
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