Gerardo Bedoya
Borrero describe y analiza en su libro los hechos que llevaron al gobierno de Virgilio
Barco Vargas (1986-1990) a optar por el esquema gobierno-oposición y al partido
conservador por la "oposición reflexiva", proceso que significó según
palabras del autor la muerte del Frente Nacional.
El libro está compuesto de ocho
partes y un epilogo. En la primera parte el autor explica el procedimiento empleado con
las fuentes para la reconstrucción de los principales episodios históricos. Para su
propósito recurre a los documentos que tuvieron que ver de manera directa con el problema
en estudio. Cuando la fuente primaria es insuficiente Bedoya bien hace uso de los
testimonios de los protagonistas, cuando no apela a los órganos de la prensa nacional.
En la segunda parte se da cuenta de
los hitos fundacionales del Frente Nacional. Pero, y no obstante haber transcurrido
treinta años de historia, el autor en nada renueva las viejas interpretaciones sobre los
origenes del pacto bipartita. Al contrario, las ahonda. Como en la historiografía
política tradicional, Bedoya afirma que contra el plebiscito "se levantó la voz
solitaria de Gilberto Alzate Avendaño" (pág. 26). Una observación histórica más
detenida nos mostraría que la de Alzate fue la voz que interpretó miles de voces
adversas a la entronización
de la "Segunda
República". Bastaría con volver a examinar las páginas de Diario de Colombia o de
seguir con detenimiento el tortuoso camino del Movimiento de Unión y Reconquista en las
azarosas campañas electorales de 1958. Bedoya intenta persuadir al lector de que los
vaticinios del Mariscal, en lo relacionado con "lo antidemocrático"
del nuevo sistema al excluir del régimen de responsabilidad compartida a partidos
distintos a los tradicionales, no se cumplieron. Para el autor, el surgimiento y éxito de
la Alianza Nacional Popular es una prueba que demuestra la flexibilidad del Frente
Nacional. Con esta tesis no estarán nunca de acuerdo quienes constituyeron esa fuerza
política ni quienes desde la investigación histórica han pensado ese esfuerzo
político. La Anapo no surgió por la flexibilidad sino por la inflexibilidad del nuevo
orden. Durante la década de los sesentas nunca se le reconocieron a ese movimiento sus
derechos a la paridad, no obstante haberse convertido, gracias al respaldo electoral en
segunda e incluso en primera fuerza política en diversos municipios del país.
En la tercera parte del libro:
"Oposición reflexiva", el autor entra de lleno en materia. Sostiene allí que
el esquema "gobierno de partido" que distinguió a la administración Barco no
fue un punto de llegada sino de partida. Para Bedoya el "gobierno de partido"
fue el eje principal sobre el cual giró la campaña liberal de 1986. El autor ve en la
ideología del discurso electoral del partido liberal la mano de Mario Latorre Rueda,
profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes. Compara algunas de las
intervenciones del candidato liberal con las tesis que Latorre formulara en su escrito Hechos
y crítica política, impreso en abril de 1986. En particular, destaca el
capitulo "Colombia ¿una sociedad bloqueada?, donde el profesor Latorre analiza las
consecuencias de la prolongación de la coalición frentenacionalista. En este capitulo
Bedoya demuestra la coherencia entre las tesis de Latorre y las expuestas por el candidato
Barco: la tesis de los gobiernos débiles por causa del artículo 120 de la Constitución,
la identificación de la ausencia de una verdadera oposición como causa de la subversión
y la tesis del gobierno de partido.
Basándose en un documento sobre la
"oposición reflexiva" redactado por el expresidente Misad Pastrana, Gerardo
Bedoya explica paso a paso los motivos de semejante decisión. Se trató, en primer lugar,
de un problema de "decoro político" al no alcanzar el conservatismo una
votación considerable en las elecciones presidenciales de 1986, lo que probo según
nana el autor que los colombianos habían respaldado la principal tesis de la
campaña liberal, el gobierno de partido. En segundo lugar, la oposición reflexiva tiene
su explicación en la necesidad que adujera Pastrana de convertir al conservatismo en
alternativa de poder. Y, en último lugar, "evitar disquisiciones y regateos sobre el
artículo 120 de la Constitución". Son resaltados en estos apartes los esfuerzos de
Pastrana Borrero por lograr un Estatuto de la Oposición "que fije la regla de los
derechos de ésta en cuestiones cada día mas importantes como son la carrera
administrativa, los medios de comunicación, la información del Estado, el derecho de
réplica, su presencia, si no absoluta, al menos en algún grado en los organismos de
control" (pág. 75). En otras palabras, que fije mecanismos para ejercer la
oposición. Finalmente, en la tercera parte de su libro Bedoya Borrero reconstruye el
cuadro de reacciones en tomo al documento sobre la "oposición reflexiva". En
las páginas del texto se pueden recoger no sólo acuerdos y desacuerdos dentro de la
colectividad conservadora, sino también las reacciones de toda la clase política
nacional sobre la oposición reflexiva.
