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Diploma
de primera clase para la agricultura, otorgado a A.
& T. Meluk, casa Jlindada en 1894 por Amin Meluk y Tufik Meluk en
Cartagena (Tomado de: El libro azul de Colombia).
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Aviso
de prensa publicado en El Porvenir de Cartagena, ello, de julio de 1921.
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Aunque en 1919 La República anunciaba en
Barranquilla la presencia de una partida de hombres de sotana que
dicen llamarse sirios
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, las típicas indumentarias del
Medio Oriente fueron más bien escasas, y pronto desaparecieron del vestuario
sirio-libanés. El aprendizaje del castellano fue un medio fundamental de supervivencia. Y
si en los padres podía descubrirse el acento extranjero que servía para identificarlos y
hasta para hacer mofa de su origen, el árabe había sido generalmente abandonado por los
hijos, muchos de ellos nacidos de matrimonios mixtos. Por lo menos uno de cada seis de los
padres de familia árabes registrados en la guía de Mattar, en 1945, estaba casado con
colombiana.
Otras
circunstancias, además, sirvieron para asimilar culturalmente a un grupo humano que en
principio estaba tan lejos de América. La religión, por ejemplo, no fue mayor
obstáculo. Cristianos maronitas, en su gran mayoría, los sirio-libaneses encontraron en
el catolicismo una religión afín a sus creencias. Así mismo, algunas similitudes en la
estructura familiar, e inclusive en la geografía, sirvieron para reducir las distancias
culturales.
Una vez iniciado el proceso de inmigración, el
tránsito de los sirio-libaneses a Colombia se facilitaba por la existencia de red de
parientes y amigos. A través de estos lazos
de fraternidad, por ejemplo, Elías Saer Kayata encontró inmediata hospitalidad y
trabajo. Tras su llegada a Barranquilla, en 1924, la ayuda de un policía le condujo al
almacén del inmigrante palestino Elías Muvdi, quien, a su turno, lo llevó al hotel
Victoria, de propiedad de un árabe de apellido Chamie"
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Al día siguiente, Saer Kayata tomó el vapor que
lo llevó hasta Calamar, donde le esperaba su pariente Bechara Saker, quien le acompañó
mientras tomaba el tren hacia Cartagena. En Cartagena se alojó en casa de la familia
Chagui, y de allí siguió hasta Cereté, donde permaneció tres meses en casa de una tía
antes de abrir el almacén en Ciénaga de Oro.
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Almacén
Félix Chamié de Damasco, Siria, quien se estableció en Ocaña desde
1906
(Tomado de: El libro azul de Colombia).
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En todos esos pueblos en que viajé
encontré paisanos, recordaría Jorge Baladí años más tarde, mientras rememoraba
sus correrías por Colombia tratando de vender los productos de la fábrica de
confecciones de la familia
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.A las redes de parientes y de paisanos
sucedieron organizaciones más formales, instituidas con el objeto de defender los
intereses de la colonia siria y fomentar la mutua ayuda de los miembros
asociados. Así se establecieron, entre otras, la Sociedad Siria de Beneficencia de El
Banco (1929) la Unión Libanesa de Beneficencia en Barranquilla (1934) y la Unión
Libanesa-Siria en Cali (1935)
36.
El
fenómeno de la inmigración sirio-libanesa coincidió en su apogeo con un período de
extraordinario crecimiento de la economía mundial, del cual se benefició también la
economía colombiana. La expansión de las exportaciones de café, y en menor medida de
las exportaciones de banano y petróleo, ofreció enormes oportunidades a la economía
nacional. A la reactivación del comercio y de la agricultura, siguieron los primeros
ensayos de industrialización, la mejora en los transportes y una mayor integración del
mercado interno. Y en este proceso, los
sirio-libaneses representaron un papel instrumental de enorme significado.
La maleta llena de mercancías, que, segun Héctor
Rojas Herazo, se identificaba con la historia viviente del libanés
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,muy pronto le dio paso al almacén. Tanto en sus actividades de buhoneros
como de mercaderes establecidos, los sirio-libaneses se destacaron entre las principales
ruedas del comercio colombiano
que exploraban basta los más recónditos
mercados de la geografía nacional. Un mapa que localizara las redes comerciales de los
sirio-libaneses destacaría su presencia no sólo en los puertos de la principal arteria
del país de la época, el río Magdalena, sino también en otras rutas de menor
importancia, como el Atrato o el San Jorge, así como en los emergentes centros
comerciales de la frontera llanera. En todos los casos, los sirio-libaneses comerciaban
con una variedad enorme de productos. El caso de J. Abisambra es quizá típico. Desde
Ayapel, Abisambra se dedicaba a la venta permanente de mercancías, drogas,
ferretería, artículos de escritorio y granos del país, a la compra
permanente de ganado de toda clase y de todas las edades, y de arroz trillado
y en blanco, maíz, manteca, y madera aserrada
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Pareja
árabe en ambiente familiar típicamente árabe, en la costa Atlántica en 1933
(Colección privada).
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En su papel de prestamistas, los sirio-libaneses
contribuyeron además a la expansión del mercado en unas dimensiones que merecerían un
tratamiento más exhaustivo que el que permite este breve ensayo. Las ventas a plazos y la
popularización del crédito no sólo significaron una revolución en los
métodos comerciales, sino que estimularon el crecimiento del consumo. En este sentido,
sus prácticas no parecen haber diferido mucho de las introducidas contemporáneamente
por los inmigrantes judíos descritas por Simón Guberek o por Alberto Lleras, quien narra
cómo, gracias a los llamados plazos polacos, el pueblo bogotano pudo comenzar a calzarse
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Aunque
el comercio tendía a ser la actividad que predominaba entre los inmigrantes
sirio-libaneses recién llegados a Colombia, hay que advertir que desde muy temprano se
destacaron también en casi todos los campos de la economía. A finales del siglo XIX, por
ejemplo, Salomón Abuchar poseía tierras baldías en la región del Atrato, donde se
dedicó, entre otras actividades, a la explotación del caucho. Años más tarde, los
Abuchar hacían sociedad con miembros de la familia Meluk, con el fin de explotar una
plantación de caña de azúcar. Más prominente aún parece ser la presencia de los
sirio-libaneses en el emergente sector industrial de algunas regiones del país: bolsas de
papel, artículos de cuero, textiles y jabón eran algunos de los bienes producidos en sus
fábricas en Barranquilla, Cartagena y Ciénaga en los decenios de 1930 y 1940.
CONTINUAR
33 La República, Barranquilla, 15 de enero de 1919.
(regresar33)
34
Breve
historia del emigrante árabe Elias Saer Kayata.
(regresar34)
35 En Experiencias de tres árabes en Colornbia.
(regresar35)
36 Los estatutos de estas entidades se encuentran en el A.N.C.,
Ministerio de Gobierno, Sección 4a., Justicia (17), 1929/243; (30), 1934/289-306; y (34)
1935/0311.
(regresar36)
37
Héctor Rojas Herazo, Respirando el verano, pág. 43, citado por 1.
Garcia lista, 100 años buscando por la segunda patria, en El UniverSal,
Cartagena, 20 de mayo de1984.
(regresar37)
38
Alef,
Santa Maña (8-10), enero-marro de 1939, pág. 12.
(regresar38)
39 Véase Alberto Lleras, Mi gente, Bogotá,
1976, págs. 120-121, y Simón Ouberek, Yo vi crecer
un país, Bogotá, 1987, vol. 1, págs. 39-45. Lamentablemente, no costa¡nos con
descripciones similares para la INmgracton sirio-libanesa. (regresar39)