Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 30, Volumen XXIX, 1992

 

Quién ha pagado el Estado


Historia de la hacienda y el tesoro en Colombia, 1821-1900
Luis Fernando López Garavito
Banco de la Republica, Santafé de Bogotá, 1992.

 

Desde la publicación de la Historia económica y estadística de la hacienda nacional de don Aníbal Galindo, en 1874, no se había escrito en el país una retrospectiva completa de nuestras instituciones hacendísticas. El doctor Luis Fernando López Garavito, con su reciente libro Historia de la hacienda el tesoro en Colombia. 1821-1900 colección bibliográfica, Banco de la República) llena este vacío, en lo que al siglo XIX se refiere.

No es aventurado afirmar que la expresión más veraz de la evolución económica de un país es la que aparece reflejada en la historia de sus instituciones fiscales. Este postulado se cumple a cabalidad con la oportuna publicación de este libro del profesor Lopez Garavito, que tiene un mérito especial que quisiera destacar desde in comienzo: cada cambio de importancia en las instituciones fiscales aparece enmarcado dentro de los correspondientes contextos políticos que vivía el país a lo largo del siglo XIX. Esto hace de este libro un documento de trabajo especialmente valioso, puesto que constituye una revisión ordenada y sincronizada de lo que fue la evolución política del país en el tormentoso siglo XIX, y la influencia que cada uno de aquellos acontecimientos tuvo en la formación de nuestra hacienda pública. El siglo XIX estuvo marcado por una constante hacendística: la excesiva dependencia, en los ingresos del Estado, de los impuestos indirectos, en especial de la renta de aduanas. Por eso no sorprende encontrar relatados en este libro los incesantes pero infructuosos esfuerzos de muchos de los hacendistas del siglo pasado por implantar una base de tributación directa en las rentas fiscales del país, que le diera más estabilidad al presupuesto nacional y que lo hicieran menos dependiente de los altibajos de las cotizaciones de nuestros principales productos de exportación, o de los bruscos cambios del comercio internacional generados por las frecuentes guerras civiles de la pasada centuria. 

A lo largo de este libro podemos encontrar valiosos testimonios sobre los esfuerzos que hicieron hacendistas como Castillo Rada, Salvador Camacho Roldán y Manuel Murillo Toro para implantar el impuesto a la renta en Colombia. Todos aquellos intentos fracasaron, o tuvieron un efecto insignificante, quizá porque el país aún no estaba maduro —como no lo estaban entonces la mayoría de los paises del mundo— para establecer un impuesto a la renta universal y progresivo. Esta evolución apenas pudo afianzarse en los primeros decenios del siglo XX, gracias a la autoridad y a la labor pedagógica de Esteban Jaramillo, y logró establecerse con rasgos definitivos únicamente a partir de la reforma tributaria de 1935. Por eso en el libro de López Garavito aparece un hilo conductor preponderante: la lucha incesante que libraron los hacendistas del siglo XIX para depender menos del impuesto a la aduana, y de otros impuestos indirectos como el de la sal, y el esfuerzo siempre infructuoso por implantar una estructura de tributación directa más sólida. Pero la tributación directa se enfrenté en el siglo XIX no sólo a dificultades políticas. También se vio limitada por dificultades de carácter técnico. Por ejemplo, la carencia de un catastro técnicamente elaborado constituyó una limitante infranqueable para implantar una tributación directa, técnicamente diseñada, sobre la propiedad raíz.

Resulta también interesante subrayar cómo en el siglo XIX encontramos permanentemente, y tal como lo ilustra López Garavito en varios apartes de su libro, el problema de las rentas atadas o rentas de destinación específica, que serian también una dificultad permanente de las finanzas del siglo XX, hasta cuando este tipo de rentas fue prohibido por la Constitución de 1991. "El secretario de Hacienda de 1870 demostraba cómo sólo de un 15,6% del total de ingresos se podia disponer libremente como rentas libres de compromisos asumidos de manera específica". Esta tendencia de las finanzas públicas colombianas, que, como se observa, viene desde el siglo XIX, le ha restado mucha flexibilidad al proceso de asignación del gasto público por parte del ejecutivo y del Congreso en el momento de establecer las prioridades presupuestales, pues gran parte de los recaudos vienen amarrados a una finalidad preestablecida de gasto, en desarrollo de leyes anteriores. Esta es, desde luego, como ya se ha dicho, una innovación de evidente importancia hacendística en la reforma constitucional de 1991.

