Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 30, Volumen XXIX, 1992


Envío certificado


Postal de fin de siglo. Poesía colombiana actual
Selección y notas de M. Cristina Oramas. Presentación de Oscar Collazos
Kolibro Editores. Bogotá, 1991.

 

Esta selección de poetas que están ya en la base tres o a punto de alcanzarla, llega al público con una pésima noticia en la dedicatoria: "el asesinato del poeta y periodista Julio Daniel Chaparro". En la presentación del volumen, Oscar Collazos señala dos cosas que resaltan: 1) "reconocer el acento más o menos común de una generación de poetas que ha estado cerca de la mejor lírica contemporánea" y que 2) "estas postales recuperan la memoria y dan su ‘palabra en el tiempo’ a través de la deseable intemporalidad del poema". 

Si cada poema tiene una anécdota (la de su propia escritura, para el caso), habría que endilgarle la conveniencia de volverla explícita. Virtud de redimirse, también, sin la venia del lector. Pasajeros de si mismos, los poemas pagan su tributo al tiempo sin mayores intereses. Son detectores no de experiencias inéditas de la "realidad", sino de aquéllas del lenguaje. Por lo tanto, la palabra tiene una especial reverberación cuando de propuestas se trata, como en el presente muestrario. Todos han publicado uno o más libros de poemas, lo que no significa que aminoren los escollos de una búsqueda que, entendida en su justo sentido, ha de ser permanente. Porque estos poetas siguen, pues, a la caza de la autoexpresión, pese a los buenos ejemplos que Eugenia Sánchez Nieto y Gustavo Adolfo Garcés nos ofrecen. En este último, nacido en Medellín en 1957, la línea ungarettiana (¿vía Juan Manuel Arango?) está viva para beneplácito del lector: 

Por la ventana
entra el viento
la lámpara
la silla
la mesa y yo
estamos en silencio
todos respiramos
el mismo aire
todos tenemos
el mismo aire
de misterio 

[La noche, pág. 40].

Para Eugenia Sánchez Nieto, bogotana y del 53, la palabra poética bien podría estar representada en esta especulación de las altas horas: 

¿Qué sonido es ese que se escucha en la noche?
Serán los muertos que algo
olvidaron y tratan de abrir la puerta
Será el viento que derribó el bronco árbol
O la joven indefensa que busca un lugar dónde dormir
Tal vez son los anómalos del 401
que no se cansan de hacer terapia de grupo
Será un animal que trata de hacer de esto un lugar decente
O será mi quebrantado corazón que no logra dominarse.
¿Qué sonido es ese que se escucha en la noche?
[...]
Tal vez son los indefensos del 401
a quienes tantas veces los visita el miedo
O será el animal que llevo dentro y lucha por salir. 

[Vigilia, págs. 34-35] 

En ambos casos la precisión verbal es un síntoma: "misterio" y reconocimiento de un cuerpo interno al que no le basta la razón para manifestarse. 

Armando Rodríguez Ballesteros (Bogotá, 1956) y Rafael del Castillo (Tunja, 1962) tienen poemas dedicados a Raúl Gómez Jattin (1) . Ignoro si se trata de una coincidencia o si más bien se podría hablar de parentesco expresivo. En todo caso hay, sí, una intención de "contar" en el poema, a la usanza de Gómez Jattin, emparentado a su vez con Jaime Jaramillo Escobar. Curioso es que también ambos poetas reflexionen sobre la casa (págs. 17 y 28). No lo es, sin embargo, que vean la llegada de la poesía con elementos que son familiares para el “grupo”: 

Entre todas las palabras
elijo pájaro por el misterio
del más audaz y libre de los saltos.
Entre todos los signos
opto por el sueño conocido
que palabra alguna lo define.
Entre todas las cosas
me adhiero al poema
Pájaro escapado del sueño. 

[Juego de palabras, pág. 221] 

No sé si Rodríguez Ballesteros (y pienso en el último verso del poema citado) conozca la obra de Oquendo de Amat —es decir, ese libro hermosamente titulado 5 metros de poemas (1927)— o acaso la de Jorge E. Eielson, pero son poetas que le depararían más de un camino (2) . En esa dirección, por cierto, marcha Del Castillo, y su Nocturno revela —como el misterio para Rodríguez Ballesteros— el habla de esta "comunidad" (en el dorso de la contracubierta aparecen los siete poetas en patota): 

Un poco de calor en medio de la lluvia
cada verso
ese delgado intento de encontrar poesía.
Cae la noche inevitable
un viento suave sopla
y aviva mis palabras:
si alguien las viera desde lejos
sería un poco menos solo
en medio de las sombras.  

A bordo del poema
ya no únicamente las frías luces de neón
iluminarían la noche del hombre. 

