Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 30, Volumen XXIX, 1992


Bañista, óleo de Oscar Rodríguez Naranjo, Buéaramanga, 1984 (Catálogo exposición, Banco de la República, Bucaramanga, 1988).

Enfermos de amor
¿Cómo se negocia la identidad en la modernidad colonial? *

 

ROBERTO PINEDA CAMACHO

Director del departamento de antropología de la Universidad de los Andes

 

INTRODUCCIÓN

Los  pueblos nativos perciben su historia a través de diversas tramas simbólicas de carácter oral, que condensan su experiencia pasada y presente, y permiten prever algunos de sus posibles caminos futuros". En este sentido, las "historias de animales" constituyen un marco de referencia privilegiado, no solamente como fábulas que transmiten de manera metafórica la experiencia del mundo, sino también en cuanto a que los animales son —fundamentalmente— "destinos humanos", formas de existencia, posibilidades de identidad, a las cuales los hombres pueden acceder, de acuerdo con su comportamiento específico en el mundo. Los animales son prototipos humanos virtuales no solamente para los individuos sino también para las colectividades humanas. 

En el contexto de la Amazonia, algunos animales ocupan un lugar privilegiado a este respecto. El presente trabajo se propone explorar aspectos de esta temática, tomando como base de referencia las historias y comportamientos asociados al bugeo o delfín de agua dulce, en el "área huitoto". 

Nuestra meta consiste en demostrar cómo el modelo del delfín es un medio para negociar el sentido de la historia y la identidad personal y colectiva nativa contemporánea. Las sociedades indígenas representan algunos de sus problemas actuales por medio de esta "especie" y movilizan parte de sus recursos simbólicos y técnicos para evitar la propagación de dichas "especies de gente", ya sea mediante procedimientos de socialización, mecanismos chamánicos, dispositivos rituales o medios coercitivos, o para apropiarse de su poder. 

En un trabajo anterior, he presentado aspectos de esta temática (Pineda, 1985), de manera tal que aquí me preocuparé por traer nuevos ejemplos y discutir brevemente algunas consideraciones sobre el problema de la identidad del hombre y del bugeo. 

En esta ponencia englobamos bajo la designación "área huitoto" al conjunto de comunidades localizadas en la comisaria del Amazonas, entre los ríos Caquetá y Putumayo, al este del río Caguán. Se trata de un grupo lingüisticamente heterogéneo (huitoto, andoque, bora, etc.), aunque comparte un modelo de organización social relativamente uniforme. 

Los indígenas de la región vivían tradicionalmente en malocas; tenian un sistema de filiación patrilineal y una forma de residencia patrilocal. El sistema económico tradicional se basa, fundamentalmente, en la agricultura de roza y quema itinerante, así como en la caza, la pesca y la recolección. 

Durante los siglos XVIII y XIX, la región fue visitada periódicamente por traficantes portugueses de esclavos que se aprovisionaban de indígenas, ya sea mediante prácticas de rescate o, simplemente por mecanismos violentos. No obstante, todavía a principios del presente siglo la región constituía una verdadera región de refugio, cuya población se estimaba entre 50.000 y 100.000 habitantes. A finales del siglo pasado, se presentó un proceso de penetración de caucheros colombianos en la zona, los cuales sometieron a la casi totalidad de las comunidades nativas. Empero, unos pocos años más tarde, la compañía cauchera peruana Casa Arana se apoderó del territorio y sus gentes, desencadenando un verdadero holocausto y provocando la extinción y desaparición de miles de indígenas.

 

Cartel de la Galería Beyeler Basel, 1983, reproduce una obra de Fernando Botero (Colección Biblioteca Luis-Angel Arango).

 

Con la retirada forzada de la Casa Arana de la región —como consecuencia de la guerra colombo-peruana— los sobrevivientes iniciaron diversos procesos de reconstrucción étnica, a partir de los cuales se organizaron las actuales comunidades nativas. Estas se encuentran en diversos grados de aculturación, aunque en la actualidad tienden a reafirmar su identidad étnica, y poseen variadas modalidades de integración a la economía de mercado. 