Una hipótesis de bastante interés histórico que expone el doctor López Garavito es la de cuestionar la que se conoce como "descolonización" de las rentas nacionales, que se llevó a efecto durante el periodo radical de mediados del siglo pasado. Esa época, en la que se eliminaron gran número de las rentas que venían desde la colonia, y muy especialmente la del tabaco, y en la que al mismo tiempo se descentralizó una porción considerable de los ingresos nacionales hacia las provincias, había sido presentada como paradigma de sabiduría fiscal por la historia convencional. Se recordará que historiadores como Luis Eduardo Nieto aplaudieron siempre estas medidas de la época radical como una de las revoluciones económicas de mayor trascendencia en la historia del país. Si bien López Garavito coincide en que estas medidas de los gobiernos radicales contribuyeron a modernizar la mentalidad económica colombiana, anota un punto que hasta ahora no se había subrayado con el necesario énfasis, a saber: que las rentas que sacrificaron los gobiernos radicales no fueron compensadas con otras nuevas, de donde puede provenir parte de los abultados desajustes fiscales que caracterizaron la última mitad del siglo XIX. "La desaparición de rentas fiscales en 1851 por el proceso de descolonización y descentralización fue criticado en años posteriores por los secretarios de hacienda que se sucedieron en este cargo. Productos de aguardiente, gravamen de caminos, diezmos, hipotecas, registros, quintos de función y monopolio del tabaco habían desaparecido por la descentralización de rentas y la autorización a las provincias para expedir sus propios presupuestos de ingresos y gastos, así como por la política descolonizadora propia del siglo de las luces. Esta realidad unida al peso enorme de la deuda definía una situación deficitaria permanente", concluye López Garavito. 

Otro aspecto de interés subrayado por el autor y asociado a anteriores investigaciones suyas, es el papel preponderante que desempeñé la venta de baldíos en el financiamiento presupuestal del siglo XIX. La tesis central de López Garavito es la de que este instrumento fiscal se utilizó en exceso en el siglo pasado, y que gran parte de la concentración de la propiedad rural del país proviene de ese fenómeno. Solamente desde el siglo XX, cuando leyes como la 200 de 1936 reiteran la función social que debe tener la propiedad, comienza a remediarse parcialmente el profundo desajuste en la tenencia de la tierra que encuentra sus raíces en la forma excesiva como se vendieron baldíos a lo largo del siglo XIX.

El libro de López Garavito es también de inmensa utilidad para entender algunas instituciones modernas de las finanzas públicas. No solamente en aspectos institucionales de la Tesorería y del ministerio de Hacienda, en cuyo desarrollo organizacional se detiene con especial esmero el autor, sino en algunas otras que han venido a encontrar remedio a través de reformas constitucionales. Tal es el caso de las rentas de destinación especifica, a cuya prohibición en 1991 nos hemos ya referido. Igual acontece con la restricción a la iniciativa del gasto público parlamentario que introdujo la reforma constitucional de 1945. Quien desee entender cabalmente por qué el constituyente del año 1945 reservé para el ejecutivo la iniciativa en materia de gasto público encontrará a lo largo de este libro infinidad de elocuentes ejemplos sobre el desorden presupuestal que la carencia de esta prohibición generó en el siglo XIX. 

Desde luego, el siglo XIX está marcado por una impronta fiscal: el agobiante peso de la deuda externa que devoraba más del 50% de los gastos presupuestales que se ejecutaban en promedio en aquella época. Salvo un breve período que el autor sitúa en el gobierno de don Manuel Murillo Toro (1872-1874) y en el de don Santiago Pérez (1874-1876), períodos estos que coinciden con un fugaz auge del comercio exterior del país antes del derrumbe definitivo al fin del siglo, el país nunca pudo tener un servicio normal de su deuda externa en el siglo pasado. Sin embargo, son notables los permanentes esfuerzos, aunque normalmente sin resultados positivos, que hicieron siempre todos los hacendistas de la época para procurar honrar las obligaciones internacionales de Colombia. 

Es de desear que el doctor López Garavito continúe su encomiable esfuerzo escribiendo la historia de la hacienda y del tesoro colombianos en el siglo XX. Su experiencia en el ministerio de Hacienda y en la Tesorería general de la nación lo califican ampliamente para cumplir esta tarea. Este libro es, además, un vivo testimonio de la importancia que tienen las memorias de los ministros de Hacienda y del Tesoro como material de apoyo para el historiador económico. López Garavito trabaja básicamente a partir de estas fuentes documentales, de muy difícil consulta hoy en día en Colombia. El Banco de la República ha iniciado recientemente la reedición de grandes memorias de hacienda, empezando por las de Esteban Jaramillo, Francisco de Paula Pérez y Carlos Lleras Restrepo. Este libro constituye un excelente argumento para que el Banco de la República continúe con esta importante tarea de reedición.

 

JUAN CAMILO RESTREPO