Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 30, Volumen XXIX, 1992

 

Te pregunto, Henry, ¿qué has hecho con el vuelo de los años?


Libro de los caminos (1978-1988)
Henry Luque Muñoz
Fundación Simón y Lota Guberek, Bogota, 1991, 185 págs.

 

Son varias, y bien sabidas, las imágenes empleadas para representar lo que sucede al entrar en contacto con los libros; de todas ellas, Henry Luque eligió la del camino para dar titulo a su último poemario, Libro de los caminos, que reúne el producto de diez años de trabajo. 

Lo primero que llama la atención al emprender este camino es la extensión de su recorrido: atreverse a publicar un libro de 120 poemas entraña la voluntad de tender una red de comunicación poética tan vasta como la troncal de la Caracas o el metro de Medellín. Sin embargo, ya que estamos jugando con los números, al considerar que los 120 poemas fueron escritos durante diez años, podríamos calcular que el autor marchaba a razón de un poema mensual, promedio que no resulta extremadamente excesivo. 

Advertida la amplitud del itinerario que ha de seguirse, encontramos seis libros que encaminan los 120 poemas; el libro primero, "Abecedario de los olvidados", aspira a cierta condición de marginalidad; "El verde trazo de la espesura", título del libro segundo, basta para advertir de su geografía; "Papeles de amor" es el subtítulo del libro tercero; "Cantos griegos", es el más aceptable de todos; el libro quinte, "Garabatos de otro mundo", es una especie de pasaporte al mundo con Henry Luque, y "Cuaderno ruso" es una colección de epígrafes con acotaciones versificadas del autor. 

Como podrá apreciarse, estamos ante un proyecto ambicioso: este Libro de los caminos pretende recorrer casi todos los ámbitos de la poesía occidental de los últimos siglos, partiendo del amor y la naturaleza, pasando por el espíritu cosmopolita y la conciencia de marginalidad, hasta una recreación del imaginario clásico y digresiones sobre lecturas exclusivas del autor. Lástima que, como dicen, la ambición rompe el saco, y lo que se le rompió a Henry fue su libro, con todo y caminos.

 

II  

Dada la economía verbal que la caracteriza, una de las cosas que uno espera de la poesía es que sea certera. Los poemas no sólo deben ser más exactos que extractos bancarios, sino que, a diferencia de ellos, ceñidos todos al rasero de la contabilidad, cada poema debe establecer leyes propias que lo funden. Insistir en precisar esto, además de inefable, es inoficioso, pero siempre se intuye por contraste al enfrentarse a caminos trajinados, gratuitos o truncos.

Tal impresión resulta luego de leer el Abecedario de los olvidados. Nada más orgánico que un abecedario: suprímasele una letra, y s va para 1 dmoio todo 1 lxico, ¿cirto? Lo mismo se esperaría de este abecedario —empezando por el título—; que nada fuese gratuito. Pero al encontrar letras como esta: 

El aprendiz de poeta
reunió sus papeles,
anduvo largos años por rígidas oficinas
implorando una gota de tinta impresa
para sus ígneos desvelos. 

Tantas veces repitió en vano
la hazaña
que llegaron a confundirlo con un mendigo.

[E]

las adjetivaciones maniqueas (oficinas por supuesto rígidas y desvelos obviamente ígneos) y el patetismo del aprendiz de poeta maldito (¿o malito?) van complicando la lectura. Porque la cosa no para ahí; otras letras hablan de "la villanía del hombre blanco", de "las garras/ de los buscadores de petróleo", y otras insisten en el poeta como aquel que tiene "como oficio comprender la sed del viento", que "sigues el inmortal paso de la lluvia" y "no cumples las citas,/ no echas discursos/ de los que otros convierten en verdades de piedra", entre otros estereotipos del poeta narcio y doliente. 

Lo curioso es que todo esto se mezcla con breves momentos en que la expresión se libera de las poses del poema de tesis, juntando ripios con hallazgos, lo cual hace sospechar que se trata no sólo de un problema de selección del material publicado; hay problemas al articular los poemas y, lo más preocupante, existe un problema en la concepción de la poesía. De otro nodo no se entiende que se incluyan cosas como: 

En el instante
en que la voz del templo
se recoge,
nalgas de terciopelo
se mecen por las naves
como planetas.

[M] 

al lado de un puñado de poemas que se defienden solitos, como el siguiente: 

La cobra fue orgullo de Shiva, poderoso dios.
De su enhiesta cabeza aprendió el infeliz
a caminar sin dobleces,
y el Palacio de Ambar, a erguir sus torres.
Ahora el tiempo ha reventado el hechizo,
el alcázar está en ruinas y el encantador,
hambriento,
palmotea a la sierpe
y la obliga a danzar por una rupia. 

[W]

 

Pero con cuatro o cinco letras no se arma un abecedario.

 

III  

Desde el fondo del océano
Luego de nutrirse de la transparencia
De las raíces sonámbulas
Después de abrazar el cuerno de la piedra
Y llamar a la puerta de los dioses sumergidos
Apenas el sol encalle por orden del viento
Sin perder en el cráneo
la caricia de la imagen celeste
Ni la orquídea florecida en las cuencas
Con su instinto de brújula
Mientras corta el agua como a una papaya
Escrita ya uña a uña su palabra
Volverá el ahogado
Ante nuestros impávidos ojos. 

[Brújula]

 

Con epígrafe de Aurelio Arturo, "El verde trazo de la espesura" pretende ser el camino de la naturaleza de El libro de los caminos. Si el libro anterior tenía textos que se quedaban cortos, apenas como conatos de poesía, éste peca por exceso. Exceso de adjetivación y exceso de imágenes que, al no articularse con las otras, atiborran y hacen imposible el poema. Para la muestra el poema arriba citado que, por más brújula que lleve como título, hace perder al lector. Pues, aunque comience bien, la profusión de conectores (Desde, Luego, Después, Y, Apenas, Sin, Con, Mientras) hace que a la mitad el poema comience a encallar sintácticamente, hundiéndose por completo en medio del papayazo final.

