Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 31, Volumen XXVIII, 1991
 

Sin título (Grabado Manuel Portillo. Tomado de: Homenaje a Fernando VII, lámina núm. 21

Soldados de las guerras de independencia 1810-1812 en América del Sur (Dibujo de E. Marenco.

Las consecuencias económicas de la independencia en Colombia:
sobre los origenes del subdesarrollo

MARCO PALACIOS

LA CRISIS DE LEGITIMIDAD

A INDEPENDENCIA AMERICANA coincide con una nueva época de la expansión europea (1) . En los siglos XVI, XVII y XVIII América representó el corazón de los imperios europeos. Entre 1763 y 1830 Europa perdió la parte más sustancial de sus colonias en el hemisferio occidental y su predominio se desplazó a Africa, Asia y el Oriente Medio. Después de tres siglos de colonización, las guerras europeas y el rechazo de los americanos a la tutela colonial dieron al traste con los imperios.

El contrapunto entre la neutralidad portuguesa y la participación española en el juego de rivalidades anglo-francesas puede explicar en parte la diferente trayectoria de la independencia de Brasil y la de Hispanoamérica. El movimiento pendular español entre Francia e Inglaterra mostró a los criollos la fragilidad de su metrópoli y en últimas su carácter subalterno en el viejo continente. Desde el estallido de la guerra anglo-española hasta la paz de Amiens (1796-1802), el tráfico entre España y sus posesiones americanas quedó suspendido. En 1804 España entró de nuevo en guerra con Inglaterra para recibir a los pocos meses en Trafalgar (1805) la confirmación rotunda de que en el Atlántico estaba a merced de la flota británica y, por ende, no podía impedir la ofensiva frontal de los intereses comerciales tempranamente establecidos por Gran Bretaña en sus puertos francos del Caribe; más aún: después del traslado de la corte portuguesa a Brasil (1808) bajo la escolta británica, en Río de Janeiro abriría otro foco de penetración comercial en Suramérica.

Que la metrópoli más débil, España, mantuviese en 1815 gran parte de su imperio, cuando Inglaterra y Francia estaban básicamente reducidas al Caribe, era más bien una manifestación adicional del atraso de la península ibérica: al comenzar el último cuarto del siglo XVIII la concepción teórica de Adam Smith y la independencia de las trece colonias británicas en la frontera norte del imperio español, demostraban que el edificio mercantilista representaba un lastre en la lucha por la hegemonía europea y, para el caso, mundial. Los gobernantes británicos concluían que el mercado de Iberoamérica crecía para los productos de sus fábricas sin que para ello fuese menester incurrir en el costo de administrar y defender colonias.

Así se abonó el terreno de la crisis de legitimidad que sobrevino en 1808 con la abdicación de Carlos IV, la invasión de la Grande Armée a la península y la ingeniosa captura de la familia real en Francia, una vez que Napoleón consiguió la abdicación de Carlos IV y Fernando VII a favor de su hermano José. Al igual que en España, los criollos adoptaron a Fernando VII, El Deseado, como el símbolo de la legitimidad y aceptaron la autoridad de la Junta Central que huyó de Aranjuez a Sevilla. Fn 1809 los criollos de Santafé, a diferencia de los de Popayán, vieron con simpatía el establecimiento de la Junta de Quito. El colapso de la Junta Central en Cádiz y el establecimiento de la Regencia encargada de organizar el trabajo de las Cortes (enero-febrero de 1810) desaté el movimiento que culminaría en la independencia y que inicialmente sacudió a Caracas (abril), Cartagena (mayo), Santafé (julio), Socorro (agosto)... Como en otras latitudes, en las provincias neogranadinas las elites criollas se dividieron en bandos regentistas yjuntistas; en cuanto estos últimos predominaron, sobrevino el antagonismo entre centralistas y federalistas que alimenté las guerras civiles de la Patria Boba.

"Las clases dominantes consolidadas en la Colonia enfrentaron la tarea de dirigir.." (Dos caballeros bajo las arcadas en la Casa de la Aduana, José Manuel Groot, ca. 1830).

CONTINUIDAD Y CAMBIO

Según muchos autores, la independencia no trajo ningún cambio importante en la demografía, el reparto de la riqueza y el ingreso, el aumento de la inversión social (transportes) o privada. Tampoco acompañé a la independencia un crecimiento notable de la demanda mundial de productos latinoamericanos, con excepción del azúcar. Su único efecto visible consistió en reorientar la geografía del comercio y fomentar nuevos hábitos de consumo de productos europeos (2) .

¿Por qué, entonces, fue tan superficial el cambio generado por la independencia? Verbigracia, ¿por qué ganó la continuidad en un país como Venezuela donde las nuevas instituciones eran apenas del siglo XVIII y donde, en contraste con los virreinatos de México y Perú, el poder y riqueza de las elites era menos considerable, más agudas las tensiones raciales y mayores el desorden y la destrucción ocasionados en diez años de guerra civil de la independencia? (3) .

