Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 30, Volumen XXIX, 1992

 

Eva sin evasiones


Hijas, esposas y amantes
Suzy Bermúdez
Bogotá, Ediciones Uniandes, 1992, 186 pags.

 

 

El libro de Suzy Bermúdez es una compilación de cuatro ensayos escritos a lo largo de los últimos cinco años. El primero toca algunos de los problemas teóricos que enfrenta la reconstrucción del pasado de las mujeres. Parte de la ausencia de estudios históricos sobre ellas, fruto de la visión de los vencedores (varones adultos, blancos y ricos). Simultáneamente la autora va perfilando las categorías que le serán útiles a lo largo de su investigación. Una de ellas, la de género, abre una nueva perspectiva historiográfica Ya no se trata de historias construidas sobre la simple diferencia biológica —de sexos—, sino sobre la socio-cultural y simbólica —de género—. De este modo la historia de las mujeres se coloca en el terreno de la relación con los hombres, relación que implica a la vez conflicto y reciprocidad. Además, esta nueva perspectiva abre la puerta para el estudio simultáneo de la familia y de la niñez, temas ligados tradicionalmente al mundo femenino. Al lado de las diferencias de género hay otras, como las sociales o étnicas, que son consideradas también en el texto. Todas esas circunstancias de exclusión hacen que la historia de la mujer haya sido un tema olvidado hasta épocas recientes, salvo en el caso de las heroínas, que por su excepcionalidad confirman la regla.

En el segundo trabajo, expone algunas hipótesis sobre la situación de la mujer en la Conquista y la Colonia. En un recorrido muy veloz por un período tan amplio, y teniendo en la mente a América Latina, intenta responder a la pregunta de cómo afectaron los procesos de conquista y colonización a las mujeres de los distintos estratos. Aunque la respuesta a la pregunta deja qué desear, la investigadora alcanza a esbozar unas buenas hipótesis que merecen profundización. Habla, por ejemplo, de unos "espacios" abiertos que deja la temprana conquista de América a las mujeres, tales como la posibilidad de casarse libremente. Según la autora, a partir del siglo XVII comienzan a cerrarse esos espacios. A medida que se consolida la sociedad colonial, se afirma el papel de la mujer como sostén de la familia y, en últimas, del orden social. Las únicas opciones que les van quedando son el matrimonio o el convento. Hay, sin embargo, un estado ideal, que no todas las mujeres consiguen: la viudez. Esta les permite manejarse a si mismas rompiendo la dependencia respecto del varón.

El tercer ensayo versa sobre las mujeres de las ciudades en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Aquí también la autora con una mirada muy veloz y general, busca indagar sobre la repercusión de las reformas radicales de ese período en las mujeres del subcontinente. Señala que, a pesar del espíritu reformista del momento, pocos cambios se dieron en términos del papel social de la mujer. Llama la atención la sugestiva referencia a la implantación de un culto a la virgen María, diferente del colonial. Es lo que se conoce como "marianismo", que busca un control más efectivo de la sexualidad femenina.

El último artículo, basado en fuentes primarias y concretado para el caso neogranadino, profundiza algunas de las hipótesis del capítulo anterior. El período investigado es también mejor delimitado: 1850-1886. La tesis central de que el reformismo liberal poco cambió la situación de la mujer y de la familia es construida más sólidamente, Se muestra, con buen acervo documental, que el ideal femenino siguió siendo prácticamente el mismo de la Colonia a pesar de cambios evidentes en materia educativa, religiosa, de participación política y de uso del tiempo libre. La lucha de los radicales, en consecuencia, se centró más en el ataque al clero que en una transformación de las condiciones de opresión de género, social y étnica.

En su conjunto, Hijas, esposas y amantes es un texto que viene a llenar un vacío historiográfico. Jaime Jaramillo Uribe, en el prólogo, señala acertadamente dos razones que explican el silencio historiográfico sobre la mujer, y la tardía aparición de la historia "social". Son razones que explican la tardanza en la construcción de un "objeto" en la reconstrucción histórica, pero no explican, y menos disculpan, el silencio a que fueron condenadas las mujeres —y también los niños, los viejos, los indios, los negros, los pobres y en general todos los excluidos—.