No es que el autor carezca de conocimientos del paisaje que intenta poetizar; la abundancia lexical demuestra lo contrario. Parece, más bien, que, ante la inmensidad de la geografía que tiene ante si, quisiera pagarle con la misma moneda, pensando que la conformación de un poema tropical se lograra a base de gratuidad, que no exuberancia, en la nominalización y la adjetivación. En este segundo libro son contados los momentos en que el poeta camina seguro, con la sensibilidad de Aurelio Arturo ante la naturaleza. 

Así como el libro de los olvidados exhibe cuanta vaina parezca susceptible de olvido, y el de la naturaleza opta por la exorbitancia expresiva, "Mi mano al posarse en ti aprende a volar", libro tercero, continúa el camino de lo previsible, que, tratándose de poemas de amor, consistirá en hacer de la amada la medida de todas las cosas, la respuesta a toda búsqueda, la solución a todas las dificultades... 

allí estaba el país que buscaba:
allí estaba tu cuerpo [pág. 77] 

y tu reino, más hondo que toda
grandeza. [pág. 78] 

Ese nombre me abriga
en un mundo salvaje de hierro y frío;
ese nombre está hecho de plumas
que me traen la gracia del sueño.
[pág. 80]

En ti está la residencia
de mi Sol creciente [pág. 81] 

Mientras estemos juntos
no morirá la noche [pág. 82] 

tus ondas rompen la distancia
y hacen manar la hondura de la
vida [pág. 85] 

tus labios abren el arca del
misterio [pág. 90] 

 

Esta serie se extiende en muchas otras variaciones del mismo lugar común de todo mal poema adolescente, con la diferencia de que en el adolescente no resulta ridículo.

 

IV  

Luego de tanto traspiés, llegar al libro cuarto es un verdadero alivio. "Cantos griegos" recrea un tono y unos temas de la tradición clásica con una sobriedad de la que carece el resto del libro. Algunos poemas recuerdan los devaneos de Anacreonte; otros, los mejores, evocan la inteligencia crítica de Arquiloco de Paros, aquel que nunca prescindió de la ironía para nombrar las miserias del poder: 

Los candidatos a próceres
aguardan con impaciencia
la erección de su propio monumento. 

Ya prepararon el auditorio
que los envolverá en aplausos. 

En breve llegará Medusa
y gozarán para siempre el privilegio
de ser transformados en piedra.

 

Por fin observamos intuiciones que presiden y articulan los poemas, evitando la poesía de lugar común y lo impreciso. Empero, el autor no demora en tornar a los malos pasos. 

"Garabatos de otro mundo", libro quinto, es la oportunidad para que el poeta revele su amplio trasegar por el mundo y su conocimiento de la literatura universal. Claro que cualquiera con mediana formación en geografía, historia y literatura prevé que un poema sobre Verona tendrá alusiones a Shakespeare y al sistema volcánico de la península itálica; supondrá que si Ganges, entonces vacas, y si Tánger, entonces camellos, y si sor Juana, entonces menos "inquisidor que no pudo descifrar su secreto", y si Hangzhou, entonces "La multitud cabalga y cabalga! sobre dos mundos atados con una varilla:/ la bicicleta equinoccial". Y puede ser que no acertemos algunas, pero entonces hablaríamos de test de cultura general o de guías turísticas, no de un libro de poesía.

 

V  

Con "Cuaderno ruso" llegamos al final del libro. Dieciocho de los dieciséis textos llevan epígrafes de poetas rusos, y se desarrollan como digresiones en verso de cada uno de ellos. Valerse de epígrafes conlleva un doble dilema: si son de autores muy conocidos, se corre el riesgo de resultar inferior al interlocutor con quien se pretende dialogar (los epígrafes de Eluard, A. Arturo, Tasso, Esquilo, la madre del Castillo y Antonio Machado con los que el autor comienza cada uno de los libros dan sobrada cuenta de ello); si, por el contrario, son desconocidos, como en la mayor parte de nuestro caso, el desprestigio amenaza no sólo a quien hace las citas: también compromete al autor que no tiene la culpa de ser citado:

PALABRAS 

No son muchos los profetas verdaderos...
Dmitri Venevítinov 

No estorbéis al hombre que sueña,
Dejad que con sus alas libres
Se remonte a las alturas. 

No toquéis su silencio
Abrasado por la inspiración.
El nos traerá el brío de la infinitud
Detendrá los ríos con su canto
Para que puedas contemplar el brillo. 

No estorbéis al hombre que suena...
Y si queréis hacerle homenaje,
Pule tu propio sueño.
No lo humilléis con laureles.

 

No se salva ni el título, ni el epígrafe del pobre Venevítinov, ni el poema, por supuesto. Al igual que en los libros anteriores, unas cuantas excepciones se pierden en medio del descalabro imperante. 

Reconozco que hasta el momento he abusado de la metáfora de los caminos para ilustrar baches, derrumbes y abismos poéticos que encontré durante toda mi lectura. Me justifico aduciendo el prurito de la claridad en la exposición. No creo que igual justificación cobije a un autor que se ha servido de la obviedad como recurso fundamental de la mayor parte de su libro. Por eso decidí titular mi comentario con una pregunta que se hace el autor en uno de sus 120 escritos, y por eso quiero cerrarlo con un epígrafe que él mismo cita, aunque se permitió pasarlo por alto olímpicamente: 

Para que me lean más
voy a escribir menos.

 

JOHN JAIRO GALÁN CASANOVA