Ruptura y continuidad: su vaguedad conceptual y su recurrencia en la literatura histórica parecen un fenómeno universal pero, como propuso Gerschenkron, más que inherentes a la materia histórica son instrumentos a disposición de cada historiador para contar su historia. Al especificar el carácter de la aceleración histórica inducida por la industrialización, Gerschenkron señalaba cómo ésta varia según el lugar que cada país ocupe en la cola hacia la industrialización: cuanto más atrás esté un país, mayor será su aceleración inicial. Si las trasformaciones se producen en el sector manufacturero, no habría por qué auscultarlas en grandes agregados como el ingreso nacional, puesto que cuando la industria ya se ha vuelto suficientemente abultada como para afectar el ingreso nacional, el período excitante del primer pataleo pudo haber pasado (4) . Desde este punto de vista, la narrativa de las consecuencias económicas de la independencia latinoamericana resultaría poco "excitante"; a diferencia, por ejemplo, de los Estados Unidos, las nuevas naciones no hacían cola para entrar al mundo industrial, pese a la "protoindustria" textil de algunas ciudades de Brasil o México, en el siglo XVIII y comienzos del XIX (5) . Con todo, conviene: a) subrayar la rusticidad de la producción textilera neogranadina, comparada incluso con los obrajes quiteños, ya en decadencia en el siglo XVIII (6) , y b) anticipar que hasta principios del siglo XX casi toda la producción textilera en la Nueva Granada fue una actividad típicamente campesina, y el "artesanado" del censo de población de 1870 y subsiguientes distorsiona completamente la realidad de la estructura ocupacional y el peso de las "manufacturas" en la población económicamente activa (7) . Dentro de cada unidad familiar había una simbiosis entre la producción de algodón (Santander) o lana (Boyacá y Nariño) y las faenas de hilar y tejer, desempeñadas casi siempre por las mujeres y sus niños.

La trayectoria económica colombiana entre c. 1780 y e. 1850 sugiere la extraordinaria limitación que tuvieron por un lado las reformas borbónicas y por el otro las políticas económicas liberales de los gobiernos republicanos para afectar un entable importador cuyos cimientos se echaron hacia 1780 y que, después de la independencia, se vería más afectado por las trasformaciones del cuadro de oportunidades abiertas a las diferentes elites urbanas, que por las políticas del Estado republicano o por la amenaza proveniente de otros actores sociales (8) . La independencia abrió nuevas avenidas a los comerciantes de Santa Marta y Mompós que retaron la hegemonía de Cartagena (de hecho los primeros síntomas se veían en las redes de contrabando de fines del siglo XVIII), a las "ciudades confederadas del Valle" frente a Popayán, y, a los notables del Socorro y San Gil, que se afirmaron frente a Bogotá. El cuadro era dinámico: recién llegados, como Medellín, enfrentaron a mediados del siglo el "separatismo" de Manizales. Desde el punto de vista social, las amenazas quedaron localizadas en los "retozos democráticos" de la región caucana, a mediados del siglo, y en el movimiento artesanal bogotano, de la misma época y a pesar de que en la segunda mitad del siglo seguirían pesando en la vida política, no crearon en las clases dirigentes o propietarias un estado de ansiedad o inseguridad y más bien dieron pie al oportunismo de los políticos para explotarlas para sus fines electorales o militares.

Continuidad y ruptura: algunas interpretaciones de la historiografía económica acentúan la continuidad; así, W. P. McGreevy sostiene que "a pesar de estos cambios politicos[...] muchos elementos de una política colonial esencialmente explotadora continuaron en el nuevo Estado después de la independencia...", y añade que "la continuidad de la política económica y de las condiciones economlcas me llevan a considerar los años 1763-1845 en un capítulo único para restar énfasis al cambio político que trajo la independencia de España" (9) .

En un trabajo anterior adoptamos la tesis de que la independencia representó un cambio neto y definitivo en la historia colombiana. Si bien es cierto que la economía y la sociedad se trasformaron débilmente, la época que abre la lndependencla se caracterizó porque las clases dominantes consolidadas en la colonia enfrentaron la tarea de dirigir política,nente la nación recién inventada. Al romper el nexo colonial y barrer con sus agentes y representantes, estas clases tendrían que convertirse en una clase dirigente nacional, desbordando el localismo colonial y superando la fragmentación y dispersión del poder (10) .

En este ensayo, esbozaremos, siguiendo la prescripción de Mörner, algunos cambios que la independencia produjo en la estratificación social (11) . Para lograrlo, enfocamos sumariamente los efectos de las importaciones de textiles de algodón británicos en la primera mitad del siglo XIX y, puesto que estas se pagaron con oro, consideramos las condiciones de la oferta del metal.