Suzy Bermúdez no se queda en la mera denuncia sobre el olvido de la mujer en la historia y la ausencia de una perspectiva de género en la historiografía. En el libro, como ya hemos reseñado, avanza algunos elementos para entender la condición de la mujer en cuatro siglos de historia. Sensible al problema social, que fue otra causa de exclusión, la autora no habla de una sola condición femenina. No fue lo mismo ser esclava que ser ciudadana o aristócrata. Sin embargo, en este punto hay una distancia entre, los propósitos de la autora y la realidad del texto. Posiblemente a causa de ausencia de fuentes apropiadas, las visiones de las mujeres de los estratos bajos son muy débiles en el libro.

Consecuente con la nueva perspectiva historiográfica propuesta, no se engolosina en lo que se ha llamado una historia épica de las mujeres. No hay aquí una visión del pasado a través de heroínas más o menos conocidas. Las protagonistas del libro son mujeres comunes y corrientes, anónimas en general. La narrativa tampoco se construye sobre la temática "masculina" clásica, a saber: las gestas político-militares de los próceres. Por el contrario, la vida cotidiana es el tema privilegiado en el texto. 

Finalmente Hijas, esposas y amantes no es un libro anodino. En su trabajo, la autora toma partido, cosa que tal vez ofenda a algunos académicos que aún predican la ilusión de la objetividad pura. Pero su opción, que obviamente es por una perspectiva de género, dista de ser militante. Es una posición abierta al debate y a nuevas interpretaciones. Y también es una toma de partido consciente de sus limitaciones.

Hablando de limitaciones, se debe mencionar la ausencia de investigación primaria en el texto, con excepción del último capítulo. Ello refleja la escasez de fuentes, pero también cierto descuido en interrogar de una manera distinta a las ya halladas. Pero esta limitación la suple la autora con un trabajo comparativo que les da solidez a las interpretaciones, cosa igualmente necesaria en las reconstrucciones históricas.

Un elemento que puede ofrecer problemas, pero que a la larga obra en favor del libro, es que éste sea una colección de artículos previamente publicados. Por ello, aunque hay una reelaboración coherente a lo largo del texto, en ocasiones se repiten aspectos que han sido insinuados en capítulos anteriores. Pero este aparente defecto se convierte en virtud, pues el libro puede ser leído por partes o incluso en desorden. Casi que se podría hablar de una lectura circular y no lineal del texto.

La autora, además, quiere hacer participar en su texto a quien lo lee. Con ese fin intercala poemas apropiados al tema tratado. Hace también una exposición clara y didáctica, intercalando reproducciones gráficas de los períodos trabajados. Estas representaciones no son meros objetos decorativos, sino ilustraciones prácticas del escrito. Son dos narraciones y dos lenguajes con un mismo propósito historiográfico. De todo ello, resulta un libro que, sin perder rigor, puede ser fácilmente leído por distintos públicos femeninos y masculinos. Y éste es un mérito difícil de conseguir en nuestro medio, en donde toda obra divulgativa es sometida a la sospecha académica.

Finalmente, la obra deja sugeridos muchos temas que seguramente la autora y otras investigadoras e investigadores ya están escudriñando. Se trata de aspectos como la situación de la mujer esclava, de las mujeres de bajos estratos del campo y la ciudad, de las mujeres trabajadoras en la historia contemporánea; o la relación entre familia y mujer en distintos estratos y momentos; o, para no hacer interminable esta enumeración, los problemas de la niñez y la vejez en los distintos períodos históricos. Son temas que quedan insinuados en el libro y mal se podría criticar a la autora no haberlos tratado. Baste decir que los que trata son coherentemente construidos y sólidamente expuestos. Hijas, esposas y amantes es una semilla en tierra fértil pero poco trabajada hasta ahora. Es temprano aún para cosechar frutos, pero ya se insinúan. Ojalá podamos, en el futuro cercano, reseñar muchos más libros como éste.

 

MAURICIO ARCHILA NEIRA