 

EL BUGEO COMO VIVIENTE DEL AGUA 

Los grupos nativos del "área huitoto" clasifican al delfín como perteneciente a la categoría "viviente del agua", junto con los peces y ciertas anacondas. Para los andoques, el bugeo es una clase de anaconda de agua en oposición a las boas de tierra y aun de aire (1) .

La categoría ‘boa’ incluye, además, las rayas, los caimanes y babillas del río Caquetá. De acuerdo con los andoques, el delfín preside el mundo de los peces con el nombre de amanah p; se le define como "papá de los pescados", aunque se estima que es un voraz comedor de peces, incluida la babilla. Al contrario de la boa común, los delfines recorren en pareja los ríos y no poseen un carácter necesariamente nocturno. Se considera que anatómicamente son semejantes a los humanos, especialmente en su morfología y bimorfismo sexual. En oposición a las boas —que son definidas como feas y repulsivas—, los bugeos pueden ser "bonitos", pero especialmente peligrosos (en particular el bugeo colorado). 

No obstante, al delfín no se le mata ni consume por ningún motivo. Cuando aparece un bugeo, los hombres deben proceder a "espantarlo", sin causarle herida alguna (aunque se considera de mal agüero toparse con el delfín rojo). 

Los huitotos asocian, igualmente, el bugeo al mundo de los peces. De acuerdo con Blanca de Corredor, los bugeos pertenecen al mundo de Chamuniai, junto con las boas, peces, "sirenas" y otros personajes. En otros relatos huitotos, los bugeos nacen a la par que los peces y otros animales semiacuáticos. 

Para Eudosio Becerra (indígena huitoto del Caraparaná), el bugeo es como un pez o, más exactamente, la "madre de los peces"; se considera, así mismo, que es el amo de los peces, ya que estos perduran donde él se encuentra o no le tienen temor alguno. Los huitotos designan al bugeo, también, con el nombre de /amana/, y distinguen, en particular, tres clases: 

1. /hiaimana/ ‘delfín rosado’.

2. /hitumana/ ‘delfín cenizoso’.

3. /ustemana/ ‘delfín blanco’.

Desde el punto de vista formal, se hace resaltar, así mismo, su gran parecido con el cuerpo humano. La hembra tiene los senos y el sexo similares a los de una mujer; el pene del macho se asemeja al ciei hombre, aunque se encuentra "guardado como el de una bestia". En la cabeza poseen un orificio (respiratorio) que cubren, cuando adoptan la figura humana, con un sombrero. Durante el parto, el delfín "sale de cola" y el llanto de la cría es idéntico al de una criatura humana. 

Los delfines, por otra parte, difieren en cuanto a peligrosidad y tamaño. Se considera que el delfín blanco es más pequeño y de menos riesgo. En contraste, el cetáceo rosado causa frecuentemente enfermedades, "enamora" a las mujeres y hombres y adopta una actitud agresiva. A los niños andoques se les enseña que deben rehuir a los delfines. Estos recorren los caminos y aparecen en forma de bellas mujeres que seducen a los incautos; cuando alguien cae víctima de esta brujería, el bugeo se lo lleva para su morada. Los muertos se transforman en delfines y habitan en la laguna de /emanapeka/ (una maloca-bugeo localizada en la zona del río Mesai, afluente del río Yarí). 

Toda persona de la región —blanca, mestiza o indígena— sabe que si se mira a través del ojo del delfín se visualiza la mujer amada; y, además, ésta queda irremediablemente atrapada. Aunque es necesario guardar ciertas dietas —abstenerse de comer cierta clase de pescado (osade), ají, guacamayo, etc.—, el esfuerzo queda plenamente recompensado, y casos se han visto de numerosos "viejos" con un séquito de muchachas o mujeres jóvenes.   

[...] quién lo utiliza [al espíritu bugeo, según la antropóloga Blanca de Corredor], se siente siempre acompañado por él: si es un hombre lo acompaña en figura de mujer como sombra; si es mujer quien lo utiliza, la acompaña en figura de hombre; los acompaña asistiendo a todos los bailes rituales, pero se sabe que es bugeo porque llega tarde, casi siempre en la noche: lleva una especie de sombrero que son los pescaditos que siempre lo acompañan; al tocarlo es muy feo, encanta y se lleva a la persona que le gusta [Corredor, 1986, 239].    

