Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 29, Volumen XXIX, 1992

Venga, le cuento...


Con sabor a fierro y otros cuentos
Mario Escobar Velásquez
Biblioteca Pública Piloto de Medellín-Colcultura,
Medellín, 1991, 179 págs.

Con sabor a fierro y otros cuentos es libro para leer poco a poco, disfrutando el juego de la lectura lenta que permite la sorpresa. Tiene cuentos, como ¿ Qué es un siglo, patrón?, que se dejan mascullar durante la duermevela, imaginando colores y humores; otros, en cambio, son relatos que quitan el sueño y nos reafirman la realidad, de este país (Pagando el pato).

Las descripciones y la narración de sucesos y acontecimientos son sugestivas e insinuantes; sin embargo, siempre queda al lector la posibilidad de imaginar algo más de los paisajes y los tiempos pasados o futuros de esas vidas a las que el autor le asoma.

De los once cuentos que componen este volumen, uno transcurre en lejanas tierras de la mitología cristiana (El de Kerioth) y otro en el maravilloso mundo del ensueño (Las causas del llanto). Los demás están impregnados de la humedad del trópico en el que continuamente nos sorprendemos entre los matices de la belleza y el terror: Con sabor a fierro, Cómo degollar a uno, El precavido, De la raza de Caín, Molondrerías, Violeta, Gato, ¿ Qué es un siglo, patrón?, Pagando el pato.

El autor lleva a sus lectores a pasear por multiplicidad de paisajes con las trazas crueles de lo humano: intrincadas selvas llenas de mosquitos y pobladas con seres misteriosos, rudos, sensuales. Grandes ríos que llevan y traen gentes, plátanos, basuras, olores, muertos, y son testigos pasajeros de amores y desgracias; con su paso contagian la alegría del agua que corre y, como en las mitologías aborígenes, son camino a otros mundos. Potreros domesticados a punta de balas y hachas. Tranquilos o violentos pueblos provincianos donde se chismosea mientras corre el polvo. Ciudades con cuarteles de pisos fríos y hombres duros; estancias sórdidas para encuentros prohibidos; inquilinatos derruidos y calles sucias para recreo de ratas furiosas.

Pero la invitación también es para transitar espacios y tiempos íntimos de personajes diversos que pueden ser fantasmales, humanos y animales. Espantos seductores deseosos de compañía. Mujeres comunes de manos y pies curtidos que para cocinar juntan leña y acarrean agua; sufridas pero duras para aguantar la vida, el amor, la fatalidad, la soledad y la muerte. Hombres trabajadores que se rompen el espinazo deseando pequeños lujos y grandes borracheras para después seguir la rutina agotadora. Gentes que matan o se dejan matar por cansancio o para no dejarse carcomer por la humillación y el orgullo ofendido. Solitarios y tímidos aceptando sus deseos de devenir mujer o animal. Intelectuales que temen al padre y abandonan sus convicciones antes que la comodidad del miedo y de la aceptación social. Militares que pueden ser de uno u otro bando pero, al fin y al cabo, crueles y tiesos como sus armas. Animales domésticos salvajeados por el instinto y el apego a la vida. En fin, una gama de personajes que nos revuelven deseos, temores, repugnancias, afinidades, perversiones, haciéndonos compañía mientras leemos el relato y después cada vez que reaparecen en la cotidianidad.

El hecho de que paisajes y personajes sean tan cercanos al mundo en que vivimos, con su crudeza, veracidad o delicadeza, no implica que los cuentos de Mario Escobar Velásquez sean copia de ninguna realidad. Más bien, personajes y paisajes parecen haber tomado por opción de vida el transportarse a la eternidad a la que da lugar el texto a través de la habilidad del escritor.

En los diálogos, reflexiones, descripciones, el autor logra crear visiones del mundo pero siempre deja abierta la puerta de lo no dicho; espacios para adivinar y sentir intenciones, placeres, afectos, pesares... En esta escritura aparecen afirmaciones en las que se percibe la expresión del que vive con intensidad a cada instante: "Un alma sensible significa dolores de más, propios y ajenos. Un alma muy mucho sensibe significa que la belleza duele hasta el paroxismo, y que los demás no la entienden. Un alma muy mucho sensible significa agregar soledad a soledades porque es distinta a las demás. Entre los dueños de esa alma y los dueños y dueñas de otras almas no tan sensibles hay diferencias de lenguajes y de tiempos y de modos: esas sensibilidades tan agudas separan, no por culpa del sensible precisamente, no por culpa de los otros, exactamente. Separan porque son diferentes" (pág. 14).

La lectura y la escritura aparecen insistentemente como fuentes de fuerza para la vida en soledad. Una soledad obstinada que se le pega aún a los personajes que han logrado la delicia de compartir algún momento de sus vidas.

Con la lectura de estos cuentos, donde se reúnen las pasiones humanas en encuentros de tiempos distantes y conexiones diversas, se siente un sabor amargo pero también aparece una sonrisa melancólica al reconocer en este mapa hablado las marcas de la belleza terrible de un mundo en el que estamos y muchas veces no vemos.

 

ANAMARÍA OSPINA B.