(continuar)

1 D. K. Fieldhouse, The Colonial Empires. A Comparative Survey from the Eighteenth Century, Londres (regresar 1)

2 Vease por ejemplo D. C. M. Platt, Latin America and British Trade,
1806-1914,
Londres, 1972.
(regresar 2)

3 J. V. Lornbardi, Venezuela. The Search for Order, the Dream of Progress, Nueva York, 1982, págs. 111 y sigs. (regresar 3) 

4 A. Gerschenkron, Continuity in History and Other Essays, Cambridge (Mass.), 1968, especialmente págs. 33-35. (regresar 4)

5 Para un estimulante estudio sobre la "continuidad" de la industria manufacturera mexicana, véase Guy Thompsort, "Continuity and Orange in Mexican Manufacluring, 1800-1870" en lean Batou (comp.), Between Development and underderdevelopmet: the precocious attempts at industrialization of the periphery 1800-1870, Ginebra, l991,págs. 256-302. En la mistas línea que acentúa las continuidades entre la protoindustrialización legada por la colonia y la industrialización nacional en Brasil, véase Frederic Mauro, "Le Brésilde iSOOá 1870: delaprotoindustrialisation á la préindustrialisation", en 1. Batou, ibíd, págs. 229-253. (regresar 5)

6 Javier Ortiz de la Tablada Ducasse, "Economía y sociedad en Quito (1765-1810)", en La América española ett la época de las luces, Madrid, 1988, pág. 188. (regresar 6)

7 La falta de crítica de estos censos y la aceptación ulercial de sus clasificaciones por parte de los historiadores distorsiona inevitablemente estudios del proceso de industrialización colombiana emprendidos por economistas, cotno el fino y perceptivo articulo de A. Berry, "The limited role of Small-scale manufacturing for Latecomers: Some Hypothesis on tire Colombian Experiencie," en Journal of Latín American Studies, núm. 19, 1988, págs. 295- 322, en que el autor subraya la discontinuidad espacial entre las manufacturas de tejidos en Santander y la industrialización de Antioquia, región que careció de tradición en estas artesanlas. (regresar 7)

8 Entre los trabajos de lectura obligada para comprender la economia y la sociedad del último tercio del siglo XVIII y de los primeros decenios nacionales, se cuentan: Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Bogotá, 1955; Germán Colmenares, Historia económica y social de Colombia, t. II: Popayán, una sociedad esclavista 1680-1 800, Bogotá 1979, y Cali, terratenientes, mineros y comerciantes, siglo XVIII, Cali, 1975; David Bushnell, The Santander Regime in La Gran Colombia, Newark, 1954; Frank R. Safford, The Ideal of the Practical. Colombias Struggle to form a Technical Elite, Texas, 1976, y Commerce and Enterprise in Central Colombia, 1820-1870, Ph. D. Diss. Columbia University, 1965; Jaime Jaramilío Uribe, Ensayos sobre historia social Colombiana, Bogoti, 1968, y José Antonio Ocampo, Colombia y la economía mundial;1830-1910, Bogotá, 1984. El trabajo de Margarita Garrido de Payán, Tite Political Culture of New Granada, 1770-1815, D. Phil. thesis, University of Oxford, 1990, representa un importante avance en el conocimiento y comprensión de la base social de la política de esta epoca. (regresar 8)

9 William P. McGreevy, An Economic History of Colombia, 1945-1930, Cambridge, 1971, pág. 19. El problemas con esta obra reside menos en esta tesis que en los métodos empleados y en el análisisdel periodo posterior. Para la crítica a este trabajo, véase Instituto de Estudios Colombianos (ed.), Historia Econóntica de Colombia:un debate en marcha, Bogotá, 1979. (regresar 9)

10 Marco Palacios, "La fragmentación regional de las clases dominantes en Colombia: una perspectiva histórica", en Revista Mexicana de Sociología, vol. XLII, núm. 4, 1980, págs. 1663-1689, en que argumentamos en favor de superar el economicismo interpretativo y por analizar la independencia"desde el ángulo de la especificidad de lo político y de la autonomía y eficacia relativa de las mentalidades, las ideologías y los proyectos sociales en relación con la base material de la sociedad" pág. 1664. Véase también Horacio Rodríguez Plata, la antigua provincia del Socorro y la independencia, Bogotá, 1963. Para explicar los fundamentos del sentimiento patriótico como base del nacionalismo, cfr. Anouar Abdel-Malelc, la dialectique sociale, París, 1972, y E. Anderson, Imagined Communities. Reflections on tite Origin and Spread of Nationalism, Londres, 1983. (regresar 10)

11 Magnos Mórner prescribió la necesidad de superar el carácter"impresionista" de la discusión en tomo a los efectos de la independencia sobre las sociedades latinoamericanas, en particular cuando sus parámetros son "cambio o continuidad". Emprender estudios comparativos de los cambios en la estratificación social ayudaría, según él, a escapar de este "impresionismo . Véase M. Mómer "Padrones de estratificación en los paises bolivarianos durante la época del Libertador: posibilidades de un enfoque comparativo", en Cahiers des Ameriques Latines, núms. 29-30, 1884, págs. 1-12.
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