En la cuarta parte del libro, el
autor se sitúa en los momentos previos a la posesión presidencial. A través, como él
mismo lo manifiesta, de la técnica del arte cinematográfico japonés de describir el
mismo hecho desde distintos puntos de vista, reconstruye la entrevista del presidente
electo con los miembros del Directorio Nacional Conservador en donde se discutió la
posición de este partido frente al nuevo gobierno. El método no es nuevo en la
investigación histórica del país; con otros propósitos había incursiona
do en él Arturo Alape en sus
trabajos sobre la Violencia y el Bogotazo. Pero lo meritorio del presente caso es que se
utiliza para reconstruir una reunión que de no haber sido por el método escogido por
Bedoya, no sabríamos a ciencia cierta los pormenores de su nacimiento y desarrollo.
Gracias a la indagación temprana de los testigos directos puede el historiador medir el
significado que tenía para los conservadores el desarrollo de dicha reunión. Son
interesantes en ese sentido las palabras de J. Emilio Valderrama, uno de los
protagonistas: "El ambiente de la reunión fue frío.., todos salimos sorprendidos de
que 29 años de convivencia y pactos constitucionales y legales de los dos partidos, se
desmontaran en setenta minutos. Era tal la frialdad de este encuentro que yo me sentía
extraño en mi propia patria y me daba la impresión de estar hablando también con un
Presidente de otro planeta" (págs. 126-127).
Uno de los problemas del
investigador de la historia política es el establecimiento de la génesis de los
documentos programáticos de los partidos. Si la historia que se quiere reconstruir es
demasiado lejana, resulta difícil saber cómo se redactó un documento, qué criterios se
tuvieron en cuenta, quiénes tomaron parte en él, quién entre los que intervinieron tuvo
mayor influencia. Detalles estos, de gran importancia para ubicar las raíces ideológicas
del documento. Gerardo Bedoya logra dejar resuelto este problema, cuando en la quinta
parte de su libro, nos cuenta en detalle la historia de los documentos producidos por el
Directorio Nacional Conservador de agosto de 1986, donde esa colectividad fija sus
posiciones frente al gobierno de Barco.
Gracias a este libro el lector
entenderá hasta donde penetró el espíritu del Frente Nacional y comprenderá las
dificultades con las que se contaban para su desmonte siquiera parcial. En realidad, no
era sencillo avanzar hacia un esquema gobierno-oposición en su forma clásica. Pero el
solo hecho de plantearse el problema era un avance. Gracias a la discusión en tomo al
artículo 120 de la Constitución, el conservatismo puso a circular en el escenario de la
política, el tema
del "estatuto de la
oposición". Tema que había planteado con brillo el MRL en la campaña electoral de
1960. No eran casuales las cosas, el presidente Barco había hecho parte del MRL en sus
comienzos, lo mismo que sus asesores Mario Latorre Rueda y Juan José Turbay. Empero, el
ministro de Gobierno, Fernando Cepeda Ulloa, contestó a las aspiraciones de los
conservadores diciendo que "el estatuto de la oposición en Colombia era la
Constitución Nacional, con su sistema de garantías" (pág. 159). Era la
forma de evadir una realidad: Colombia no estaba preparada para la aplicación, de un
momento a otro, del nuevo esquema. Veamos como lo nana el autor:
En las primeras semanas de la
nueva administración, la política había entrado en un cúmulo nimbu.s y el nuevo
esquema rechinaba en sus engranajes, para usar un símil de Mario Latorre. Nada parecía
funcionar: ni el gobierno ni el partido de gobierno ni la oposición. El lenguaje
político del nuevo esquema no estaba definido y ningún bando sabía a ciencia cierta
cuál era la posición que debía ocupar. El ministro de gobierno confundía el Congreso
con la cátedra universitaria; el gobierno se encontraba inmóvil y mudo; las fronteras
entre el gobierno y partido de gobierno no parecían claras; el partido de oposición, a
su vez, no encontraba temas para hacerla... [pág. 162]
Y así el autor, en las partes
sexta y séptima de su libro, sigue mostrando las vicisitudes del improvisado nuevo
esquema de gobierno. Por supuesto, las dificultades no eran monopolio del gobierno.
Tampoco fueron fáciles las cosas para el partido de la "oposición reflexiva
El conservatismo no ha observado
disciplina política en todos los casos... En el Valle del Cauca se han ratificado
alcaldes conservadores de las distintas vertientes, se han designado alcaldes
conservadores cívicos
y liberales cívicos, y liberales militantes... Los
distintos grupos conservadores del país se lanzan mutuas recriminaciones de
"lentejismo" y de no observar una conducta clara respecto a las decisiones de la
jerarquía [pág. 183]
La última parte del libro está
dedicada a las conclusiones y reflexiones generales del autor. Se hacen planteamientos de
tipo filosófico y jurídico con los que se puede estar o no de acuerdo. Algunos de ellos
han sido rebasados por los acontecimientos posteriores a la redacción del texto, tales
como la aprobación de la nueva Constitución en 1991. Lo cual no significa de ninguna
manera que el libro haya envejecido prematuramente. Todo lo contrario, se trata de un
valioso aporte a la historiografía política del país. Es de resaltar que para el
abogado Gerardo Bedoya no fue un obstáculo su militancia conservadora de corte
pastranista en el manejo objetivo de las fuentes. No se advierte a lo largo de su escrito
una tergiversación o intencionalidad de mal gusto con la documentación. Adelanta para
posteriores investigaciones la selección de los hechos y la compilación de las fuentes
más importantes para pensar una coyuntura histórica de enorme importancia para la
comprensión del sistema político nacional.
CÉSAR A. AYALA D.