Los muinanes de Sabana sostienen que toda la zona entre los ríos Quinché y Araracuara estaba llena de bugeos, y que como consecuencia de su brujería se acabó toda la gene. En los tiempos modernos, numerosas mujeres han sido sus víctimas, y aún hoy en día los delfines silban en los puertos de los diferentes caseríos para llamar y atraer a las mujeres. 

 

LA PASIÓN DE LAS MUJERES   

Los andoques y otros grupos de la región acusan al bugeo de copular con las mujeres, ya sea tomando la figura del marido o del amante o, simplemente, llamándolas desde el puerto. Esto le ha ganado el nombre de be ^ k 2 (2) , una palabra que denota excitación sexual y que prosaicamente algunos traducen como arrecho (o íncubo, o sea ‘que tiene relaciones permanentemente con las mujeres’). 

Como consecuencia de ello, la mujer se enferma, experimentando diversos síntomas psicosomáticos. Una mujer andoque afectada por este "síndrome" padecía una profunda depresión, cansancio, sueños eróticos, dolor en ciertas articulaciones y, sobre todo, creía y sentía llevar en su vientre una criatura-bugeo. Cuando consultó al médico de Araracuara, sus temores se acrecentaron, ya que éste le diagnosticó un embarazo, y de nada valían los calmantes y otros fármacos que le recetó para aliviarla. 

Los andoques llaman /tinnji/ la enfermedad de los bugeos. Durante la misma, el bugeo se transforma, además, en ciertas boas (t ^ p ^ y nosikoih ^ p ^ ) (3) que se enrollan en las piernas y en los brazos de la víctima. La boa se enrolla —en un principio— en la parte inferior de la pierna, abajo de la rodilla, y posteriormente asciende por la pierna hasta llegar a la pelvis. Igualmente ocurre con los brazos. Durante este proceso, el cuerpo se enfría progresivamente; cuando este "frío" se encuentra a la altura del estómago, la persona fallece. La enfermedad del bugeo es, entonces, una "enfermedad fría" y en ciertos casos presenta, además, algunos síntomas de gripe.

Pero no siempre el bugeo actúa de manera solitaria. Algunas veces ascendían lanchas o embarcaciones de bugeos transitando por los diversos ríos. En este caso, los delfines cantaban, provocando gripe y fiebre —algo que se explica, ya que el bugeo es "mocoso y bota gripa"—. Así mismo, las casas de los bugeos (los raudales) son sitios propicios para contraer y propagar esta enfermedad. El raudal de La Pedrera es particularmente famoso a este respecto. 

Los andoques consideran que el crepúsculo —o, como ellos y nosotros lo llamamos, el "sol de los venados"— es una hora propicia para el contagio de la enfermedad del bugeo —o también de la danta—; la luz de esta hora de la tarde se asocia a dichos personajes ("es la luz de ellos"). 

Un caso típico de la acción del bugeo es el siguiente: Cuando un hombre se fue de pesca, otro individuo llegó a su casa y estuvo con su mujer. Al regresar el pescador, éste le pide a su mujer que prepare el pescado, pero ella le replica que se siente enferma; le comenta que ya él había venido antes, sin pescado alguno, pero que habían estado amándose (para sorpresa del pescador). 

Desde entonces las cosas fueron de mal en peor. Cuando su marido se ausentaba, los hombres la visitaban, hacían "uso de ella", sin que nada pudiera evitarlo, como si su voluntad se hubiese paralizado. Cuando se llega a este estado de cosas la situación es, indudablemente, grave, casi mortal. 

Los bugeos se adueñan de la mujer —o de las mujeres, cuando ocurre colectivamente— provocando su muerte, ya que generalmente los curanderos son incapaces de controlarlos. Probablemente podría encontrarse alguna solución, pero sin duda no resulta fácil que una mujer cuente a su marido que un amante la visita, porque esto le crearía más dificultades. Además, ¿cómo estar seguro de si en verdad se trata de un bugeo? 

