Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 30, Volumen XXIX, 1992

 

Amable antología amatoria


Los más bellos poemas de amor y desamor
Juan Manuel Roca (compilador)
Editorial Oveja Negra, Bogotá, 1991, 235 págs.

 

Dos epígrafes —"El amor es la unión de das soledades que se respetan", de Rilke, y "Aquel que camina una sola legua sin amor camina amortajado hacia su propio funeral", de Whitman— enmarcan esta antología de poesía amorosa realizada por Juan Manuel Roca para la Oveja Negra. 

La elección de las citas es certera; refiere con precisión los extremos de nuestra paradójica experiencia amorosa: la soledad y la solidaridad, la imposibilidad y la necesidad del amor. 

La característica más notable de la antología —impresa en tinta sepia y diagramada sobriamente, de acuerdo con la temática que la distingue— es su amplitud. El lector se puede sentir a sus anchas, tanto por el número de poemas como por la variada procedencia de ámbitos y épocas a las que pertenecen sus autores. Encontrará textos de la literatura clásica española y del surrealismo francés; de árabes del siglo X y búlgaros, suecos y rumanos del siglo XX. A la vuelta de cada página asistirá a un ambicioso registro de aquello que desde la poesía se ha dicho acerca del amor. 

El título Los más bellos poemas de amor y desamor remite pero también marca cierta distancia respecto a las antologías tradicionales del género. Si aquello de los más bellos poemas de amor suena familiar, la referencia al desamor, en cambio resulta novedosa. Pero la novedad va más allá del criterio para presentar el material escogido; en su conjunto, los 154 poemas aportan una diversidad de visiones sobre el amor que supera cierta sensibilidad a lo Gustavo A. Bécquer que suele imperar cuando de poemas de amor se habla (la omisión de Bécquer ya es suficientemente significativa). 

Con todo y que la muestra reúne varios poemas de siglos anteriores, el grueso de la selección corresponde a poetas de este siglo. En este sentido, la antología revela la intención de escudriñar la pluralidad de posturas que distingue la poesía moderna, a propósito de un tema tan universal como el amor. En esta reunión se dan cita, pues, la mordacidad de Drummond de Andrade y el candor de Salomón de la Selva; el hermetismo de Ungaretti y el surrealismo de Breton; la hilaridad de Cummings y la gravedad de Aragon, para nombrar tan sólo algunos de los contrastes que van apareciendo en la lectura. 

 

II  

Se escriben poemas de amor como se deshoja una margarita: "me quieren-no me quieren". En el primero de los casos, la posibilidad del amor representa esperanza, alegría, comunión con el mundo: 

De lo que tengo ganas
es de tener novia, ¡novia!
De que haya quien me quiera más que a Dios.
Y de jugar con sus piececitos,
con los dedos menudos de sus pies,
como se juega con los niños: 
[...] 

Tal antojo pueril que no te inquiete.
¡Fijate: me da fuerzas para creer
que hoy no hay bala que me toque!

Salomón De la Selva

En el segundo caso, amor representa prácticamente las mismas cosas, sólo que negadas, ajenas: 

Te ha preguntado una muchacha: ¿Qué es poesía?
Quisiste decirle: El hecho de que existes, sí,
de que existes
y que con temor y asombro,
testimonios del milagro,
envidio dolorosamente la plenitud de tu belleza,
y que no puedo besarte ni dormir contigo
y que nada poseo, y que a quien no puede hacer regalos
no le queda más remedio que cantar...
[...] 

Vladimir Holan

 

Enfrentada a la doble alternativa de la margarita, no parece sencillo alcanzar la originalidad al escribir poemas de amor. No obstante, lo que la antología demuestra es que los poetas del presente siglo, y aquellos de siglos anteriores que —para decirlo con Susan Sontag— "nos hablan con una lucidez y una originalidad que somos capaces de reconocer", han respondido a la necesidad de reinventar el amor proclamada por Rimbaud. 

En esta reinvención del amor desempeña un papel decisivo la ironía, entendida precisamente como amor por las contradicciones, como distancia que nos libera de los prejuicios con que pretendemos conjurar el riesgoso mecanismo del amor. El valor de estos poemas radica en abandonar —o incluso en atacar— los estereotipos con que se ha recubierto la perplejidad esencial del asunto amatorio. Como a propósito del amor dice María Mercedes Carranza, estos poemas carecen "de desmayos, de ojos aterciopelados/ y demás gestos admirables". No se hacen "como la primavera/ a punta de capullos y gorjeos". La ironía se mantiene sin importar que el pretexto sea el amor: 

Cuando amas debes dejar
Dejar tu esposa y tu hijo
Dejar tu amiga dejar tu novia
Dejar tu moza dejar tu amante
Cuando amas debes dejar

[...] 

Blaise Cendrars

 

o el desamor: 

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar. 

Antonio Cisneros

 

Junto a estos poetas que siembran sus flores en campos minados, conviven otros que encuentran la poesía en la declaración elemental del amor, aquella que nos deslumbra por la sencillez de su factura:

(...)
Te quiero porque eres limpia
y decente
y porque tus dientes son blancos.
 

Luis Rogelio Nogueras

 

Nombraremos aún otra especie que se añade a las de las flores de los campos minados y a las que se dan silvestres: la de las flores de invernadero, las que manifiestan el arte cuidadoso del floricultor. Poemas de misteriosa belleza en los que percibimos resonancias de poéticas como el romanticismo, el simbolismo, el expresionismo y que, a falta de otras palabras, referimos con la fácil expresión de poesía pura. Para muestra, esta inquietante estrofa del francés Georges Schehadé: 

Como estos lagos que dan tanta pena
Cuando el otoño los cubre y vuelve azules
Como el agua que no tiene sino un solo sonido mil veces el mismo
No hay reposo alguno para ti oh vida
Los pájaros vuelan y se encadenan
Cada sueño es de un país
Y tú entre las hojas de esta llanura
Hay tanto adiós delante de tu rostro.

 

III  

Para terminar reafirmemos que la principal característica de esta selección es su generosidad. Recoge textos de autores clásicos de la poesía universal como el Arcipreste de Hita, Petrarca o Góngora. Incluye precursores de la poesía moderna como Rimbaud y Mallarmé; poetas tan destacados de la contemporánea como Apollinaire, Michaux o Rilke; y de la latinoamericana como Vallejo, Neruda o Fayad Jamís. Digamos, así mismo, que es inútil tratar de agotar aquí un inventario de más de cien autores, que la antología es tan amplia que nos concede incluso el beneficio de la duda respecto a varios de los textos incluidos, pero que no lo es tanto como para dejar de lamentar algunas omisiones; que hubiéramos querido encontrar algo de los clásicos griegos y latinos; que si hay algo de poesía árabe, entonces por qué no de poesía china; que un buen soneto de Garcilaso vale más que uno regular de Cervantes; que qué lástima no haber incluido un nocturno de Xavier Villaurrutia. Ahora, sabemos perfectamente que la discusión sobre omisiones es inútil; total, con relación a lo que hemos podido leer, resulta casi insignificante. Lo importante es que esta amable antología amatoria permite al lector ir más allá de los cauces habituales de su educación sentimental.

 

JOHN JAIRO GALÁN CASANOVA