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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
30, Volumen XXIX, 1992
Estilo singular, diferente en cada texto
Malos pensamientos
Héctor Abad
Universidad de Antioquia, Medellín, 1991, 101 págs.
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Estos textos son algo más que malos pensamientos, aunque todo
surja provocadoramente a partir de un mal pensamiento. El primero, Dueto, es el mal
pensamiento más vulgar y cotidiano: el del ama de casa que piensa en el vecino que
vendrá a pedirle azúcar mientras ella estira el cuello deseosa de vampiro. El marido
trabaja, va y viene de la oficina con el cuello de la camisa sucio mientras llovizna en
Bogotá. Está narrado en la difícil segunda persona y es redondo. El final
encierra el principio, vuelve el bolígrafo sobre la hoja. Es un escrito muy breve pero
rico, donde el narrador está encartado con su heroína, una mediocre ama de casa, cansada
y harta, terriblemente humana. "Lo inquietante es que ahora tu heroína, como tú, no
quiere hacer nada más, no tiene nada que contar" (pág. 13). Aquí hay que sentir
compasión por todos: por ella, por él, por ti, hasta por el marido, y por todos los que
quieren acción. En Dueto, el autor, con inteligencia, se deshace de su heroína.
Con cuentagotas, cae una gota, cae otra, caen
ocho o doce. La ironía presente en la dosis que convierte en tremenda verdad lo que toca:
la rutina del varón que sueña poseer a la mujer hermosa cuyo rostro aún no ha visto.
Ocurre en Mañana por la mañana. El personaje, a los 33 años, se hace el buen propósito
de ser otro, cambia de aspecto y de hábitos. Quiere casarse, llevar a la esposa a mercar
a Miami, comprar carro para sacar a pasear a los dos hijos que piensa tener, y leer los
libros que están de moda. El hombre en Versalles reflexiona, en el Versalles de Medellín
sus sueños son inútiles pero son sueños al fin y al cabo. Los sueños de un pobre
diablo. En este relato es la manera de narrar la que nos mete o nos saca del sueño del
hombre, y también es la manera de narrar la que nos deja sin saber cuándo es
ensoñación o es su deambular real por el centro de la ciudad.
Hay algo fascinante en la narrativa de Hector
Abad, aun con sus abusos, con sus despistes, con sus cabos sueltos. Es su estilo singular
pero diferente en cada texto. Acomoda a la circunstancia, al tema, a los personajes que ha
escogido o que lo han escogido a él para contar lo más humano: el juego del poder, en
Ejercicios de seducción. Es un ejecutivo millonario gordo y un poco imbécil que seduce.
Ella, la atractiva e inteligente dama que se deja seducir, todo para poder cerrar el
negocio. ¿Quién engaña a quién? Los dos terminan perdedores, pero eso sólo lo sabemos
nosotros, lectores y lectoras. O la desesperación de la señora Valencia, una madre
burguesa que no sabe cómo soportar las locuras de sus hijos. "No ve la hora de irse
a pasar unos días en Cayo Biscayne". O Las tentaciones de la carne. En el
adolescente que despierta en mitad de un sueño erótico y sin olvidar su deseo lo
comparte con su compañero de banca en el bus del colegio, en el más rico de los juegos.
Aquí la narración es desbocada, casi sin respiro; sólo hay comas y un punto final. Y la
otra tentación, la del adulto sacerdote, tal vez aquel que cuidaba el bus donde iban los
adolescentes del juego, quien también había tenido un sueño erótico y, por eso y por
todo lo otro que su sueño le trae, se llena de culpa, de temor de Dios. Los dos relatos
son parte una y dos del mismo: Las tentaciones. En la primera la narración es fresca,
natural, rápida; en el segundo es tortuosa, lenta, casi escatológica.
Estos textos, ocho, que se pueden llamar relatos
o cuentos o ejercicios, acabados por supuesto, maduros, son como ensayos de narrar, de una
manera o de otra, los temas. El amor y el desamor, o la violencia, como en La política
del amor, que va a tocar directamente la violencia de esta sociedad nuestra, la paisa, en
todos los sentidos. Lo hace de una manera muy bella y muy terrible al mismo tiempo. El
poeta Aurelio es un enamorado, al fin se encuentra con Marcela y el amor ya no es sólo
poesía: es real. Pero no tienen en dónde amarse y por eso los matan.
Estos textos son nuevos en su narrativa y
contemporáneos en su temática. En Mientras el lobo está, aparece también esa otra
violencia que produce la sociedad de consumo a través de la televisión. La locura de la
chica adolescente, que llega a ese estado de tanto ver telenovelas. Desvaríos, clínica
de reposo y finalmente operación. Este es el más largo de los textos y está narrado, en
primera persona, por cada uno de los personajes que aparecen en la historia: el padre, la
madre, la empleada, ella (la loca), el novio, el hermano, la hermana. Cada cual interviene
en la dosis exacta y en lo que corresponde, para ir tejiendo la trama de una historia
sutil y violenta.
Tener malos pensamientos es fácil; recrearlos y
escribirlos bien y con humor y con sutileza y con crueldad no lo es tanto. Por eso estos
malos pensamientos son unos buenos pensamientos.
DORA CECILIA RAMÍREZ
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