|
Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
29, Volumen XXIX, 1992
Los nombres de nadie
Luna de ciegos. Poemas
Juan Manuel Roca
Editorial Universidad de Antioquia, Medellín,
1991, 267 págs.
¿Cómo acercarse a un
agua con tantas orillas? ¿Cómo develar los nombres múltiples de nadie? Nadie, palabra
clave para analizar la poesía de Roca. Poesía nocturna y visceral en la que el poeta es
"los otros" nombres dichos a veces, a veces tácitos para un rastreador avisado,
y en ocasiones desconocidos. En otras palabras, ¿cómo identificar las influencias en un
poeta que ha asimilado a fondo la poesía que lo influyó? Dejemos esa tarea a los
sabuesos de la crítica.
Nadie, objeto a veces del
poema; sujeto de la acción poética, en otras. La sintaxis del francés se deja sentir:
"Nadie no se ocupa de mostrarse" (Nadie, pág. 28), es "Alguien
[que] hace el cambio de agujas en el muelle...", sujeto fantasma que se transparenta
accionando para que el poeta participe de su acción, para quedarse por siempre en la
estancia del poema (Trenes, pág. 39). Nadie es la extrañeza misma, la cualidad
que permite al oficiante del sueño, al poeta, penetrar al territorio vedado de lo
invisible: "...la certeza de que alguien camina a nuestro lado..." (Como
bellas mujeres, pág. 40). A veces "Nadie" quiere insinuarse, tomar figura,
pero apenas se deja notar, es "...ese mensajero que venía en bicicleta/traía el
papel que anunciaba la matanza" . .."Alguien dijo: Nuestro país se
desangra..." (Mis deudos jugaban con un violín prestado, pág. 47) y si en
ocasiones parece ser identificable con el fantasma inocuo o la presencia indefinible, en
otras es amenaza, supuesta prolongación del miedo que fluye en el poema: "Alguien
llega./Pienso que viene por mis manos" (poema citado).
Siguiendo ese rastro
singular nos hallamos con que tal presencia no es nadie más que el poeta mismo:
"...el que me habita me persigue por estosparajes yo estoy lejano buscando un cuerpo
que invadir ..." miren: el que pisa mis talones [es también] el que se asoma a
mis ojos para mirar el agua rota...", "...el chapucero que habla por mi boca/el
sigiloso que toca mi hombro y se esfuma entre albañales /me jala de un brazo: /me lleva a
contemplar espejos negros" (Bosque de lenguas, pág. 65). Ese alguien
se erige en anunciador de lo nefasto (papel que se reitera a lo largo de toda la obra), es
la voz que advierte sobre lo que ocurriría "si [otro] alguien encontrara/una aguja
en el pajar/podría morir la costurera.., si alguien cortara /el hilo de su sueño/
...dará un tajo a su cabeza... / quedan advertidos" (Anuncio). De muchos
modos, el poeta, so pretexto cualquiera, "es todos", se configura como esencia
total y esta esencia se prolonga a todos los sujetos, a todas las personas gramaticales.
En Sueño (pág. 81) este alguien nadie es "aquel amante.../ aquel
hidrólatra. . amaneció rodeado de peces/ sus ojos sin color/ blanca la córnea/".
Este "aquel" ha muerto, empero que... "no sé quién es/ aunque al pasar
por un espejo/ crea reconocerlo". El recurso del sueño, utilizado en toda la obra,
permite que ese "aquel" no haya muerto y devenga o sea el autor mismo. Dentro
del fenómeno que constituye esta identificación múltiple, lo fantasmal desempeña un
papel preponderante, el fantasma es una de las tantas extensiones del poeta. Ello se
vuelve evidente en el poema Lapsus linguae: "Mis fantasmas.. ./ me recuerdan..
./ porque yo puedo ser el guerrero.../ o sus caballoa/ o el imprudente.../ el rey de los
tuertos, el sonámbulo/ ...yo puedo ser el cazador.../ el que enciende una lámpara.../ el
domador de sus silencioa/ el lapsus linguae de los que verdaderamente soy" (págs. 84-85).