[pág. 27]

Jorge Mario Echeverri Cárdenas (Pereira, 1963) da cuenta, en forma explícita, de esas búsquedas. No poetiza la "espera", digamos, sino que sale al encuentro de otras voces. Vallejo, por ejemplo, en "Madre mira/ tu hijo Llega todas las tardes solo/ a una casa sola, a quitarse los zapatos del cansancio/ a mirarse en el espejo del hastío ..." (pág. 51). Y en otros versos nidales ("para el que duerme el deseo no cesa/ para el que duerme// en su vientre anida un caracol" [pág. 50]) resulta imposible no escuchar a Georges Schéhadé traducido por Octavio Paz (3)

Femando Linero Montes (Santa Marta, 1957), quien abre el volumen, nos da varias pistas sobre la selección de M. Cristina Oramas, ya que el dibujo de la portada (hecho por Nubia Stella Cubillos) es una calle (¿o quiso ser callejón sin salida/) rodeada de casas. En 1980, Linero publicó Sonata del sonámbulo, con prólogo de Juan Manuel Roca. Rigor no exento de una postura moral, como en el autor de Señal de cuervos (1979). También carga su Vallejo a cuestas, o un Blas de Otero se le acerca, como en Si mañana (pág. 12). Pero será Cotidiana (dedicado a Nubia Cubillos) el que marque el paso de toda la antología: 

Ella se levanta
bajo un enjambre de aviones
que estremece las estrellas. 

En mañanas como ésta,
ejerce la esperanza con dificultad. 

De nada le vale pensar en los peces. 

Tras la ventana ropas colgadas,
follaje de árboles rabiando con su suerte.
Si al menos se aclarara el ansia, la asidua que anochece al alma. 

Ella barre la casa
para afincar al mundo
y el polvo se deposita en los
umbrales del hambre.

En el saldo del tiempo ésta es mi casa,
mi huesuda casa sin legumbres,
mi pobre casa. 

[pág. 14] 

Finalmente, Julio Daniel Chaparro (1962-1991), quien alcanzó a publicar dos libros: Y éramos como soles (1986) y País para mis ojos (1988). Por los títulos uno podría tramarle parentescos diversos, muy recomendables ambos (4) . Ni el exceso de palabras ni la escasez gratuita. Pero, eso si, un limpio coraje:"inquieta certidumbre,/ así desea ser mi poesía" (Meridiano, pág. 57). El último poema del libro nos llega, como suele ocurrir con las malas noticias, puntualmente:

si el sol sigue dorando las estrellas
si el viento aúlla y restaña otro rostro en el espejo
si baila el aire en tu cabello y te retiene,
da el paso que debieras
ese instante de la muerte que aún no tienes: vuela.
 

[Epitafio, pág. 59] 

Esta Postal de fin de siglo no tiene un criterio muy estricto en cuanto a la diagramación: los poemas de Garcés, siendo breves, van uno en cada página —lo que está rebién—, pero con los seis restantes poetas no sucedió lo mismo; por otra parte, un tipo de letra pequeño habría permitido una selección más amplia, cosa que extrañarnos. Sin embargo, el contacto con el lector no decae. De ahí la importancia de estas obras. Para seguirles el rastro. 

 

EDGAR O’HARA

 

(1) Cf. Línea en la que palabra (pág. 17) y Pirómana (pág. 28), respectivamente.
(Regresar a 1)

(2) Del legendario, y único libro, de Carlos Oquendo de Amat (1905-1936) hay varias reediciones: Lima, Decantar, 1969; Lima, Copé, 1980 (edición facsimilar); Madrid, Editorial Orígenes, 1985, con presentación de Manuel Gutiérrez Sousa; México, Juan Pablos Editor /U.A.M., 1989, con prólogo de David Huerta. Cierra el libro Poema al lado del sueño (repárese en el primer verso): "Parque salido de un sabor admirable/ Cantos colgados expresamente de un árbol/ Arboles plantados en los lagos cuyo fruto es una estrella/ Lagos de tela restaurada que se abren corno sombrillas/ Tú estás aquí como la brisa o corno un pájaro/ En tu sueño pastan elefantes con ojos de fondos de flor/ Y un ángel rodará los ríos corno aros/ Eres casi de verdad/ pues para ti la lluvia es un intimo aparato para medir el cambio/ moú Abel tel ven Abel en el té/ Distribuyes signos astronómicos entre tus tarjetas de visita".
De Eielson, la reunión Poesía escrita (Lima, INC, 1976). Su Poesía en forma de pájaro
(pág. 156) apareció en la revista Eco, núm. 157, noviembre de l973. (Regresar a 2). 

(3)   Específicamente este poema breve: "Aquel que piensa y no habla/ Un caballo lo lleva hacia la Biblia/ Aquel que sueña se mezcla al aire". Cf. Pequeño homenaje a Georges Schéhade, en Puertas al campo, Barcelona, Seix Barral, 1972, pág. 93. (Regresar a 3)

(4)   Pienso en Y eramos inmortales (1974) de Pedro Lastra y País secreto (1988) de J. M. Roca. (Regresar a 4)