Cuando un curandero asume la tarea de espantar al bugeo, debe recluir a la mujer en la maloca y evitar a todo trance que salga. Ella oye con frecuencia voces externas, y ansiosa corre a encontrarlas. Entonces, el curandero debe prohibirle salir, o debe, si esto no es posible, seguirla y vigilarla para que, en caso de un encuentro con su amante, les dé vergüenza seguir adelante.

El siguiente testimonio da cuenta de algunos aspectos de la acción del bugeo, en este contexto de la "enfermedad del venado", cuando se aproxima el parto de un pequeño monstruo-bugeo. 

"Mi mamá tenía enfermedad del venado; pero mi mamá ya casi se muere; ella se privaba día por día; tenía la barriga como interesante, grande; y le andaba esa criatura; y ella decía que sí era criatura, pero no era criatura [...] 

Entonces el capitán [jefe nativo] le dijo: —¡Haga baile, si quiere que se salve su señora, haga baile! 

Nos tocó rallar yuca a mi hermana y a mi; cuando éramos pequeñas, las dositas; sacar almidón, así sacamos: cuando ya teníamos un canastico ahí nos llegó mi hermana allá de la Sabana [del Cahuinarí]. Ella nos ayudó a sacar y se hizo baile.

En ese baile, más le dolía el estómago; como ya para dar a luz. 

Entonces ella me dijo: 

—Yo no sé qué me va a pasar; me duele el estómago; vaya dígale a su papá que yo ya voy a dar a luz. Entonces yo fui donde mi papá, y le dije: 

—Papá, que mi mamá ya va a dar a luz, porque le duele mucho el estómago. 

Entonces él le dijo al capitán Jiñeko. Este dijo: 

—Eso no es criatura. Eso no es criatura. Por eso hicimos este baile. ¡Deje que lo bote! 

El conjuró agua y le dio a ella. Como a las cinco de la mañana, ya se revolcaba bien. Papá la sacó así afuera, y ella se fue así a sentar cuando salió. 

Era la criatura esa de enfermedad. 

Salió una cosa sí, sangre cuajada, como caucho. 

—¿Pero esto qué es? Esto no es criatura. ¿ Qué será lo que me pasó, entonces? 

Quedó vacía la barriga. 

Así le tuvieron que pagar.

Ella decía que ella veía gente, que venía en forma de persona donde ella. Ella no podía salir afuera porque ella veía gente. 

Pero en otros casos, la mujer muere; entonces se desinfia y se "pega la barriga ".

 

A la estatua del Libertador (En la Plaza Mayor de Bogotá), pintura al temple sobre carbón, Sergio Trujillo Magnenat, 1980 (Colección Biblioteca Luis-Angel Arango). 

 

 

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* Parte de los datos etnográficos andoques sobre el bugeo fueron recopilados conjuntamente con el doctor Jon Landaburu en una estada de campo en la comunidad andoque del río Aduche, en 1984. Una porción considerable sobre el bugeo huitoto fue obtenido mediante entrevistas efectuadas en Bogotá al señor Eudosio Becerra, de la comunidad de San Rafael del Encanto, en el río Caraparaná. Esta ponencia forma parte de un trabajo mayor que, bajo el título Capitalismo selvático y fábricas de mujeres bugeos y hombres dantas, fue elaborado en 1987 con el patrocinio del comité de investigaciones de la facultad de humanidades y ciencias sociales de la Universidad de los Andes. (Regresar a *) 

(1)  Los andoques distinguen diversos tipos de boa:

A) Boa de agua:
 
1 /padeta/ ‘palo charapa’
 
2 /oeh^p/ ‘boa colorada’
 
3 /paita/ ‘boa pezomima’
B) Boa de tierra:
 
1 /toitp/ ‘boa de lo seco’
 
2 /cehthp ‘boa palo pájaro picón’ (ésta vive en los árboles).

Se piensa que las boas tienen habitualmente un carácter nocturno: son solitarias y no comestibles. La boa —si se mata— puede provocar enfermedades e incluso llega a brujear mortalmente a la persona o a sus familiares. (Regresar a 1)

(2) be^kyh^p: ‘hacer uso’. (Regresar a 2)

(3)   tih^p^: nosik oih^p^: ‘boa’. (Regresar a 3)