Por una suerte de inversión aparece la extraña conciencia, esa conciencia de la que
cualquier poeta ha sido preso, que lo sobrecoge y de la que tantos testimonios dan fe, esa
de sucumbir al trance, la de ser poseído por una fuerza exterior, la de obedecer para que
"lo otro" hable, ese extraño fantasma; (Fabulario real, pág. 120),
"Ahora logro estos/ paisajes gracias al fantasma agazapado a mis espaldas, al que
escribe/ por mí, al desconocido que habla por mi boca". Esa conciencia extraña de
ser el alter, hito ubicuo, persona personne, en la que lo que separa y extraña
identifica (por paradójico que sea) al que escribe con los demás; en Carta del
ausente se reitera: "...siempre habrá un ausente en mi pellejo] un ausente que
convive con mis pasos..." (pág. 131). Botellas de náufrago es uno de los
poemas en que esa otredad se hace más patente manifestándose a la manera existencialista
como un extrañamiento de ser (una identidad), perplejidad de ser un pellejo determinado,
situación que se repite en poemas como Furor y delirio, Crónica del habitante,
Parábola del cuerpo y el deseo y que parece rematar con el poema final, Arenga del
cuerpo, donde el poeta se siente invadido por sí mismo.
En Luna negra de 1930,
Nadie, como identidad del poeta, se ve llevado a una propuesta extrema y en inversión
de la propuesta "todo ser es idéntico a si mismo" aquí se diría "nadie
es idéntico a todo ser" y el poeta habla desde la perspectiva de la nada
anteprenatal. De paso anotamos que este poema, precisamente por obra de un singular azar,
se trunca zambulléndose en la página 129 y reaparece en la 132, tal vez uno de los
excepcionales errores de esta buena edición. Nadie reaparece insistentemente (Penélope
y el olvido, pág. 211) o asume los papeles, alternativamente, del poeta
mismo
en primera persona o la primera persona de muchos (por ejemplo, los Monólogos en
los que este "Ciudadano de la noche" se transforma en afilador, volatinero,
gitana, bailarina, sastre, solitario, aprendiz de cazador, etc.) para que
"Nadie" se haga "tan Nadie" que termine por ser todos los
"Alguien" que son, llegando el poeta, a través del laberinto del yo-nadie a
sufrir una metamorfosis a cuyo término debiera conocer una identificación cuántica con
el universo mismo (consciente de ello o no), con esa realidad ilusoria donde quizá no
somos más que "...el eco de un fantasma" (Boca de luz,, pág. 250) que
habita todo el libro y que como obsesión del poeta llega a poseer su propia y Breve
historia de Nadie en que... "es un eterno personaje, un fantasma en los valles
del poema" (pág. 253).
Desde esta mirada,
donde Nadie se manifestaría como esencia cuántica, es en el poema Naturaleza muerta: "me
pregunto qué trozo soy del paisaje" (pág. 262).
La poesía de Juan Manuel
Roca, una de las más definidas y conocidas de los últimos decenios, se caracteriza, así
mismo, por buscar resueltamente la alquimia verbal, por retomar el lenguaje popular y
convertirlo en lenguaje poético, razón interna para que haya adquirido una popularidad
única y sea gustada por toda clase de lectores, amén del hecho de que dentro de la
temática universal que encierra su ¡producción esté incluida una visión
contemporánea de nuestro país, de su problemática y de todo lo que atañe al hombre
común, no intelectual, el que sufre y se agita en el sangriento hervor de nuestra
violenta época. Sin embargo, podríamos afirmar que tal característica se puede
considerar una fuerza débil, pues siendo testimonial se constituye igualmente en un
factor temporal cuya vigencia está por verse en el contexto de un largo plazo. El gusto
por disecar la palabra es una yeta que provee al poeta de la posibilidad de derivar de un
término todo un contexto, nuevas imágenes (insospechadas), nuevos significados, incluso
metáforas. Todo ello hace del poeta un artífice singular, recursivo hasta límites donde
se desdibuja para penetrar en otros territorios y convertir signos y voces ajenas en
materia de su propia y singular poética.
RAFAEL
PATIÑO
GÓEZ
|